Opinion · Posos de anarquía

20.000 parásitos del dinero público

Son un plaga, una sucesión de parásitos enchufados a dedo, sin respetar los principios mínimos de igualdad, mérito, capacidad, publicidad y libre concurrencia. Son los cargos de confianza que, bajo el eufemismo de ‘personal eventual’, cobran del dinero público… y se extienden por todas las Administraciones. Son los enchufados con cargo a nuestros impuestos.

La Razón publica esta mañana que sólo entre el Congreso y el Senado la cifra de cargos de confianza tras las últimas elecciones generales se dispara hasta los 248 cargos de confianza, a pesar de que su actividad es mínima, pues hace más de cuatro meses que no se produce una sesión de control a este gobierno en funciones. De hecho, todos los cargos de los presidentes, vicepresidentes, secretarios y portavoces en las comisiones ni siquiera se han estrenado, pero se llevarán calentito el sueldo.

La experiencia nos dice que buena parte de estos cargos de confianza ni siquiera están preparados para las labores que se supone deberían desempeñar. Se trata más bien de la devolución de favores, recolocaciones por no haber conseguido escaño o guiños a otras personas de mayor rango. Sucede en la política nacional, pero también en las Comunidades, Diputaciones, Ayuntamientos, etc. Quienes nombran no lo ven como un gasto, sino como una inversión, puesto que en algún momento beneficiará a su futuro particular, de un modo u otro.

La cifra total de parásitos en toda España está indeterminada, aunque el año pasado la Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF) realizó una estimación escalofriante: cerca de 20.000 personas enchufadas con un sueldo medio de 50.000 euros brutos al año.  Dicho de otro modo, las personas colocadas a dedo nos chupan al año unos 1.000 millones de euros de nuestros impuestos.

Ni siquiera hay demasiado decoro a la hora de confeccionar los nombres de los puestos para encajar al elegid@: sin ir más lejos, la presidenta del Congreso Meritxell Batet (PSOE) tiene a seis personas a su cargo con más que aparentes duplicidades: su director de Gabinete de la Presidencia cuenta de su respectivo director adjunto; lo mismo que la jefa de Secretaría, que también tiene a una adjunta y a una secretaria… redondea la pléyade, la socorrida directora de Comunicación.

En esto de los cargos de confianza, no hay color político: todos los partidos se suben al carro, desde la extremaderecha de Vox a la izquierda de Unidas Podemos, pasando por el tándem PP-PSOE. El mejor ejemplo de quienes no renunciar a su cuota de enchufe lo podemos encontrar en Ciudadanos, que cuando no tenía posibilidad renegaba de estos cargos reclamando más funcionariado y procesos selectivos limpios y, ahora, no duda en incrementar la lista de chupasangres.

En esta coyuntura, el objetivo que durante años se puso encima de la mesa con un «hij@, tú sácate unas oposiciones y hazte funcionari@» está mutando, hacia un horizonte de cargo de confianza, mucho más llevadero y que no precisa quemarse las cejas empollando tediosos temarios. ¿Saben qué es lo peor? Que en muchos casos los partidos hablan de «cuidar a nuestra gente» sin reparar en que al resto nos excluyen, porque nos hurtan 1.000 millones de euros al año que buen apaño hacía a la Sanidad o la Educación públicas. No somos su gente. Nunca lo fuimos.