Opinion · Posos de anarquía

Arrimada a la mentira

ABC publica hoy una entrevista a Inés Arrimadas (Ciudadanos), que se revela como una manipuladora de la realidad a su antojo. Más allá de ideologías, Arrimadas ha conseguido concentrar y destilar las cualidades más despreciables de la clase política: dosis de mentiras e hipocresía a partes iguales.

El mismo día que los informes policiales desmienten la versión de Arrimadas y los suyos sobre lo sucedido en la manifestación del Orgullo LGTBI, la diputada naranja vuelve a regodearse en su realidad moldeada a medida. La altanería de la política de Cs es de tal envergadura que continúa creyendo que fue Marlaska quien calentó el ambiente provocando que fueran increpados. Es incapaz de ver que son sus políticas y sus mentiras a la hora de ocultar sus pactos con Vox (recriminados por el presidente Macron) las que agitan las calles. En lugar de abrir los ojos, se instala en la mentira, a la luz del informe policial en el que no sólo no se describen las agresiones que repite Arrimadas como un mantra, sino que se sostiene que la comitiva de Cs no siguió las recomendaciones de la policía.

A medida que se avanza en la entrevista, la sensación de leer mentira tras mentira cobra más fuerza. ¿Alguien se cree que Arrimadas no sabe por qué Albert Rivera no fue a la manifestación del sábado? Ella niega saberlo, indicando que «supongo que tendría otros compromisos».  De ser así, dice mucho que quienes lideran el partido no planteen juntos quién y cómo va a representar a Cs en una marcha en la que de antemano sabían que no eran bien recibidos.

Arrimada a la mentira, la diputada acusa a la izquierda de haberse apropiado del 8-M y del Orgullo LGTBI. Una afirmación levantada sobre otra manipulación: es la derecha la que se excluye con sus políticas, con su negación de la violencia de género en favor de la intradoméstica, cuando son cosas distintas, con sus privación de derechos al colectivo LGTBI, como la inseminación. En una suerte de esquizofrenia de ‘todos contra mí’ ni siquiera es consciente del ridículo que hace.

Evasivas e irse por los cerros de Úbeda son otra constante de Arrimadas, incapaz de encarar la realidad y el lugar en el que sus actos la han puesto. Preguntada por haber desaprovechado la histórica victoria de 2017 en Catalunya  y abandonar a sus votantes saltando a Madrid, la política se compara con Rufián, que jamás ha optado a presidir la Generalitat. Arrimadas elude hablar de cómo ni se molestó en descolgar el teléfono para propiciar encuentros porque, en primer lugar, Cs no sabía gestionar el conflicto catalán más allá de reclamar la activación del artículo 155 y, en segundo, porque el partido de Rivera prefirió seguir echando gasolina a la pira catalana para sacar rédito en las Elecciones Generales.

Y así, pregunta tras pregunta, evidencia que Ciudadanos nunca fue el partido de la regeneración, sino más bien de la degeneración, que ahora se ha aferrado a la estrategia del victimismo, creyendo que se enfunda el disfraz de héroe de la democracia cuando, a ojos de cualquier persona informada, no pasa de niño malcriado pataleando por no ver cumplidos sus caprichos. Lamentable.