Ni todos Barcelona, ni todos España

Tras los terribles atentados vividos en Cataluña, en las redes sociales, incluso alrededor de las personas a pie de calle, se ha generado un sentimiento generalizado de unidad. Bajo premisas como “Todos somos Barcelona”, imitando eslóganes ya utilizados en otros atentados europeos -fuera del Viejo Continente, esa unidad se diluye-, la gente ha hecho piña, se ha manifestado, ha guardado minutos de silencio y se ha entregado al clic de ratón con más compulsión de la habitual.

Esta unidad, sin embargo, no es más que un efecto óptico. No existe tal unidad, más allá del efecto embriagador y contagioso que tienen unos asesinatos particulares. Ni siquiera entraré en la ausencia de un lenguaje inclusivo que, con ese “todos”, aparta a un lado a las mujeres, ni siquiera ahondaré en cómo Barcelona despierta esa unidad pero no sucede lo mismo con Nigeria, Somalia, Siria o Afganistán. No.

Todo es producto de una ilusión óptica, de una miopía, sino ceguera colectiva, que nos impide ver lo que realmente sucede… o, simplemente, que ni siquiera lo queremos ver. ¿Qué sucederá mañana? Se lo diré yo: lo mismo que ayer, entendidos estos lapsos como el pasado y futuro generalizados. Mañana no es otro nombre de hoy, decía Galeano. Ojalá fuera así, pero dentro de unos días, quedará un recuerdo del atentado y las diferencias volverán a aparecer; incluso, es posible que el propio atentado sea utilizado para amplificar esas diferencias. La unidad no debería ser algo tan frágil, ni tan volátil… si lo es, quizás no es tal unidad.

Hoy no toca esta reflexión, pensarán muchas personas. ¿Y por qué no? ¿Porque el sentimiento de unidad se ha forjado en la fragua de unos asesinatos en los que igual podían haber muerto polític@s, obrer@s, empresari@s, desemplead@s…? Hay muchas maneras de asesinar. La pobreza se lleva por delante en España muchas más vidas de las que se apagaron en las Ramblas de Barcelona. Muchas más.

¿Cuántas personas han visto salir a la calle protestando contra eso? ¿Qué unidad recuerdan contra la precariedad, contra los abusos políticos y empresariales que masacran vidas humanas cada día? Si me apuran, si rascan bajo los asesinatos de violencia machista, ¿qué unidad se ha visto contra el machismo?

Así las cosas, lo que se vive estos días, ¿realmente es unidad o una suerte de estado narcótico bajo los efectos de la violencia brutal ante la que todavía no estamos tan inmunizados como lo estamos contra los otros tipo de violencia? No olvido los gestos de solidaridad vivimos en Barcelona, como no olvido los que viví en primera persona en los atentados del 11-M de Madrid… pero miren en qué quedó la unidad de aquellos días de marzo de 2004.

Antes de insultarme, antes de descalificarme porque este artículo pueda parecer insensible, inoportuno o vaya usted a saber qué adjetivo esgrimen contra mí, demuéstrenme que me equivoco. Denme una bofetada de realidad y prueben que dentro de un mes seguimos unid@s, continuamos siendo solidari@s con quienes, incluso, padecen una miseria que ni siquiera nos rozará nunca, que vamos tod@s a una contra todas esas clases de violencia, de asesinatos. Demuéstrenme que mañana no es otro nombre de hoy.