Dominio público

Vox y los tríos

Abascal en el Congreso LGTBI EFE
El presidente de Vox, Santiago Abascal, habla por teléfono en su escaño mientras un diputado con simbología en defensa de los derechos LGTBI pasa por su lado. EFE

Un tuit de la política de Ciudadanos Malena Contestí publicado el domingo recogía en toda su amplitud cómo las políticas progresistas, de derechos y libertades se dan de bruces contra las posiciones más retrógradas del pensamiento global dentro del Congreso, además, pasando desapercibidas en medio de la vorágine informativa que lo inunda todo de expolíticos que se cortan el pelo y otras que bailan el chotis.

Lo peor del vídeo que tuiteó Contestí no son las palabras de la diputada que habla, aun consiguiendo en pocas palabras la perfecta síntesis entre el ultracatolicismo, la LGTBI-fobia y la anticiencia; lo peor del vídeo es la normalidad del resto de diputados que asisten al despropósito de Su Señoría sin inmutarse ni decirle que esas fobias no tienen cabida en un Estado de derecho. Como si fuera normal que Mercedes Jara, diputada de Vox por Almería, dijera lo que dijo en el marco de esa democracia avanzada de la que nos jactamos.

Lean esto, transcrito literalmente:

"Señorías, votaremos en contra de esta proposición no de ley. Vox se opone a los métodos de fecundación artificial que sustituyen al acto natural de procrear e introduce a terceras personas dentro de la pareja hombre-mujer, único ámbito donde aceptamos que nazca una nueva vida.


Los médicos estamos al servicio de las personas y de la procreación humana y no nos corresponde disponer ni decidir por ellos, únicamente ayudar a la procreación, interfiriendo lo mínimo posible en el método natural de reproducción. En caso de infertilidad, estamos totalmente de acuerdo en el estudio de ambos miembros de la pareja y en solucionar los problemas médicos que puedan interferir en la concepción. Si existiesen problemas insalvables de infertilidad, aceptamos la inseminación artificial, aunque creemos que la adopción es una alternativa válida y deseable en muchos casos.

Asimismo, estamos en contra de la manipulación de gametos, preembriones y embriones y por supuesto, de las aberraciones conceptuales a las que nos lleva la práctica de la reproducción asistida, como es el caso de la destrucción de los embriones sobrantes, la congelación de los mismos, la donación, la compra de gametos y el abandono de los mismos".

La diputada Jara, médico de extrema derecha pura, suelta el discurso que todo miembro de la Conferencia Episcopal Española y Hazte Oír habría soñado, además, en plena sede de la soberanía nacional, en la Comisión de Sanidad y en respuesta al socialcomunismo de una propuesta del PSOE para crear un Registro Nacional de Donantes (RND) de gametos y preembriones (pág. 172, BOCG del 12 de mayo) y facilitar así la protección de los derechos de todos y todas las implicadas en el ámbito de la reproducción asistida, muy avanzado y con complejas derivadas jurídicas y sociales que van surgiendo en su camino. Lo normal, vamos.


Menos para la ultraderecha.

Fijémonos en cuánto se puede decir en tan pocas palabras. La médico Jara ha dejado muy claro que los hijos/as fuera de la pareja hombre-mujer no son bienvenidos para Vox; que además de las parejas homosexuales, las madres solteras o padres ídem están fuera de su concepción de la procreación -ese término que nos retrotrae a los templos más oscuros- y que a la reproducción asistida solo se recurre en caso de extrema necesidad y con la cabeza gacha, insistiendo mucho en que deben de ser padre o madre o padre y madre quienes garanticen su infertilidad. Para el neofascismo, ninguna fórmula más debe ser aceptada y siempre como último recurso.

Todo este discurso ha sido aceptado con normalidad -insisto, nor-ma-li-dad- en una sesión de la Comisión de Sanidad del Congreso; sin inmutarse el resto de diputados... ¿Entienden cuando hablamos del peligro de la normalización, de la apatía ante el discurso de ultraderecha, negacionista de derechos y libertades y espoleador del retroceso democrático?


Es esto, lo tenemos aquí, y no pasa nada. Nos rasgamos las vestiduras cuando se pronuncian en los Plenos y sale en las televisiones, pero el día a día, qué más da... Nos hemos acostumbrado a escucharlos aquí y allá sin prestar atención a sus barbaridades. Y son 52 diputados y diputadas como la señora Jara, con la que sus compañeros de Comisión ni siquiera se han reído -porque hay que reírse- cuando ha trasladado literalmente el despropósito de que "Vox se opone a los métodos de fecundación artificial que sustituyen al acto natural de procrear e introduce a terceras personas dentro de la pareja hombre-mujer, único ámbito donde aceptamos que nazca una nueva vida". Terceras personas en el acto natural de procreación, a dónde vamos a ir a parar.