Opinión · Posos de anarquía

Málaga vende su alma al diablo

Demolición de la Mundial – Pedro J. Camuña (@PedroJ1976)

La que está a punto de concluir pasará a la historia como una semana negra para la ciudad de Málaga. Desde el pasado domingo, La Mundial es historia. Se trataba de un antiguo palacete y posterior pensión, diseñada por el arquitecto Eduardo Strachan a finales del siglo XIX. Su valor historico-artístico era incuestionable, hasta que se puso encima de la mesa una fajo de billetes y un proyecto de hotel de Rafael Moneo. Ya no queda más que un recuerdo y ansias de revancha.

Al frente del Ayuntamiento de Málaga desde hace 19 años, Francisco de la Torre (PP) presume de ser el gran transformador de la ciudad. No es así. Decir que la ha transformado es un eufemismo; en realidad, la ha aniquilado. El Partido Popular (PP) tiene el dudoso honor de haber conseguido demoler más de 300 edificios históricos de Málaga para poner a la ciudad a los pies de la especulación, del capitalismo más sucio, vil y rastrero que se puedan imaginar.

La Mundial ha sido la última víctima o, por ser más preciso, la última estocada que desangra a la ciudad poco a poco, porque víctimas somos todas las personas que la habitamos; especialmente quienes han mamado de ella, quienes han visto cómo Málaga perdía su esencia, cómo De la Torre vendía su alma al diablo por un puñado de euros.

Nadie que cometa estas tropelías puede decir que ama Málaga. Nadie. Lo que De la Torre ha perpetrado en El Perchel o ahora en Hoyo de Esparteros no tiene nombre. Evidencia cuán hueca esta su alma, cómo la ha devorado un capitalismo depredador insaciable que ahora engulle lo poco que resta de esencia a una Málaga que agoniza.

Como un castillo de naipes, durante el mandato de este personaje han ido cayendo uno a uno los edificios barrocos del siglo XVIII de la calle Granada, los de la calle Tomás de Cózar del siglo XVIII y XIX, los de la misma época de las calles Ballesteros y Muro de las Catalinas, los de Beatas, Álamos… la lista supera los 300. ¿Acaso alguien puede pensar que una ciudad puede conservar su alma si se la despojade su patrimonio?

Calles fotocopias que se convierten en un plano más de ciudad; da igual donde se mire, podría ser cualquier capital, con sus franquicias, sus cadenas de hoteles o la fiebre de los apartamentos turísticos que han expulsado a los habitantes de la ciudad. Esa es la ciudad que ha creado De la Torre, convertida en una escombrera con hologramas de modernidad, llamando ‘cultura’ a sembrar la urbe de museos que ni siquiera son sostenibles económicamente mientras ha ido eliminando todos los escenarios de expresión artística alternativos.

La voracidad de De la Torre ha encontrado cómplices como Ciudadanos o el PSOE, que durante su permanencia en la Junta de Andalucía no dudó en revocar las declaraciones de Bien de Interés Cultural (BIC) a víctimas ya demolidas, como es el caso de la Mundial… o de dar su beneplácito a un gigantesco rascacielos en pleno puerto contra el que no sólo las organizaciones ecologistas han cargado, sino la mismísima UNESCO… o el atentado medio ambiental del Arrajainal.

Aunque repite como candidato en las próximas elecciones municipales de mayo, la era De la Torre debería tocar a su fin. La suya como la de tantos otros alcaldes y alcaldesas por toda España, pues aunque el  caso de Málaga es muy singular por la magnitud de la tropelía, historia similares se repiten por toda la geografía.

De la Torre, alias Paquito Piquetas, ya ha hecho bastante daño a una ciudad que no se reconoce. Tras dos décadas de mandato, lo único que le puede restar por hacer es seguir especulando con una ciudad que no ama; tan solo juega con ella como un tablero de Monopoly. Toca desahuciarle como él ha hecho con cientos de malagueñ@s expulsad@s de la ciudad porque, sencillamente, no tenían boleto para el parque de atracciones en que se ha convertido. Tienen su oportunidad, no la desaprovechen el próximo 26 de mayo.