Opinion · Posos de anarquía

La religión y el sexador de pollos

Arrancada la precampaña electoral, comienza la batería de anuncios para comentar en el bar que, no digo que no sean importantes, pero qué duda cabe que muchas otras medidas de gran calado pasarán inadvertidas. No es el caso de la propuesta del PSOE acerca de la asignatura de la religión, a la que pretende sacar del colegio, ya sea público o privado.

Ante esta posibilidad, el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, se ha columpiado una vez más con su razonamiento, más propio de siglos pasados que del actual. Decir que sacar la asignatura de religión del colegio es anticonstitucional es una soberana tontería y, en el fondo, él mismo lo sabe porque, aunque su mente esté amueblada decimonónicamente, ésta es una cuestión de lógica simple.

Es cierto que los padres son los que tienen derecho a decir la educación para sus hijos, pero eso no quiere decir que si yo quiero que mi hijo sea sexador de pollos -cuyo trabajo se paga a 4.500 euros al mes- haya que crear y evaluar una asignatura para ello en el colegio. Ni siquiera si es un sexador de pollos católico. En ambos casos, tanto en el de la religión como en el del sexar avícola, debería buscar una actividad extraescolar para mi hijo y, como dice la Constitución, nadie debería impedírmelo… pero de ahí a que haya que instaurar una asignatura en el colegio…

Sacar la religión de la Educación no es un ataque a aquélla, sino una cuestión de lógica, de pura coherencia en un Estado aconfesional. Entre otras cosas, porque hablar de esa asignatura en España es hablar del Catolicismo y este reducciopnismo es discriminatorio en un país en el que el número de, por ejemplo, musulmanes es cada vez mayor. Me pregunto si Fernández Díaz estaría tan abierto a que el Islam se enseñara y evaluara del mismo modo en el colegio. Algo me dice que no, algo me dice que como en tantos otros puntos de libertades civiles, ahí el ministro del Interior obviaría la Carta Magna.

Y es que durante la legislatura que estamos a punto de cerrar y en su día a día como ministro del Interior, Fernández Díaz ha pisoteado la Constitución más veces de las que la ha defendido. Si Sabino Cuadra (Amaiur) rompió la Ley de Leyes un día en el Congreso, Fernández Díaz lo ha hecho fuera de él muchas más veces. Por pisar, incluso ha pasado por encima de los tratados internacionales que defienden los Derechos Humanos, pero hete aquí que cuando se trata de defender a la religión que él mismo traciona con sus actuaciones todo vale, incluso la Constitución. Es triste, pero ministros como el del Interior, más alineados con el fundador del PP que con lo que debería ser una Democracia moderna, son así y, precisamente por ello, debería tener cada vez menos espacio en las instituciones públicas.