Opinión · Posos de anarquía

Casado y Abascal, maestros de la mentira

Hace mucho tiempo, demasiado, que la clase política defrauda. Ni siquiera es preciso esperar a que ejecuten sus medidas: basta  con escuchar sus discursos. No hay excepción: la diferencia entre izquierda y derecha que si la primera es más amiga de no ser sincera, de bordear la verdad desviando la atención y empleando eufemismos; la segunda miente sin tapujos, a la cara, escupiendo auténticas barbaridades… y, lo que es peor, que parece que millones de personas creen a pies juntillas.

Durante el debate parlamentario de ayer en el Congreso, Pablo Casado (PP) se referió a la gestión económica del PP como “milagro económico” y llegó a asegurar que “es estudiado en todo el mundo”. Ni siquiera expondré aquí, como he hecho tantas veces, las estadísticas del resultado de ese “milagro económico”, las fotos de personas buscando comida en los contenedores -y por preciosar a los lectores de derechas, ES-PA-ÑO-LES… sí, sí, sus compatriotas-, cómo España se ha situado en los puestos de cabeza de la desigualdad en Europa, cómo más de un tercio de los menores viven por debajo del umbral de la pobreza o cómo se ha generalizado trabajar y no conseguir salir de la miseria… Ese es su milagro económico.

El otro maestro de la mentira es Santiago Abascal (Vox). A todas las falsedades vertidas sobre los asesinatos machistas, sobre el Pacto de Estado contra la Violencia de Género, a sus mentiras sobre datos de migrantes  y, en general, a las patrañas de su programa electoral, se suma ahora cómo gracias a Vox el trabajo de varias familias peligra. Este patriota que lo que en realidad quiere reconquistar en su sueldo a cargo del erario público, permitió que su partido arengara a su aborregado electorado a boicotear un restaurante que, según él, pertenecía a Eva Hache. Buscaba venganza porque encaja mal las críticas, después de que la monologuista criticara duramente la concentración-gatillazo de 25 minutos de Colón del pasado domingo. La misma concentración, por cierto, en la que el manifiesto leído por tres personajes estuviera plagado de mentiras, como posteriormente han admitido implícitamente alguno de sus representantes políticos. Un despropósito.

Echarán en falta al otro maestro de la mentira, a Albert Rivera (Ciudadanos), pero ¿qué decir de este tipo que aún se cree que compite en el equipo de debates de la universidad? Se desmiente él mismo cada vez que un día dice una cosa y al otro la contraria… Ahora, hay que admitirlo, está más centrado en un único discurso, al rebufo de las mentiras de Vox y, por tanto, salpicando su discurso de embustes.

A veces, lo admito, intentan apoderarse de mí unas ganas irrefrenables de darles a probar de su propia medicina, es decir, intentar manipular a la gente con mentiras, con esos enredos, todas esas paparruchas con las que nutren sus graneros de votos. ¿Saben por qué no lo hago? Porque la verdad, porque lo que realmente son estos tres tipos y todo lo que representan es tan terrible que no es necesario. Acechan tiempos oscuros en los que, pase lo que pase, hay que seguir plantándoles cara.