Opinion · Posos de anarquía

Arrimadas de la mano de Otegi homenajeando a víctimas de ETA

Ciudadanos en el Orgullo LGTBI en Madrid. (EFE)

Este fin de semana se ha vivido en Madrid un nuevo éxito  del Orgullo LGTBI, un acto que aunque la derecha no lo entienda, es tan político y reivindicativo como festivo -aunque tenga mis reparos por cierto tufo mercantilista-. En esta edición, la provocación de Ciudadanos (Cs), buscando instalarse una vez más en el victimismo, empañó la manifestación. Afortunadamente, las palabras posteriores de Inés Arrimadas y los tuits del escondido Albert Rivera volvieron a poner en el sitio que corresponde a la formación naranja. Y no es del lado de las libertades civiles.

La Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELGTB) y Cogam volvieron a dar una lección de sensatez: pidieron a Cs que hagan autocrítica, que piensen cómo es posible que las personas a las que dicen defender sean, precisamente, las que les increpan. La respuesta es sencilla: porque, en realidad, esas personas se sienten amenazadas, agredidas por la formación naranja.

Ya no es sólo que Cs pacte con Vox, que si algo ha demostrado es que los valores que promueve son generadores de odio en todas sus vertientes (religioso, xenófobo, homófobo, machista…), es que cuando gobierna, no se corresponden los hechos con sus palabras. Por mucho que la vicealcaldesa Begoña Villacís (Cs) indique que «el único pacto que he visto es el que nosotros hemos firmado con el PP, donde se reconoce que vamos a seguir luchando por los derechos LGTBI«, no se defiende al colectivo LGTBI cuando, gobernando junto al PP, censuran parte de la campaña que se había preparado para este año, eliminando de los carteles la parte que homenajeaba a las personas mayores que abrieron las vías de la conquista de igualdad. Sencillamente, es absurdo. Incluso desplazan la bandera LGTBI en la fachada del Consistorio.

Para que lo entiendan quienes aún así no terminan de comprenderlo, es como si Otegi quisiera acudir de la mano con Arrimadas a un homenaje de víctimas de ETA. Desde la óptica de Cs (que, obviamente, yo no comparto), sería una provocación y no me cabe la menor duda de que el líder de EHBildu sería abucheado, insultado… Como tampoco creo que Arrimadas o Rivera lo criticaran, más bien al contrario.

No es justificable que a Arrimadas y compañía se les lanzaran objetos -según dicen los miembros de Cs-, pero sí que se les increpara. La ciudadanía no puede consentir que quien contribuye a su malestar tenga la desfachatez y el cinismo de acudir justamente a actos que protestan contra ese malestar. Basta ya de tanta  hipocresía.

Posteriormente, que la derecha y la extrema-derecha exijan la dimisión del ministro del Interior cuando éste dice que pactar con Vox tiene consecuencias es grotesco. Todo en esta vida tiene consecuencias, aunque estos partidos no han estado acostumbrados a eso durante mucho tiempo. El victimismo y la sobreactuación de Ciudadanos son ridículos, desubicados, como lo es su líder al afirmar que «eso es el sanchismo, señalamiento e intolerancia». La formación naranja ha hecho del victimismo su bandera, recurriendo a la provocación esperpéntica en cuanto tiene ocasión, como cuando en la campaña electoral de las municipales acudieron a Ugao-Miraballes, el pueblo natal de Josu Ternera, en el que ni siquera tenían candidatura.

Se retratan, cada vez más, y sólo alientan a su hinchada. La política oportunista, irrespetuosa, irresponsable e hipócrita es lo que es, por mucho que Cs quiera enmascararlo. Ya no hay capa  de maquillaje suficiente para ocultar lo que son.