Opinion · Posos de anarquía

Mayor Oreja viene del siglo XV

Mayor Oreja debería ser objeto de investigación científica: o ha descubierto el secreto de la vida eterna o los viajes en el tiempo, llegando directamente del siglo XV. De otro modo, es difícilmente comprensible cómo puede haber una sesera tan retrógrada como la suya. No se pierdan la entrevista que publica hoy El Mundo y que, en ciertos momentos, parece sacada de alguna revista satírica.

El tipo en cuestión, que pareciera que viene de enderezar a unos cuantos herejes en un mano a mano con Torquemada, tacha al aborto o la eutanasia como «falsos y nuevos derechos» y, como el resto de la derecha, emplea términos como «ideología del género», porque sólo pensar en feminismo le debe de provocar urticaria.

Este hombre con mente de presbítero de hace más de 500 años pero que se ha sabido buscar su jubilación al calor de una fundación ultra, entremezcla su confesión católica con las evidencias científicas y los derechos civiles, insinuando que si es posible practicar un aborto -aun dentro de los plazos establecidos siguiendo consideraciones científicas- nada impediría matar a alguien que tenga 40 años. Y se queda más ancho que largo, llegando a afirmar que quienes defendemos el derecho al aborto lo hacemos «fruto de la comodidad».

Fruto de la comodidad también es, según él, la eutanasia, porque «es más cómodo matar a la persona que te molesta en casa que mantenerla hasta el último momento». Su mente cerril no alcanza a ver que son las propias personas enfermas quienes desean morir dignamente, quienes reclaman ese derecho aun con más tesón que sus propios familiares.

Leyendo las declaraciones de Mayor Oreja a uno le llega a seducir la idea de que cualquiera que quiera ser representante público debería pasar un mínimo… y él, desde luego, no lo pasaría, por mucho que como su afín, Santiago Abascal (Vox), lleve a «España en el corazón»… que la cabeza ya está para otras cosas, como peinarse.

El machismo y la homofobia de Mayor Oreja rezuma por cada poro de su piel, ignorando el propio idioma que habla («el matrimonio es una institución entre un hombre y una mujer»… debería repasar la RAE), despreciando el drama que suponen los problemas de identidad de género al asegurar que «no puedes ser hombre hasta los 15 años y luego, si lo decides, te haces mujer. Eso trastoca la naturaleza de la persona».

En este sentido, Mayor Oreja da muestras de una ignorancia supina, pues llega a afirmar que «si tienes otras inclinaciones, te respetamos, pero no modifiques sustancialmente un pilar de nuestra sociedad». Ignorante: una persona que nace hombre puede sentirse mujer, realizar una operación de reasignación sexual y, sin embargo, ser lesbiana. Nada tienen que ver las inclinaciones sexuales con la identidad de género, pero la mente obtusa de este señor no alcanza a verlo y, claro, uno desea con todas sus fuerzas que en algún momento, viviera esta circunstancia de manera muy próxima.

Lo verdaderamente preocupante no es que haya personas como Mayor Oreja. Siendo prácticos, este Torquemada del siglo XXI ya ronda los 70 años y va doblando la servilleta -perdón por la brusquedad, pero un sujeto como éste me genera todo menos dulzura-; lo inquietante es que sus postulados calen en gente más joven. Jamás será posible una sociedad mejor con gente como Mayor Oreja, pues su discurso nos retrotrae a tiempos pretéritos en los que a él, a buen seguro, no le gustaría estar en el lugar que realmente merece.