Opinion · Diario de un altermundista

La seguridad no es neutral

Sin lugar a dudas hoy en día estamos experimentando en todo el mundo un proceso de militarización nuevo, amplio y profundo. El gasto militar aumenta cada año, la exportación de armas muestra un crecimiento constante, la industria militar sigue ampliándose y cada vez mas países son capaces de fabricar armas. La inversión en armamento es muy lucrativa, subvenciones públicas y créditos para I+D de nuevas armas han sido impulsados recientemente; organizaciones militares como la OTAN están orgullosas de su legado y presionan a sus Estados miembro a dedicar el 2% del PIB para gasto militar; migraciones y fronteras están mas militarizadas que nunca – solo en Europa hay 1.000 km de muros -, también la ayuda humanitaria incorpora lógicas militares. Todo ello se sitúa en un proceso de privatización generalizado, donde el sector de seguridad no es excepción, como prueba que las tradicionales industrias de armas ofrecen también productos y servicios. Todo es susceptible de ser militarizado en el momento en que se convierte en un asunto de seguridad.

El gasto militar ha llegado a su nivel mas alto desde la finalización de la Guerra Fría: 1,739 trillones de dólares según las estimas del SIPRI por el 2017, representando esta cifra el 2,2% del PNB global y 230 de dólares por persona cada año. Como de costumbre, muy pocos países acumulan la mayoría del gasto militar, representando el 60% los primeros cinco (EE.UU., China, Arabia Saudí, Rusia e India). Por regiones, América del Norte (40%) lidera el ranking, seguido por Asia oriental (18,6%) y Europa Occidental (14,1%).

El presupuesto militar es utilizado principalmente para cubrir el coste de los recursos humanos del ejercito, sus armas y equipamiento – hay 16,5 millones de militares y 11,9 millones de paramilitares en el mundo – pero también para mantener y promover el sector económico militar.

Los fabricantes de armas exportan anualmente 30.000 millones de dólares de armas – según los datos del SIPRI. ¿Cómo funciona el sector de exportación de armas? La mayoría son empresas militares privadas que intentan conseguir contratos con cualquier gobierno dispuesto a comprarlas, pero el comercio de armas no es un mercado libre, sino que está altamente regulado por diversas normas y acuerdos nacionales e internacionales. Las empresas militares no pueden vender armas sin la autorización de su gobierno. Las principales normas que regulan el comercio de armas se basan en la no concesión de licencias de exportación de armas a países en conflicto donde se vulneren los derechos humanos. A pesar de ello, cada año se venden armas a países que están en guerra o que no respetan los derechos humanos, como Arabia Saudí y EAU –ambos participando activamente en la Guerra de Yemen), Turquía, Egipto, Irán, Afganistán, y muchos más países que difícilmente pueden ser considerados pacíficos o un ejemplo del respeto por los derechos humanos. Los principales importadores de armas en 2018 en el mundo han sido Arabia Saudí, India, Egipto, Australia, Argelia, China, EAU, Irak, Corea del Sur, Vietnam, Pakistán e Indonesia.

La financiación de armas es también un asunto importante del ciclo económico militar. Las empresas militares están financiadas por bancos, compañías de seguros e inversores a través de diversos productos: prestamos, créditos renovables, emisiones de bonos, participaciones accionariales, etc. Sabemos desde el International Armed Banks Database que la financiación de las principales 40 compañías de armas en el mundo ha alcanzado la cifra de 526.000 millones de dólares en el periodo 2013-17, con la participación de mas de 500 bancos, en 30 países.

Hay miles de compañías de armas en el mundo, pero como en otros sectores, pocas están liderando el mercado militar global. Las primeras 100 compañías de armas identificadas por el SIPRI producen anualmente 400.000 millones de dólares. Con lo que concierne su origen, las de mayor tamaño provienen de los países con el gasto militar mas elevado y con las mayores tasas de exportación de armas: 57% son de EE.UU., 9,5% de Rusia, 22% de Europa Occidental, pero también de Japón, Israel, India y Corea del Sur. Como podemos ver los fabricantes de armas son miembros de la OTAN y de otras alianzas militares. Pero hay nuevos países que están invirtiendo en una futura industria militar nacional, a través de importaciones que combinan la adquisición de sistemas de armas con la transmisión de tecnología y producción de una parte de estas en territorio nacional. Este es el caso de Australia y también lo que está intentando hacer Arabia Saudí.

Entre las principales compañías de armas no pocas son de Europa, algunas son transeuropeas como Airbus Military, y otras son grandes compañías militares de Reino Unido, Alemania, Italia, Francia y España. No es coincidencia que la UE esté actualmente aprobando fuera del debate publico y político, y a pocas semanas de las elecciones europeas de mayo de 2019, el mayor cambio en la historia del presupuesto de defensa de la UE, que incluirá un extraordinario volumen de recursos para I+D militar, que prevé obtener 50.000 millones de euros para el periodo 2021-27, incluyendo las contribuciones de 35.000 millones de euros de los estados miembros, que no contarán como déficit.

La justificación final de la existencia del gasto militar, de organizaciones militares y de otras instituciones creadas para la defensa y seguridad es que son consideradas la mejor forma de responder al miedo de la sociedad y a las amenazas a su seguridad. ¿Pero cuales son estas amenazas? La UE, OTAN y EE.UU. consideran que los mayores peligros a su seguridad son el terrorismo y el extremismo violento, la proliferación de armas de destrucción masiva, la ciberseguridad, la seguridad energética, el crimen organizado, la seguridad marítima – y en el caso de la UE, la gestión de las fronteras exteriores, y las crisis económicas –que la OTAN indica como financiera, y EE.UU. amplia a recesiones como amenazas a la seguridad.

El análisis previo de riesgos y amenazas a la seguridad nos pone en un escenario en que la respuesta militar no parece ser la opción mas útil, de hecho, parecería un recurso marginal de dudosa utilidad en términos de confrontar todas las amenazas mencionadas anteriormente. De hecho, se trata de riesgos y amenazas gestionados con la diplomacia, cuerpos de seguridad de carácter policial, medidas medioambientales, acción humanitaria y servicios sociales, entre otros.

La seguridad militar no es la mejor respuesta a los desafíos a los que se enfrentan nuestras sociedades modernas, globales, interdependientes y diversas. Los fundamentos teóricos y los métodos prácticos apuntan hacia la posibilidad y la necesidad de construir una teoría y una practica de seguridad fundadas en distintos parámetros, alternativos e incluso contrarios al concepto de seguridad hegemónica que alienta el ciclo económico militar. Los empresarios de armas son los mas interesados en la promoción de la securitizacion, como escenario óptimo para mantener y aumentar su actividad económica y beneficios empresariales.

La seguridad no es una dimensión dada, objetiva e incuestionable, sino que es susceptible de numerosas interpretaciones, y como consecuencia, los análisis sobre seguridad dependen de la moral o de la perspectiva política de quien los realice. Un planteamiento epistemológico es necesario del mismo modo que el análisis de la seguridad no es neutral. El complejo militar-industrial no es neutral, necesitamos limitar su poder de incidir en las políticas de seguridad, a través de la reducción del gasto militar incorporado en los presupuestos públicos y controlando y limitando la exportación de armas, evitando colaborar con bancos que financian compañías de armas y eliminando ayudas públicas a la industria militar. Es decir, hay que ponérselo mas difícil a la industria militar para reducir la producción y transferencias de armas. Hay que construir una seguridad basada en la seguridad humana, en el feminismo, el ecologismo y el pacifismo.