Opinión · Posos de anarquía

Viva Mariano, ole tu xenofobia

Bochorno. Asco. Rabia. Vergüenza. La lista de sentimientos que provocó en mí el encuentro del Partido Popular Europeo (PPE) es interminable y todos están ligados a la naúsea. Jamás me habría figurado que la única que no me revolvió el estómago fuera Angela Merkel que, precisamente, fue la única que no aplaudió el discurso xenófobo del primer ministro de Hungría, Viktor Orban.

Todos y cada uno de los que sí aplaudieron a Orban, incluido nuestro presidente del Gobierno, me parecen malas personas. Que estén dejando que miles de refugiados duerman en el fango, a temperaturas bajo cero, ya decía muy poco de ellos, muy poco, pero que además hagan alarde de su propia xenofobia mientras viajan en jets privados y viven a todo tren a costa de sus ciudadanos es tremendo. Y lo es que porque genera violencia.

Lo admito sin ningún pudor, a mí, personalmente, me genera violencia; una violencia a la que, afortunadamente, puedo dar salida con estas líneas, llamando a la repulsión ante actos como éstos. Unas líneas que me sirven de válvula de escape, que quiero pensar que remueve alguna que otra conciencia contra gobernantes como nuestro Mariano, que ayer retroalimentó su propia maldad rodeado de sus iguales, de gente tan ruin que uno se pregunta aún cómo demonios han conseguido llegar al poder, en qué pensamos los ciudadanos para cederles nuestra soberanía.

Se acerca el 20 de diciembre y ustedes tendrán la oportunidad de poner freno a eso, de aportar su granito de arena al respeto de los Derechos Humanos y la dignidad humana, de echar a Rajoy de La Moncloa. Comportarse como un xenófobo y creer que por hacerlo está defendiendo a España es de un encefalograma tan plano como plana es la humanidad de quien lo hace.

Esta no es una tribuna contra el voto al PP, sino una columna contra todo aquel, sea del signo político que sea, que defienda, como vimos ayer, al ser humano de primera y de segunda, al que se siente abrigado por la élite cuando en realidad es un pobre diablo que por sí solo no vale nada y que, en conjunto, cuando se junta con los de su calaña, diría que vale aún menos aunque tengan el poder… el poder que nosotros les permitimos tener.

“¡Viva Mariano!” le gritaban ayer… y ¡Ole tu xenofobia!, añado yo, esa que ojalá no sólo te apee de La Moncloa sino, además, de la vida política, porque cualquiera que aplauda a un tipo como Orban es indigno de representar a un país o de aspirar a hacerlo… en esencia, es indigno.Y punto.