Opinion · Dominio público

Una izquierda europea a la altura de la emergencia climática, social y democrática

Toni Valero

Coordinador de IU en Andalucía

Edificio del Parlamento Europeo.
Edificio del Parlamento Europeo.

El Partido de la Izquierda Europea (PIE), del que forma parte Izquierda Unida, oficia su sexto congreso en Benalmádena, emblema del turismo de sol y playa. Estamos en Andalucía, una tierra que se promociona para recibir turistas proyectando su mejor imagen posible. La última campaña institucional a tal efecto vende Andalucía bajo el concepto “intensamente”: “playea intensamente”, “tapea intensamente”, “vive intensamente”, etc. “Intensamente” significa “de manera que afecta fuertemente los sentidos”.

Ciertamente, quienes vivimos en Andalucía cada vez lo hacemos más “intensamente”. La emergencia climática se da con especial intensidad en nuestra tierra, sufrimos una sequía severa en siete comarcas agrícolas, Andalucía está a la cabeza en pérdida de suelos fértiles por erosión y desertificación, y las temperaturas medias están subiendo con el consiguiente aumento de las lluvias torrenciales.

También con intensidad acontece un desmantelamiento de los sectores económicos. Los fondos buitre están entrando en el sector agrario, acaparando tierras, arruinando a pequeños productores y potenciando modelos de explotación hiperintensivos gravosos para el medio ambiente y generadores de desempleo. La uberización campa a sus anchas por las ciudades y los precios del alquiler están desorbitados, también aquí la entrada de fondos buitre tiene mucho que decir. Con un tejido industrial débil, una enorme dependencia del sector turístico y una regulación neoliberal de las relaciones entre el capital y el trabajo, soportamos intensamente una precariedad laboral de las más altas de la UE.

Con cruel intensidad golpea la violencia de género en Andalucía.  El año 2018 fue la comunidad autónoma en la que más mujeres fueron asesinadas por sus parejas o exparejas, en 2019 ya son once las mujeres matadas, la brecha salarial supone 4.000 euros menos anualmente en el salario de las mujeres con respecto a los hombres y más de 250.000 andaluzas ancianas tiene como única paga la viudedad, es decir, malviven con solo 664 euros al mes. No en vano, por este y otros motivos derivados de la violencia de género, en Andalucía se habla de la pobreza en femenino ya que las mujeres encabezan las tasa AROPE (At Risk of Poverty and/or Exclusion).

La desigualdad y la pobreza también “afectan fuertemente a los sentidos” del pueblo andaluz. Más de tres millones de andaluces están en riesgo de exclusión social, la tasa de paro supera el 20%, al igual que la tasa de abandono escolar. Por el contrario, las mayores fortunas en Andalucía suman más de 8.000 millones de euros. Para esta minoría social están orientando políticas fiscales injustas redundando en la desigualdad.

Andalucía se está convirtiendo en un nicho de negocio para fondos buitre y grandes multinacionales a costa del desarrollo económico y social de nuestro pueblo. También hacen rapiña con los servicios públicos, cada vez más privatizados o externalizados.

El panorama no es diferente al de muchas otras partes de Europa, tan solo se diferencia en la intensidad. Los procesos globales relativos al calentamiento global, la precariedad laboral, el desmantelamiento de sectores productivos, la violencia de género o la desigualdad social acontecen en Andalucía con especial virulencia.

Por todo lo anterior, en Andalucía somos conscientes de las indispensables respuestas a escala global y, muy especialmente, en el ámbito europeo, para revertir estos procesos. Se hace imprescindible la articulación de un movimiento popular impugnatorio de las políticas neoliberales de la UE con su correlato en las instituciones. El cuestionamiento de los cimientos neoliberales de la UE y del compromiso neoliberal de sus gestores ha de contemplar una alternativa. La urgencia de la misma es absoluta. A la emergencia climática y social hemos de sumar el riesgo de involución democrática. En los nuevos tiempos el neoliberalismo necesita de formas autoritarias para desarrollarse. Las fuerzas neofascistas se sirven del descontento social y de la incapacidad de la UE y de sus estados miembros para resolver los problemas del pueblo trabajador, para crecer y social e institucionalmente. Es imperioso que las fuerzas políticas del PIE coordinen estrategias para que la lucha por el planeta (el hilo verde), la lucha feminista (el hilo violeta), y la lucha por la emancipación del trabajo (el hilo rojo), frenen el auge del neofascismo y alumbren nuevas políticas. Cuestionar el neoliberalismo pasa por hacer valer la soberanía popular en una UE al servicio de plutócratas y alumbrar nuevas formas de integración europeas. Esta UE es la de los mercaderes, y los partidos neofascistas son los monstruos que han generado sus políticas neoliberales.