Moción a ninguna parte

07 Jun 2017
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La encuesta de mayo del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) ha arrojado que la preocupación de los españoles se ha disparado 12 puntos. El ‘caso Lezo’, que ha llevado al talego al ex presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, y ha sembrado serias dudas sobre el funcionamiento de la Justicia, tiene la culpa de este importante incremento.

Sin embargo, el PP continúa siendo la primera fuerza política de este país. El control casi absoluto de los medios de comunicación, incluidos algunos vinculados en el pasado a la izquierda moderada, provoca que el desgaste político que debería estar sufriendo sea mucho menor del que merecería por sus tropelías y mangancias.

Y lo peor es que la aprobación de los Presupuestos, con el apoyo de Ciudadanos, el PNV y el diputado de Nueva Canarias, hace pensar que prolongará la legislatura más de lo que se preveía.

Bajo estas circunstancias, la moción de censura presentada por Podemos es casi la única salida que le queda al sistema para desalojar del poder en España al PP y a sus terminales de negocios. En este sentido, el discurso de Pablo Iglesias es tan duro como impecable: sencillamente, hay que echarlos.

Sin embargo, hay que contextualizarla y ver su oportunidad y su recorrido antes de intentar darle todas las bendiciones.

Así las cosas, podemos coincidir que el PSOE de Susana Díaz versus Comisión Gestora tiene mucha culpa de que el PP esté en el Gobierno al haber descabezado a Pedro Sánchez para facilitarle la investidura a Mariano Rajoy.

Pero no es menos cierto que la negativa de Pablo Iglesias y los suyos a respaldar el acuerdo PSOE-Ciudadanos y a Pedro Sánchez como presidente después de las elecciones del 20-D, acabó allanándole también el terreno a Rajoy hacia Moncloa.

Además, a nadie se le escapa que la moción de censura no deja de ser otro movimiento táctico de Pablo Iglesias, que a veces confunde la realidad social y política española con la de los siete reinos de Juegos de Tronos.

De hecho, con ese súbito movimiento de piezas se aprecia más un intento por interferir en las primarias socialistas –a favor de Susana Díaz, claro- que un jaque mate a Rajoy. O quizás un intento de tomar la iniciativa política mientras el PSOE se desgastaba en su proceso de primarias internas.

En cualquier caso, detrás, tal como se ha constatado en varios informes internos, estaba y está el miedo electoral que suscita en Podemos la figura de Pedro Sánchez, que, parafraseando a Miguel Ángel Heredia, parece ser por momentos más enemigo que el propio líder y contrincante popular.

Y es para tenérselo si nos atenemos a las primeras encuestas, que apuntan un importante trasvase de votos de Podemos al PSOE –un millón según publica ABC- por el ‘efecto Sánchez’, que sigue creciendo y creciendo como la ola que se levantó en las primarias en torno a su figura y que se llevó por delante a Susana Díaz, a los gerifaltes socialistas, a los barones, a los aparatos regionales y a los medios afines.

Con la moción de censura, además, Iglesias no va a parar la sangría, sino todo lo contrario. En un viaje a ninguna parte, decirle las verdades del barquero a Rajoy no le garantiza ni muchísimo menos un éxito de público y crítica. Más bien, le asegura el fracaso, que para eso la presidenta del Congreso, Ana Pastor, se ha encargado ya de jibarizar la moción desde el principio, dejándola en una sola jornada.

Lo único positivo que cosechará será la abstención del PSOE, que abrirá a futuro las puertas a una moción de censura con más recorrido, con más visos de prosperar.


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