Opinion · Posos de anarquía

Con los que Zaplana no tuvo piedad

El expresidente de la Generalitat Valenciana, Eduardo Zaplana.- EFE

El expresident de la Generalitat Valenciana y exministro Eduardo Zaplana ha recibido un trato privilegiado en las últimas semanas. Hay quien dice que sacarlo de prisión fue una cuestión humanitaria por su delicado estado de salud; una atención que él no tuvo cuando estaba en el poder desde donde, según la UCO, estuvo al frente de una red corrupta. Mientras él se embolsaba 10,5 millones de euros en mordidas, los hospitales de la Comunidad Valenciana que él gobernaba carecían de recursos, produciéndose muertes que podían haberse evitado.

Zaplana no tuvo la misma piedad que él ahora ha suplicado para su persona. No la tuvo. Él, en cambio, ha tenido privilegios como recibir el alta de madrugada, pese a que a esa hora no hay médicos que firmen el alta, para evitar así la vergüenza de ser fotografiado y grabado como lo que es. Él está hoy en casa, con atención domiciliaria, en lugar de dar con sus huesos en una celda. Mientras, habrá personas que no podrán leer este artículo porque, por citar un ejemplo, no recibieron la radioterapia necesaria cuando él era president de a Generalitat.

Mientras Zaplana era “el jefe”, según han desvelado los pinchazos telefónicos, y se llenaba los bolsillos de dinero público con mordidas, ¿qué sucedía en la Comunidad Valenciana? Pues, por citar un par de ejemplos muy ilustrativos: en toda la provincia de Alicante únicamente existía un hospital que pudiera dispensar radioterapia y, por si ésto no fuera poco, su falta de recursos provocaba que los enfermos oncológicos con la enfermedad muy avanzaba tenían que esperar hasta tres meses y medio para recibir el tratamiento. Ahí, Zaplana no tuvo la piedad que reclama ahora para sí.

Otro ejemplo: la Organización Mundial de la Salud (OMS) establece que la ratio de camas de cuidados paliativos debería ser de entre 75 y 100 camas por millón de habitantes, ¿cuántas había en la Comunidad Valenciana? Una única unidad, con 21 camas… y debería haber tenido cerca de 500 camas, según la relación de la OMS. A Zaplana eso le importó un carajo cuando amasaba su fortuna corrupta con la que, entre otras cosas, quiso comprar el puerto deportivo de Altea.

Hemos naturalizado tanto la corrupción, la hemos normalizado hasta tal punto que en ocasiones no recapacitamos en lo que realmente significan estas prácticas nauseabundas. El quid de la cuestión no es lo que hacen estos miserables con el dinero, sino lo que se deja de hacer porque, por norma general, sus paraísos fiscales se nutren de dinero público.

Por este motivo, a mí no me temblaría la mano dejando a Zaplana entre rejas, con los servicios sanitarios existentes en los centros penitenciarios. A fin de cuentas, el estado en que se encuentren esos servicios serán los que gente como él han provocado, sustrayendo millones y millones de euros al erario público. ¿Y saben? Tampoco sentiré cuando críe malvas. No es odio, sencillamente, antes él que cualquier raterillo de tres al cuarto que sí está en prisión y con el que seguramente no ha existido, ni de lejos, este trato de privilegio que recibe Zaplana. La pena es que la mayor parte de cuanto robó, según informes de la UCO, no volverá a las arcas del Estado. Eso sí que lo sentiré.