Transmutación ecológica

30 Jun 2011
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Los alquimistas medievales estaban convencidos de que podían controlar la transformación de un elemento químico en otro y, por tanto, de que serían capaces de transformar (o transmutar) elementos innobles como el plomo en otros más nobles como la plata o el oro. No se ha sabido de ningún alquimista que tuviera éxito en esta empresa y se hiciera rico, pero sí sabemos ahora que los elementos se convierten espontáneamente en otros. Y actualmente es posible convertir plomo en oro (basta quitarle tres protones de su núcleo), pero el proceso requiere tanta energía que sale más barato comprar oro en un mercado. Del mismo modo que el ser humano ha aprendido a transformar unos elementos químicos en otros, también ha aprendido a transformar (o transmutar) unos ecosistemas en otros. Un bosque denso y alto lo transforma en una pradera para el ganado. Una marisma la deseca y la transmuta en una urbanización.

Con el cambio de siglo, el ser humano ha batido todos los records de transmutación planetaria jamás registrados. Es la única especie capaz de movilizar más sedimentos a escala de todo el planeta que los que movilizan los procesos geológicos naturales. Es una de las pocas especies, junto a los corales y algunas mas, capaz de hacer obras colosales que se ven desde el espacio. Y las más vistosas de estas obras son muy recientes, como los mares de plástico de Almería. Estos “mares” suponen la mayor concentración de invernaderos del mundo, cubriendo más de 30.000 hectáreas y no solo se ven desde miles de kilómetros sino que alteran el balance energético (el balance de la energía que entra y sale de un sistema) de una gran región del planeta. La principal seña de identidad de estos records planetarios es que se han batido muchos en muy poco tiempo, y que cada día que pasa se baten mas y mas.
Algunos se preguntan si son records para estar o no orgullosos, pero la cuestión científica no es esa. Los científicos nos afanamos en documentarlos, medirlos, simularlos por ordenador y analizar sus causas, así como sus posibles impactos y los de sus alternativas.

El planeta Tierra ha estado cambiando siempre. Lo único constante en nuestra galaxia es el cambio. Y el planeta Tierra no es ninguna excepción a esta paradójica constancia del cambio. La temperatura, la química de la atmósfera, las especies que pueblan los ecosistemas y mil cosas más han estado en constante variación durante los más de cuatro mil quinientos millones de años de vida de la Tierra. A las causas naturales asociadas con los ciclos geológicos de nuestro planeta y los de la estrella sobre la que gira hay que sumar, cada vez más, las causas humanas. Al igual que la transmutación de los alquimistas, la transmutación planetaria tiene lugar tanto de forma espontánea como artificial, y ésta última es a su vez intencionada, como los plásticos de Almería y la desecación de una marisma, o involuntaria, como el calentamiento global resultante de unos gases que emitimos “sin querer.”

Los efectos de estos cambios afectan al aire que respiramos, al agua que bebemos, y a la flora y fauna que comemos. Así pues, es momento de dedicar atención a la transmutación ecológica de la Tierra y de cómo los científicos estudian en qué se está convirtiendo este planeta. Planeta azul o verde, da igual, ya que lo único que realmente lo define es su naturaleza mutante.