Opinion · Posos de anarquía

Alcaraz, el hombre que dividió a las víctimas del terrorismo

Francisco José Alcaraz, quien fue presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) entre 2004 y 2008. EFE

El senador de Vox Francisco José Alcaraz hizo ayer el ridículo en la Cámara Alta. No es la primera vez que lo hace, pero sí la primera como representante de un partido político en una institución pública. Su rechazo a apoyar una moción institucional para denunciar y penalizar socialmente comportamientos LGTBIfóbicos, machistas, xenófobos y discriminatorios en el entorno del deporte no ha de sorprendernos. Lo retrata a él y a los ideales que representa su partido. Analizando su trayectoria, se veía venir.

Cuando Alcaraz fue designado senador (ironías de la vida, compartiendo grupo parlamentario con EH Bildu), su nuevo partido dijo de él que fue quien “lideró la rebelión cívica contra el proceso de rendición ante ETA iniciado por Zapatero. Otra mentira más, pues lo que realmente lideró Alcaraz fue la división de las víctimas del terrorismo. Sólo consiguió ser reelegido presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) en 2006 después de que renunciara su único rival, Pablo Broseta, hijo del senador de la UCD y catedrático Manuel Broseta, asesinado por ETA en 1992.

Dicha renuncia no se produjo por consenso sobre una única candidatura, sino porque Broseta acusó al ahora senador de Vox de tener “formas autoritarias”, siendo “juez y parte” en las votaciones. Ese es el verdadero talante de Alcaraz, capaz dividir en lugar de unir y convertir aquel día, según Broseta, en un mal día para las víctimas del terrorismo”. Todo eso le dio igual a Alcaraz, que con apenas un 20% de los votos siguiendo sacando pecho como presidente de la AVT.

En 2008 dejaría de ser presidente y sería un año después cuando Alcaraz culminara su proceso de cisma de las víctimas del terrorismo, evidenciando una vez más la importancia de su persona sobre la de su supuesta causa. A pesar de haber sido aprobadas las cuentas por unanimidad, Alcaraz y los suyos acusaron al presidente de adulterarlas (con gritos de “¡eres un caradura!” y “¡chorizo!” incluidos), lo que terminó por derivar en que los propios miembros de la AVT lamentaran que “hemos dado un espectáculo”, encontrando su causa en que “esto se ha convertido en una lucha de poder”.

Lo que entiende Alcaraz por defensa de las víctimas del terrorismo le llevó ese mismo año (2009) a descalificar a Francisca Hernández, viuda de Eduardo Puelles, la entonces última víctima de la banda terrorista ETA. ¿Dónde se despachó a gusto con ella? Pues en La gran esperanza, la voz de Falange en Radio Intercontinental. Antes de que terminara el año, abandonaría su militancia de la AVT con toda suerte de críticas, acusando a su presidencia de “nefasta gestión”, cayendo en un “estado vegetativo” con “una nula repercusión” en la opinión pública.   Por aquel entonces, Santiago Abascal (Vox) y él ya compartían actos.

Y como el ego de Alcaraz parece no tener límites, continuó dividiendo a las víctimas, creando la Plataforma Voces contra el Terrorismo al tiempo que calificaba a las víctimas del terrorismo de la AVT de “comparsa del  Gobierno de Zapatero” y de “club de socios que se van de jarana”. Y de nuevo, su afán de protagonismo y más división: convocó una manifestación en Madrid que, ya no es que no fuese apoyada por el Gobierno de Rajoy, es que ni siquiera lo fue por las principales asociaciones de víctimas del terrorismo de España. La Federación de Asociaciones Autonómicas de Víctimas del Terrorismo, incluso, llegó a mostrar su ‘total rechazo’ a la cita por considerar que Voces Contra el Terrorismo representaba ‘a una minoría’.

Podría seguir con la lista de ejemplos de cuánto daño y división ha hecho Alcaraz a una causa que dice defender. Imaginen de lo que es capaz con algo en lo que parece no cree, como es el feminismo y la igualdad entre personas independientemente de su raza o inclinación sexual. Ese es Alcaraz, eso es Vox.