El nazismo es contagioso

El mapa del mundo

Tiene razón Putin cuando rechaza las versiones que culpan por partes iguales a la URSS y a la Alemania nazi del estallido de la Segunda Guerra Mundial. La agresión partió de la mente enfermiza de Hitler y sus seguidores fanáticos. Pero el primer ministro ruso se equivoca al negarse a pedir perdón por los crímenes cometidos a manos del régimen estalinista.

Esta actitud es propia de la guerra fría que no admitía borrones en la imagen heroica del Ejército Rojo. Al otro lado del telón de acero ocurría algo parecido. Durante años la historiografía oficial apenas admitía debates sobre la implicación de los ciudadanos de países que habían sufrido la agresión alemana. Con la caída del muro empezaron a desmoronarse algunas visiones distorsionadas. El escándalo Waldheim arrojó luz sobre el verdadero papel de los austríacos. Muchas ex repúblicas soviéticas hoy proclaman a colaboracionistas nazis como héroes de la liberación. Los alumnos franceses descubrieron que no todos sus abuelos habían luchado con De Gaulle.

Incluso en el Reino Unido, cuya resistencia sacrificada fue la piedra fundamental de la derrota del nazismo, hace años hubo una gran conmoción por un libro sobre la colaboración de los habitantes de las Islas del Canal, el único pedazo del país que fue ocupado por los nazis. Una prueba más de que la mayoría no tenemos el estómago para oponernos a la tiranía arriesgando la vida, como lo saben también los españoles que aguantaron el franquismo.

No se trata de relativizar. La culpa del mayor desastre de la humanidad lo tuvieron los millones de alemanes que apoyaban a Hitler y también aquellos que hacían la vista gorda. Pero el aniversario debe servir para recordar que el nazismo y la barbarie pueden resultar altamente contagiosos.

Thilo Schäfer