Opinión · Posos de anarquía

Rivera quiere dejar de ser estrábico

Votar a Ciudadanos siempre ha sido jugar a la ruleta rusa electoral. Uno nunca sabía qué sucedería tras el escrutinio, pues si algo ha demostrado su líder, Albert Rivera, es que le gusta ser el perejil de todas las salsas. Ahora, al fin, quiere definirse y tiende un cordón sanitario contra el PSOE… el mismo que en 2015 tendió con el PP de Rajoy para luego encumbrarlo a La Moncloa unos meses después.

Rivera tiene que estar muy seguro de que la derecha gobernará en España tras las elecciones del próximo 28 de abril. Esa fotografía de la Plaza de Colón que le persigue, esa en la que el mismo Manuel Valls salía corriendo por la esquina y en la que Javier Maroto (PP) clavaba codos para salir en primera fila, es su red salvavidas. PP y Vox son los socios con los que Rivera sueña poder cambiar el rumbo de España, más aún de lo que lo ha hecho ya privando al país de los presupuestos generales más sociales de la última década.

El partido que se autodenominaba de la regeneración, que siempre ha mantenido que era de centro, muestra ya abiertamente su verdadera cara, su ADN de derecha y, por encima de todo, su servidumbre al capitalismo. Ese ha sido, precisamente, el motivo por el que el discurso político-social de Ciudadanos siempre ha mutado en función de qué rama pisase, con un Rivera camaleónico y estrábico, capaz de mirar a un mismo tiempo a izquierda y derecha.

La reflexión última no es una crítica a Rivera, que es lo que es. La conclusión final es que si Cs ha podido ser el perejil de todas las salsas es porque la izquierda y, más concretamente el PSOE, se lo ha permitido. ¿Por qué? Porque, aunque a diferentes niveles, la servidumbre al IBEX 35 es compartida. Escuchar al mismo Pedro Sánchez (PSOE), incluso después de que Rivera llevara de la mano a Rajoy a La Moncloa, reprochar a Unidos Podemos que éste no permitiese que quien fuera cogido de Rivera fuera él, delata que el partido socialista también ha andado desnortado.

Ciudadanos no es de fiar, como no lo es ese ente que llamamos ‘mercado’, al que sirve. Tan volátil como es ese ‘mercado’ es Cs y quien pacte con él o lo vote vuelve a jugar a la ruleta rusa, entregándose a esa inconstancia fatal.