Dominio público

La venda en los ojos de la Justicia era solo papel higiénico

Fachada y entrada al edificio del Tribunal Constitucional, en Madrid. E.P./Eduardo Parra
Fachada y entrada al edificio del Tribunal Constitucional, en Madrid. E.P./Eduardo Parra

El Partido Popular es ese que se da golpes de pecho reivindicando en voz alta la despolitización de la justicia un jueves, y el viernes propone como integrante del Tribunal Constitucional a Enrique Arnaldo. Ese partido que hace eslogan de la Constitución cada fiesta de guardar y convierte a la institución que ha de velar por ella en coto privado de caza. A la derecha española le van bien las instituciones públicas cuando las trata como un bien inmueble propio. ¿Y a la izquierda?

"Un sujeto de querencias millonarias, amorales, deshonestas y partidistas", así definía este viernes Ana Pardo de Vera a Arnaldo en este periódico al aprobado por PP, PSOE y Unidas Podemos en las Cortes como nuevo magistrado del Constitucional. Y es que en las últimas semanas no ha salido noticia positiva del implicado y, a pesar de ello, ni la primera, ni la segunda, ni la cuarta fuerza política del Estado han movido un ápice lo pactado en los despachos. Cuando la opinión pública y la publicada aborrecían el nombramiento, los partidos hacían oídos sordos, como intentando agrandar la distancia que separa a políticos con la ciudadanía.

La jugada le ha salido bien al PP, que demuestra que en las negociaciones de los cargos institucionales con el Gobierno no sale mal parado. Ya celebró la composición del Consejo de Administración de RTVE, ahora hace lo propio con la estrategia seguida en el Constitucional, donde uno de sus objetivos era tensionar, cuando no dinamitar, a la coalición de las izquierdas. Otro objetivo era poner a los suyos de vigías del cortijo, que tampoco está nada mal.

Teodoro García Egea demuestra mucha más habilidad negociando con el PSOE que apagando incendios en la interna. Mientras el electorado conservador les reprocha la sangría por las puñaladas entre Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso, el PP lanza un mensaje colocando a Arnaldo y a Concepción Espejel en los despachos del edificio circular de la calle Doménico Scarlatti madrileña. Aquí el mensaje de la derecha es claro, la izquierda gobierna, pero en las instituciones hacemos lo que queremos. En la primavera se ha de renovar otra parte del Constitucional que debería dar una mayoría progresista de magistrados en el mismo. Veremos.

En el Gobierno de coalición, sobre todo en la parte socialista del mismo, se da por hecho que una vez que han tragado con este sapo del Constitucional, el PP no podrá negarse a renovar el Consejo General del Poder Judicial. Ya veremos . El negociador principal socialista, el ministro de Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática, Félix Bolaños, habría visto una oportunidad para que el PP no pudiera negarse a sus candidatos más izquierdistas (AKA. de Unidas Podemos) si no tensionaba con el batracio Arnaldo. La evaluación de lo conseguido por el PSOE estará en si modifica el peso de la balanza en los próximos meses, en si consigue una mayoría progresista para el TC, en si renueva y gira a la izquierda el status quo conservador del CGPJ.

Si el PSOE ha podido pasar de puntillas por el fango, este le llega hasta el cuello a Unidas Podemos. Y en las filas confederales patalean por la evidente injusticia: quien menos ha tenido que ver en la negociación, más críticas está recibiendo por ella. Otra victoria de la derecha. Y es que ha llevado el marco de la discusión al terreno más alejado de lo comprensible para las ideas, las promesas, las expectativas y la ideología de Unidas Podemos. ¡Tragar con la corrupción!

En Unidas Podemos recuerdan, en forma de mantra, la evidencia de que la correlación de fuerzas marca las condiciones de posibilidad de influir en el Gobierno. Si la correlación de fuerzas fuera más favorable a las izquierdas, evidentemente, las políticas serían más sociales y más rupturistas. Una correlación de fuerzas que, entre otros elementos, la dan los votos y los escaños (con la injusta imposición de las otras instituciones públicas o privadas que ejercen el poder sin ser elegidas democráticamente). Sin embargo, la duda es, ¿se consiguen votos y escaños votando a Arnaldo para el Tribunal Constitucional? ¿Mejorará esto la correlación de fuerzas en un futuro o la empeorará?

Semana aciaga para la Justicia que ve cómo la estrategia de los partidos culmina con la entrada en el Tribunal Constitucional de dos personas que, a poco que se revise lo publicado sobre ellas en la prensa de derechas e izquierdas en los últimos días, no reúnen las cualidades éticas para tal alto rango. Desde el Renacimiento la justicia se representa con unas vendas en los ojos. Una ceguedad que se refiere a la incapacidad de distinción entre unas personas y otras, entre unas clases y otras, la justicia las considera a toda iguales. Ya. Hoy, en España, podríamos pensar que las vendas fueron confundidas con papel higiénico. Usado.