Productividad y vidas laborales

DE PUERTAS ADENTRO // MARÍA ÁNGELES DURÁN

* Profesora de Investigación del CSIC

Los cambios en la esperanza de vida están afectando a la relación entre el tiempo de actividad laboral y el de inactividad. Tradicionalmente la representación de la estructura de edades de la población tenía la forma aproximada de un triángulo, por eso los demógrafos nos han acostumbrado a hablar de pirámides de población. Sin embargo, actualmente la población española ya no tiene la forma de una pirámide, sino la de un brillante. O, si se quiere, de un hongo con el pie más estrecho que la sombrilla.

En una población con forma de pirámide, las personas de edades centrales mantienen a muchos niños y pocas personas mayores, siendo escasos los que llegan a la edad del retiro. Pero en una población con forma de brillante, hay más viejos que jóvenes. La productividad del tiempo vendido al mercado en las edades centrales tiene que ser elevadísima si a costa de esa cesión se quiere mantener a la población que aún no ha entrado al mercado de trabajo y a la que ya ha salido.

Mientras la esperanza de vida es setenta y cinco años y se pagan cotizaciones o se ahorra entre los veinte y los sesenta y cinco años, cada trabajador ha de conseguir durante cuarenta y cinco años un excedente que permita mantenerle durante treinta años a él y a quienes de él dependen: veinte años antes y diez después de su vida laboral. Por cada año de trabajo tiene que garantizarse un extra de 0’77 años. Pero si no consigue empleo hasta los veinticinco, se jubila con sesenta y cinco y vive ochenta y cinco, en cuarenta años de trabajo tiene que lograr un excedente para sí y sus dependientes que cubra cuarenta y cinco años. O sea, por cada año trabajado, 1’12 años extra de cobertura.

Cuando la esperanza de vida suba a cien años, si se mantiene la edad de jubilación actual, la productividad tendrá que ser tan alta que cada trabajador cubra 1’37 años extra por cada año trabajado, para sí y para los familiares que dependan de él.

Sin duda, la productividad puede mejorar todavía mucho mediante innovaciones tecnológicas y mejoras organizativas. También pueden producirse trasvases de beneficios y redistribuciones de la riqueza que mejoren la situación de los que se encuentran fuera del mercado de trabajo, tanto a costa del capital como de otros trabajadores. Sin embargo, en los últimos años no se han producido en España mejoras en la productividad del trabajo. Y en cuanto a la redistribución, incluyendo las redistribuciones indirectas vía migraciones, parece más acelerada y potente a nivel internacional que a nivel nacional.

Por todo ello, es urgente que se encuentren y apliquen mejoras tecnológicas y organizativas en el sistema productivo. De lo contrario, resultará difícil mantener a la creciente población ajena al mercado de trabajo que carece de recursos patrimoniales propios.