Del consejo editorial

Asumir la vulnerabilidad

 CARMEN MAGALLÓN

La irrupción de la gripe porcina ha puesto en primer plano algo que sabemos desde siempre, pero que está apartado no sólo de nuestra cotidianidad, sino también de reflexiones de proyección más amplia. Es el hecho de que somos seres vulnerables y que nuestra vulnerabilidad se expresa en circunstancias diversas. Sabemos que lo que pasa en cualquier lugar del mundo, en este caso en México, a través de los vuelos internacionales, de duración generalmente menor que el tiempo de incubación de la mayoría de enfermedades infecciosas, afecta con rapidez al resto de la humanidad. Sucedió con la extensión del sida, el virus Ébola, o la enfermedad de Creutzfeld-Jakob. Desde la perspectiva de la enfermedad –y también desde el impacto del cambio climático– cada día vamos tomando más conciencia de que vivimos en un espacio que es común y, pese a las distancias, reducido.

Al hilo de circunstancias análogas, el feminismo pacifista ha puesto de relieve la importancia de asumir en profundidad que la vulnerabilidad no es coyuntural, sino una característica del ser humano de la que es posible extraer consecuencias para la vida y también para las políticas públicas, en particular, para afrontar violencias y conflictos internacionales. Aunque se muestre de modo diverso, bajo el paradigma del hambre en el Sur, y las pandemias o el terrorismo en el Norte y el Sur, la vulnerabilidad, individual y colectiva, es también un rasgo común.

La política hegemónica enfrenta la vulnerabilidad negándola, tratando de demostrar que el rearme sofisticado, la impermeabilización de las fronteras y un uso del poder tal que, llegado el caso, no duda en atacar y destruir al otro
–reacción ante el 11-S–, pueden convertirnos en invulnerables. Un enfoque distinto nace de la asunción de la fragilidad constitutiva de un ser, nosotros, que nace dependiente, incapaz de sobrevivir por sí mismo y sometido al riesgo constante de contraer enfermedades. El pensamiento que no niega sino que asume la vulnerabilidad surge de la materialidad de las prácticas de cuidado de niños y enfermos, históricamente a cargo de las mujeres. Y ciertamente conduce a otro tipo de actitudes y de políticas, orientadas no a la dominación, sino a la cooperación y el apoyo mutuo.

Aunque ser hombre o mujer no implica adscribirse a una u otra opción ante la vulnerabilidad, a nivel simbólico, la búsqueda de la invulnerabilidad está codificada como masculina, mientras que el reconocimiento de la interdependencia y la vulnerabilidad, responder intentando acoger al otro, está codificado culturalmente como débil y femenino. En la medida en que las experiencias históricas femeninas están devaluadas, se hace difícil para cualquier líder político asumir la vulnerabilidad sin ser devaluado a su vez, sin ser desacreditado por inclinarse hacia opciones consideradas débiles. Se necesita mucha convicción interior en un líder varón para escapar del estereotipo salvador y heroico que elige poner en juego la prepotencia tecnológica. Asumir coherentemente la vulnerabilidad denota una gran fuerza. Algunos y algunas la poseen. ¿Seremos capaces, los demás, de apoyarlos?

Carmen Magallón es  Doctora en Físicas y directora de la Fundación Seminario de Investigación para la Paz