Opinion · Punto de Fisión

Dos más uno igual a cero

En la víspera de todas las vísperas, Pdr Snchz se encuentra en la embarazosa situación del tipo (o la tipa) con dos amantes oficiales, que quiere contentar a la/os dos y al final se va quedar con ninguno/a. Este delicado juego de sexos (y de sesos) tiene lugar entre los extremos de la balanza, alrededor de ese delicado lecho político llamado centro, tan estrecho que en muchos países suele colocarse de canto. Así no hay manera de copular y la cama, puesta en pie, levantisca, termina erizada en barricada, uno de los pocos puntos de encuentro donde suelen dialogar los políticos españoles. Habitualmente, a garrotazos.

En los sesenta y en los setenta, en pleno despendole de la libertad sexual, existía la costumbre de organizar orgías caseras en las que los invitados acudían por parejas a una mansión, los hombres dejaban el llavero del coche en un cuenco; luego cada esposa escogía un juego de llaves y subía a uno de los dormitorios con el afortunado. Era más divertido si se hacía con los ojos vendados, aunque podía darse el caso de acabar entre sábanas con la propia esposa de uno. Era un riesgo que había que correr. Aquí el problema es que Snchz ha venido a la orgía en taxi y la carrera le va a salir por un pico.

Lo de ir a follar los jueves con uno (o con una) y los lunes con otra (o con otro) suele concluir mal, muy mal. Se equivocan las promesas, se confunden los nombres, se traspapelan los regalos y la cosa va degenerando hasta que ya no tiene remedio. Snchz puede acabar divorciado de sus dos pretendientes antes del matrimonio, lo cual, tal y como se avecina la investidura, podría ser todo un éxito. Él quisiera montar una cama redonda, un espacio maravilloso igual que aquel anuncio de Coca-Cola («al mundo entero quiero dar / un mensaje de paz») en donde quepa todo el mundo: derechas, izquierdas, nacionalistas, mareas, naúseas e incluso señoritas andaluzas. Es un proyecto encomiable, un deseo digno de una Miss Universo, pero poco práctico y, la verdad, poco realista. Un jeque, siempre que sea lo bastante imprudente, puede cometer el dispendio de casarse con seis o siete esposas, pero ni se le ocurre la temeridad de satisfacerlas a todas a la vez. Mucho menos aún juntarlas la misma noche de bodas.

Dicen que la política es el arte de hacer extraños compañeros de cama, pero Snchz, a base de jugar a tres barajas, está complicando la suya hasta el punto de la zoofilia. Es el problema de querer acostarse al mismo tiempo con todos los interlocutores sociales, desde los pobres de pedir hasta los banqueros, desde las chavalas del 15-M hasta los señorones del Ibex. Lo mejor de una pareja, no necesariamente sexual, es que uno y uno sumen más de dos, proeza aritmética que Snchz puede rebasar por vía negativa. Ser guapo no basta, sobre todo cuando en el dormitorio de arriba te espera un gatillazo con barba y gafas.