Opinion · Posos de anarquía

12,2 millones de abstención para frenar a la extrema-derecha

Recuento de votos./EFE/Jesús Diges

El próximo domingo acudiremos a las urnas en una campaña donde el miedo ha sido el argumento común de todos los partidos, personalizándolo en función de cada formación: miedo a la extrema-derecha y sus políticas antidemocráticas, miedo a la quiebra económica, miedo a romper España, miedo a la corrupción… ¿Y saben qué? A lo que más miedo tengo yo es a que, una vez más, quien gane la mayoría absoluta sea la abstención.

La tasa de participación en las elecciones generales lleva cayendo en picado desde hace años. Si en 2004 la abstención supuso un 24,34%, en las últimas elecciones de junio de 2016 se disparó hasta el 33,52%, superando los 12,2 millones de personas que no pisaron el colegio electoral. En algo más de una década, casi 4 millones de ciudadan@s más que no votaron.

Yo tengo la convicción de que si se moviliza ese voto es posible desactivar la amenaza de la extrema-derecha, que se autoridiculiza por momentos. Si no fuera porque se trata de una cosa muy seria, cada intervención de los líderes de Vox, con su monologuista Iván Espinosa de los Montero a la cabeza, podrían llenar páginas de El Jueves y Mongolia o el guión de una película de Borja Cobeaga.

Me recordaba ayer una persona muy querida cómo Santiago Abascal arengaba a sus filas gritando «os prometimos que iniciaríamos la reconquista de España por el sur, ¡y lo hicimos! Ahora vamos a por el resto». Claro, lumbreras, ¿os es que esperabas iniciarla por el norte? El vividor de las mamandurrias de Esperanza Aguirre acostumbra a llamar a su partido de origen (PP) «la derechita cobarde», pero fue él quien no tuvo el arrojo suficiente para volcar su campaña en Comunidades como País Vasco, Navarra…  Y ayer, ni siquiera  consiguieron llenar el pabellón polideportivo de Málaga…

Vox no merece llegar muy lejos y España, decididamente, no se merece a Vox. Basta ver cómo trata el partido a la prensa -ver los insultos a eldiario.es, sus intenciones de cerrar La Sexta…– para ver el cariz antidemocrático que destila la extrema-derecha. Mientras lloran por las esquinas por que la ley -y no el Gobierno o RTVE o La Sexta- les impidió participar en los debates electorales televisados, rechazan todas las invitaciones que reciben de otros debates. La escasa base que tiene su programa electoral no da para debatir… imposible llenar dos horas hablando de lo que aman España y ni siquiera conocen los aspectos más esenciales de su legislación, como cuando en Andalucía querían cerrar Canal Sur y no sabían que para eso había que modificar el Estatuto de Autonomía…

El próximo domingo España está llamada a abrir el camino de una nueva Europa, a recuperar la izquierda en el Viejo Continente y cerrar el paso a la extrema-derecha y los alumnos aventajados de Steve Bannon. La Historia de España nos dice que es posible, que cuanto más cree la extrema-derecha que roza con los dedos el poder, las urnas hablan y le dan una bofetada de realidad, hasta el punto de que han de recurrir a golpes de Estado de verdad, y no lo que dicen que se ha producido en Catalunya.

Frenar a estos neofascistas es posible. Ya lo ha hecho Portugal, cuyo Gobierno entre socialistas y comunistas ha obrado el milagro económico real -no el de Rato encarcelado-, en contra de lo dictado por los halcones del FMI y la UE. Para liderar esa justicia social que promete la izquierda, esos más de 12,2 millones de personas han de depositar su voto en las urnas. Tienen mucho que ganar y, si no lo hacen, mucho que perder… y si lo pierden, ya será tarde.