Los malos humos de Madrid, a ras de suelo

Madrid lleva siete días con medidas de restricción al tráfico por superar los niveles de contaminación.  El Ayuntamiento se ha visto obligado a ejecutar de nuevo estas medidas y, por ello, está siendo objeto de muchas críticas. Días en los que tendría que haberse experimentado una reducción notable del tráfico de entrada a la capital no se ha percibido ningún cambio. Da igual la espesa boina negra que se cierne sobre Madrid, los constantes mensajes medioambientales o la amenaza de multa: los malos humos de l@s habitantes de Madrid se encuentran a ras de suelo y no parten solo de los coches.

La tercera mayor causa de muerte en España son las enfermedades del sistema respiratorio: casi 112 muertes por cada 100.000 habitantes o, dicho de otro modo, más de 50.000 personas mueren por esta causa en nuestro país cada año. Sólo de 2014 a 2015 -últimos datos oficiales-, ¿saben cómo ha crecido esta cifra? Un 18,5%. En el periodo anterior, en cambio, el incremento ‘sólo’ se situaba en el 3%. Las otras dos primeras causas de muerte, las enfermedades del sistema circulatorio y los tumores crecieron un 5,8 y un 1%, respectivamente.

Estas cifras les pueden dar una idea del gravísimo problema al que nos enfrentamos. Sin embargo, seguimos con esa mirada cortoplacista que tanto reprochamos a nuestros gobernantes. Continuamos anteponiendo nuestra comodidad a nuestra propia salud y la de quienes nos rodean.

Me sorprende cómo ante un abanico de pruebas tan palpables, tan incontestables de que nos estamos autoliquidando, no reaccionamos; más bien al contrario, nos encaramos con quienes intentan paliar los efectos de la contaminación. Es obvio que a las medidas de restricciones al tráfico ha de acompañar un refuerzo y mejor disposición de los medios de transporte públicos y alternativos, pero no es menos cierto que el esfuerzo por respirar un aire mejor es colectivo, no es sólo responsabilidad de las Administraciones Públicas.

Cada una de esas personas que, pese a las restricciones y la posible sanción por incumplimiento, acude a Madrid en su vehículo particular sin haber intentado alternativas, sin plantearse siquiera compartir el trayecto con terceros, se convierte en cómplice y causa del asma de su hijo, de la bronquitis crónica de su pareja del enfisema que acabará con su vida.

Quienes ignoran el problema de la contaminación o le restan importancia, no sólo conducen su coche hacia el centro de Madrid, sino que también lo dirigen directamente a su propia muerte y a la de los suyos. ¿Saben qué es lo peor? Que esta afirmación podrían encuadrarse hace años en el marco de una campaña más o menos amarillista contra el cambio climático que entonces much@s cuestionaban. A día de hoy, llega tarde: ya hemos pagado varios peajes en dirección a esa muerte. 50.000 personas al año así lo atestiguan en España.