El palco de los negocios

jeriLuis Bárcenas está siendo tan fuerte que este lunes en su declaración en la Audiencia Nacional negó todo menos algunas cosas, que en eso Rajoy ha creado escuela. Existía en el PP una contabilidad B, o “extracontable” sí, pero por pura manía auditora, porque ni hubo financiación ilegal, ni él se llevó esa pasta a Suiza, ni se pagó a los proveedores con dinero negro ni las constructoras donaron al partido grandes cantidades a cambio de licitaciones públicas. A cuenta de esto último, el extesorero, que es tan golfo como listo y parece listísimo, dejó una pregunta en el aire de difícil respuesta: ¿Para qué iban algunos señores del ladrillo como Florentino Pérez o Villar Mir a tratar con él las adjudicaciones de obras existiendo el palco del Bernabéu? Hay que reconocer que es una pregunta muy interesante.

La mejor definición del lugar la hizo el difunto Jesús Gil, que lo comparó con las cacerías de Franco, en las que había que estar aunque no te gustase matar muflones. En el palco de Florentino hay que estar aunque odies el fútbol, que es por cierto lo que le pasaba a algunos exdirectivos como Juan Abelló, vicepresidente del club durante varios años, que era más de pegar tiros que de goles por la escuadra: “Mira Florentino –le dijo en una ocasión-, para mí los fines de semana son sagrados pero si logras que los partidos sean los lunes prometo no perderme ninguno”.

Florentino se inventó el palco por dos razones. La primera es que el de ACS tiene la caza muy aborrecida, pese a que sigue siendo, como con Franco, el sitio perfecto para que las grandes escopetas nacionales hagan sus business; la segunda era operativa. Tener en un mismo sitio al rey emérito antes de que lo fuera, al presidente y a sus ministros, a políticos de la oposición, banqueros, concejales de Urbanismo y periodistas le ahorraba mucho del tiempo que antes consumía en llamadas de móvil, aunque eso implicara para Pérez no santificar las fiestas y trabajar también los fines de semana.

Como se ha dicho, por el santuario de las influencias del constructor pasa todo el que pueda reportarle beneficios. De atender sus necesidades y hasta de su ubicación en el palco se ocupa personalmente Florentino, que como anfitrión es impagable. Repasar la lista de invitados es un ritual que el “ser superior” ha mantenido inalterable a lo largo de los años. A cada uno de ellos les dedica unas palabras y si la ocasión lo merece les acompaña personalmente al vestuario al final del partido para que se hagan fotos con los gladiadores del balón, que para eso se gastó una fortuna en cambiar el palco de ubicación y montar allí el ascensor de los selfies.

Todos se sienten importantísimos, fundamentalmente los chicos de la izquierda, a los que codearse con el poder les pone mucho, casi tanto como la barra libre y el jamón de pata negra. Allí tuvieron asiento reservado sindicalistas y miembros de IU, que no es que te adjudiquen una terminal de aeropuerto pero recogen firmas de socios para las elecciones con mucho ahínco y hasta te pueden recalificar una ciudad deportiva que te mete en la buchaca 500 millones de euros en un descuido. No hay influyente pequeño.

En esos quince minutos del descanso se suele cortar el bacalao. Copa en mano, se compra, se vende, se inician los contactos y se intercambian los números de teléfono. En los tiempos en los que se sentaban en la directiva otros constructores como Del Rivero, el de Sacyr, o promotores como Fernando Martín, aquello debía parecer un zoco árabe, al que ocasionalmente acudía el jefe del Estado puro en ristre a probar el pescado en salazón y sus réditos, que nunca fueron pocos.

La crisis ha modificado algunas circunstancias. En la directiva dejaron de sentarse algunos competidores directos de Florentino, que si eso ya iba él, y la nueva izquierda se hizo vegana. Ausente el nuevo rey hasta que el conseguidor logre que se borre del Atlético, sólo el PP mantuvo la posición y sus butacas calefactadas. Si alguien imagina que el gran Florentino ha evitado mencionar a los gerifaltes populares sus problemas con el Castor –ese almacén sísmico por el que ya ha sido generosamente indemnizado- o con el quebrado túnel con Francia es que está hecho de la misma madera que Julio Verne.

Volviendo al extesorero y a su pregunta. ¿Por qué iban a tratar con Bárcenas o con Don Vito esos constructores amantes del fútbol esos lucrativos intercambios de donaciones por obras? Pues porque para hacer los mandados siempre se necesita al chico de los recados, pese al peligro de que se quede con las vueltas y te abra cuentas en Suiza.