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Creacionismo en La Zarzuela

CIENCIA DE PEGA // MIGUEL ÁNGEL SABADELL 

Y nos reíamos de la escasa cultura de los estadounidenses al tener un presidente que defiende la enseñanza del creacionismo en las escuelas.

"Se ha de enseñar religión en los colegios... los niños necesitan una explicación del origen del mundo y de la vida". Yo pensaba que eran temas para la clase de Ciencias Naturales pero no, la reina Sofía ha decido que tiene mayor peso el Génesis que las investigaciones realizadas en el Instituto de Astrofísica de Canarias o el Centro de Astrobiología. Imagino la expresión de aprobación de Pilar Urbano, ligada al Opus Dei, una organización cuyo barco insignia educativo, la Universidad de Navarra, difunde el creacionismo desde el Seminario Ciencia, Razón y Fe. Imagino aplaudiendo con las orejas a la asociación Médicos y Cirujanos por la Integridad Científica, las iglesias evangélicas y los escritores César Vidal y Juan Manuel de Prada. Todos, esforzados defensores de la idea de que Dios nos puso aquí como quien planta un geranio en una maceta.

Lo que les mueve no es la sana búsqueda de respuestas correctas en torno al origen de la vida, sino la justificación a cualquier precio de la primera frase del credo: "Creo en dios, padre todopoderoso, creador del cielo y la tierra". El teólogo William Lane Craig lo expresó de manera impecable: "Si apareciese un conflicto entre la verdad fundamental de la fe cristiana y creencias basadas en argumentos y pruebas, entonces es la primera quien debe tener preferencia sobre lo segundo, no al revés".

Toda su argumentación reside en el principio de ignorancia y un provincialismo de especie de lo más simplón. El primero se basa en el hecho de que en ciencia no hay verdades inmutables porque nuestras teorías dependen de observaciones y experimentos, y siempre puede aparecer algo que no encaje. La religión sólo necesita aquella frase del credo para explicarlo todo (si hay problemas, añádase "los caminos de Dios son inescrutables"). Los creacionistas utilizan mendazmente la provisionalidad de las teorías científicas para soltar su mantra "la ciencia no lo explica" y dejar caer a Dios como tabla de salvación. La segunda línea argumental es ese deseo tan humano de estar por encima del resto. Ruptura del continuum, lo llaman. No aceptan que compartamos origen con los "seres inferiores" porque se creen superiores. Y la única manera de marcar esa superioridad es deshacerse de cualquier ligazón con el resto de los seres vivos, invocando una actuación ad hoc de un ser todopoderoso.