Todas hemos sido violadas

En Málaga, su patria y la de todas las españolas, una muchacha de veinte años ha sido violada una madrugada por cinco hombres, y la jueza, María Luisa Cienfuegos,  que instruye el caso, lo ha archivado por no encontrar pruebas del delito- ¿y por qué me empeñaría yo tanto en que las mujeres pudieran acceder a la carrera judicial? La orgía fue filmada por los autores en su móvil, y supongo que ahora estará saciando los lascivos instintos de los espectadores en Face Book u otra cualquiera de las llamadas redes sociales. La decisión de la jueza de no aplicar prisión a los acusados se basa en que “las declaraciones de los agresores y testigos no coinciden con las de la joven”, y declara en su auto que no se puede afirmar que las relaciones sexuales fueran forzadas porque de las imágenes grabadas “no puede derivarse ningún indicio de acusación debido a que no se muestra ningún tipo de forcejeo por parte de ella”.Mientras tanto, cuando se la descubrió la víctima fue trasladada inmediatamente al hospital, donde se activaba el protocolo de violación y era examinada por un médico forense, que confirmaba que la joven sufría un desgarro vaginal y otro anal, lo que probaba que la agresión sexual había sido consumada.

Ahora los violadores están en libertad y se presentan ante la televisión para denunciar que han sido acusados falsamente, por lo que pretenden interponer una demanda contra la mujer por denuncia falsa y “atentar contra su honor”, ya que aseguran que no pueden salir a la calle pues se sienten acosados y reciben amenazas e insultos. “Nos han querido destrozar la vida y todavía la tenemos destrozada porque tenemos miedo de salir a la calle. Tenemos vergüenza de salir y nos sentimos amenazados”.

Lo justo, por tanto, es que se la procese a ella y se la encarcele.

Es lo que sucede en algunos países musulmanes donde la mujer violada es acusada de lujuriosa, de perder el honor de la familia, de seducir al varón, y es condenada a la prisión o a ser azotada públicamente decenas de veces. Amnistía Internacional nos informa periódicamente de tales atrocidades que se producen en Nigeria, en Arabia Saudí, en Afganistán, en Irán, y en otros países de reconocida trayectoria democrática.

Hemos tardado en enterarnos de que en la India –la mayor democracia del mundo, según los propagandistas del capitalismo liberal- se violan mujeres ritualmente: en público, en grupo, para divertirse, para cumplir sentencias dictadas por el Consejo de la tribu, para vengarse de alguna ofensa cometida contra la familia de los violadores. Algunas mueren en dicha práctica. Las mujeres reciben el castigo que iría contra alguno de los varones del clan, que por serlo no lo padece. Otras son asesinadas directamente, después de proporcionar el buscado placer, como a la que le introdujeron un hierro en la vagina, cuando la agredieron en un autobús.

El patriarcado no considera a las mujeres seres humanos iguales a los hombres. Como hembras, están destinadas a satisfacer los deseos sexuales de los hombres –véase la defensa actual de la prostitución-; por su especialidad reproductora deben dedicarse a parir y amamantar- véase el nuevo proyecto de ley de aborto y la propaganda de la llamada Liga de la Leche; por su responsabilidad materna tienen que cuidar a las crías y a todas las personas de la familia. Y permanecer en el gineceo, calladas y sumisas –Véase los consejos ofrecidos por la Guardia Civil y la Policía Nacional a las mujeres para que eviten ser violadas.

La víctima de la violación de Málaga se atrevió a salir de su casa para trabajar en la Feria, por la noche, en compañía de hombres, ¿qué debía esperar sino que esos varones la violaran? Cinco, tres adultos y dos menores de 17 años, que están aprendiendo a ser “hombres”.

Y los familiares y amigos aplaudieron a los violadores cuando salieron en libertad.

La jueza, María Luisa Cienfuegos,  ha decidido que es normal que una joven de veinte años cuando sale de trabajar  como camarera a la madrugada, “convenza” –al parecer ellos eran remisos- a tres de los cinco hombres para que la follen, mientras uno vigila y el otro graba dos vídeos de menos de un minuto, alejados de la gente y en el suelo del parque tras una atracción de feria. Actividad sexual que le ocasionó a la muchacha desgarros en la vagina y en el ano, y que la jueza debe suponer que  soportó con gusto debido  al masoquismo inherente a la condición femenina, que ella no debe creer que la concierne.

Eso mismo dijo en una sentencia la Sección 2ª de la Audiencia Provincial de Barcelona, hace treinta años, en el caso del matrimonio joven, recién casados, que en las Fiestas del barrio de Gracia fue asaltado por cinco miserables que sujetaron al marido mientras violaban sucesivamente a la mujer. Aseguró que ella, llevada de los más salaces deseos, los incitó a folgar en el suelo de una calle la madrugada de aquel infausto día. Han transcurrido treinta años y el Poder Judicial no ha variado un ápice.

Aceptar que una mujer se presenta en comisaría una tarde para denunciar una violación falsamente es el sueño masoquista que ni siquiera el caballero Sacher-Masoch hubiese imaginado. La espabilada señora tiene primero que relatar con detalle el episodio a la policía y después al forense, que deberá explorarla para conocer en profundidad su anatomía. Deberá ratificar la denuncia ante el juez, será interrogada por quien ejerza la acusación particular, por el fiscal y por el abogado del o los denunciados,  generalmente poco amable, y esperar un tiempo indeterminado a que se celebre juicio, donde nuevamente se repasarán todos los acontecimientos, ante las miradas y las  expresiones despreciativas, de odio y de venganza de los acusados y de sus familiares.  La mujer se enfangará en el horror de un procedimiento penal de violación, porque debe ser más divertido que pasar el tiempo en la cafetería con las amigas.

Pero es que en el caso de la muchacha de Málaga ni siquiera se da este supuesto. No se presentó en comisaría a denunciar la violación. La encontraron los policías tirada en el suelo llorando y manchada de sangre. De tal modo, debe de ser un genio de la astucia y la conspiración para lograr el encuentro fortuito de los funcionarios, que no deberían estar especialmente conchabados con ella, o esperó las horas muertas a que tal se produjera con tal de perjudicar a los pobres varones arteramente seducidos. Y eso que solo ha cumplido  20 años y no es de suponer que tenga muchas dificultades para ligar. Pero su tortuosa psique la lleva a pedirle a tres hombres que la follen, allí mismo, de madrugada, en el recinto de la Feria de Málaga, a empujones y golpes, en vez de buscar un novio amable con el que hacer el amor en cualquier hotel.

En estos treinta años, en España, se han aprobado dos leyes de aborto, una ley de violencia contra la mujer, una ley de paridad, una ley de matrimonio homosexual y una ley de igualdad, por la presión del Movimiento Feminista. La participación de las mujeres en el mercado laboral alcanza a la mitad de la población femenina, algunas mujeres ocupan puestos de decisión en la política, en la cultura y en la sociedad, y son mayoría en casi todas las disciplinas universitarias,  mas para la casta jurídica no han pasado los siglos.

Ante ésta atroz decisión judicial tenemos que estar todas – me gustaría poder decir “ y todos”- en la calle ante el Ministerio de Justicia, exigiendo justicia. Malos tiempos son estos en que la violación grupal de una joven de veinte años, por cinco hombres, que le ocasiona desgarros vaginal y anal, tiene como consecuencia que los violadores estén en libertad sin cargos por orden judicial, que se pavoneen de su inocencia públicamente en la televisión y que amenacen con querellarse contra ella por denuncia falsa.

Porque en el cuerpo y en el honor de esta nueva víctima hemos sido violadas todas.