Puntadas sin hilo

Mis conclusiones de fin de año

La principal es que nos hemos convertido en un país, triste y resignado.

Se ha agravado la creencia en la corrupción generalizada e impune, y ha aumentado exponencialmente la desconfianza en los políticos.

Parece que hemos comenzado a salir de la crisis, pero indudablemente a costa de los más desamparados y clases medias bajas. El retroceso en la educación y en la sanidad es patente, la justicia ha sido copada por el poder, y la represión policial y el temor de los ciudadanos se han agudizado.

Catalunya se ha encabritado y no se vislumbra solución. La monarquía y el rey han perdido muchos puntos, pero aún son mayoría, creo, quienes defienden la institución. Se razona al revés, se alega que si se imputara a una infanta sería por ser quien es, cuando debería ser justo al contrario, que si no se la imputase sería por ser quién es. Muchas cosas andan al revés en la justicia; por ejemplo que se prohíba acercarse al Congreso, casa de los españoles, a los detenidos que participaron en la manifestación del 14-D, cuando deberían obligarles a ir todos los días en que haya sesión. O que por íntimos se declaren secretos los correos de Miguel Blesa, cuando abarcan a la economía de los españoles.

Los derechos de los trabajadores han sido grandemente violentados, lo mismo que el cuerpo de las mujeres, la confianza en los sindicatos ha desaparecido por completo.

Pero los ciudadanos nunca hacemos examen de conciencia: o somos jueces o somos inquisidores, y en el mejor de los casos, escépticos. Y es terrible: los españoles jamás cambiamos de opinión, y no tanto porque nos acusen de chaqueterismo como por fidelidad a nuestras mamadas y aprendidas creencias y designios. Somos extremistas, creyéndonos centristas. Lo fácil es decir que todo está mal o que todo está bien.

Si el escándalo y fraude de la luz no provoca una rebelión social, ¿qué deberá pasar para que ocurra? El hambre, se dice. Pero ya una parte de la población la padece, y otra buena parte está en trance. Y la luz, la energía, es un producto de primera necesidad para la vida, en este país de estafados, parados y jubilados de miseria.

Pero dejémonos de quejas y lamentos, y analicemos: ¿Es ésta la España que querían los once millones de españoles ganadores? ¿Están conformes, no se arrepienten, no desertan? Parece que lo justifican, y frente a eso no hay réplica eficaz, eso es la democracia, en la que, digamos lo que digamos, vivimos. Los españoles en número bastante están de acuerdo con estos horrores, no los cuestionan, los apoyan, en silencio o en activo. Están satisfechos, sobre todo frente a las amenazas que ellos ven de nuevas ruinas y desmanes. ¿Qué pueden hacer las personas decentes ante esto? Ésa es la irresuelta pregunta para este fin y principio de año. ¿Hay posibilidad de convencerlos? Creo que no. Y a los de enfrente, tampoco. Y menos a los que no votan pero opinan porque son dueños de la verdad, y por supuesto de su libertad, ¡faltaría más! Nada tan alejado de la realidad como este blog.

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Gota ÚLTIMO ESCÁNDALO: El fiscal apoya que Jaume Matas, aun siendo firme la sentencia condenatoria, siga libre mientras se tramita su indulto. Da la impresión de que los fiscales, y no los jueces, son los que mandan.