Dominio público

La pugna por la reforma laboral refuerza a Yolanda Díaz contra pronóstico

La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz durante la rueda de prensa tras el Consejo de Ministros celebrado este martes en el Palacio de La Moncloa. EFE/Javier Lizón

La pugna por la reforma laboral no está desgastando la figura de Yolanda Díaz. Para quien prefiera ver el vaso medio lleno, en realidad la está consolidando. Esta podría ser una conclusión rápida del último barómetro del CIS de noviembre. La foto fija nos dice que los dos partidos medianos, Unidas Podemos y Vox, mejoran en una coyuntura de desgaste para el bipartidismo. Sin embargo, la panorámica en movimiento lo matiza: la única dinámica importante es el crecimiento de los morados, anclados en torno al 10% desde hace un año, y que ya se colocan en torno al último resultado electoral. Vayamos por partes.

La ministra de Trabajo sigue siendo la figura política nacional mejor valorada (4,76) y la segunda por orden de preferencia para ser la próxima presidenta del país (15,8%). Dos variables orientativas que si bien pueden no determinar los resultados electorales, sí nos permiten medir temperatura política. Sin embargo, de nuevo hay que acudir al paisaje y olvidarse de la foto. Hace tan solo dos meses (barómetro de septiembre) únicamente el 11% la prefería como presidenta.

Unos datos que inciden en la capacidad potencial de arrastre que puede tener Díaz en electorado socialista o morado que desertó en los últimos años. Entre aquellos que optaron por votar al PSOE en 2019 la valoración de Díaz sube hasta el 6,1, una cifra muy cercana a la que tienen de su propio presidente y líder Pedro Sánchez (6,69). Y casi dos de cada diez votantes socialistas la preferirían como próxima cabeza del ejecutivo. En octubre era solo el 15%.

En el regate corto, dos elementos ponen encima de la mesa estos datos. En primer lugar, que la lucha acontecida en el seno del Gobierno con motivo de la reforma laboral no está desgastando la imagen atractiva que el electorado del PSOE tiene hacia la vicepresidenta segunda. Y, en segundo lugar, que finalmente su efecto arrastre está infiltrándose en las siglas de Unidas Podemos. Justo dos años después de las elecciones la candidatura morada podría mejorar resultados. Un hecho que adquiere mayor relevancia teniendo en cuenta que en la primera mitad del 2021 las encuestas colocaban al espacio por debajo del 10%, una fuerza que, debido al efecto mecánico del sistema electoral, la llevaría a la irrelevancia aritmética. La cuestión, no obstante, sigue en el aire: ¿la subida de Díaz corresponde en mismo grado a la mejora de la marca electoral existente? ¿Hay techo electoral por debajo del mágico 15% que permite evitar los peores efectos del sistema electoral?

No todo brilla bajo el cielo. Yolanda Díaz sigue presentando importantes huecos demoscópicos. Es significativamente menos conocida entre los más jóvenes y las mujeres, y los mayores de 45 (así como los pueblos y los que presentan menos estudios) todavía no la ven presidenciablemente deseable. De esta forma, empiezan a configurarse dos liderazgos generacionales: Yolanda Díaz es la favorita en los últimos barómetros del CIS entre los menores de 45 y Pedro Sánchez entre los mayores de la misma edad. A pesar de ello, su valoración es transversalmente generacional. Los más jóvenes valoran en términos similares a la ministra de Trabajo que los más mayores. Unos hechos que empiezan a abrir el costado izquierdo del PSOE. Casi un 8% de sus votantes hoy apostarían por Unidas Podemos. Por primera vez en mucho tiempo las ganancias de los morados desde los socialistas son superiores a sus pérdidas.

Sin embargo, si la pugna laboral puede tener un importante peso en lógica interna (motivación de los propios y trasvase PSOE-UP), la cuestión de radical actualidad e importancia es el precio de la luz (el 91,2% le preocupa mucho y bastante). Una situación de agravio personal para casi la mitad de la población (48,2%) que percibe que su precio ha subido en los últimos meses. Por ello, una cifra significativa de siete de cada diez españoles y españolas considera que una intervención pública es conveniente para controlar el precio.

Sigue habiendo, pues, una doble clave política: generacional y económica. La recuperación sigue sin aterrizar (el 67,1% cree que la situación económica de España es negativa, pero solo el 24% cree que lo es la suya personal) y casi la mitad (48,6%) de jóvenes no siente simpatía con ningún partido político. Dos cuestiones superpuestas en ocasiones (los jóvenes son, además, los que peor visión tienen de la economía nacional) y que tendrán un gran peso en el futuro político del país. La forma que adopten estos conflictos es todavía una incógnita.

Por último, empieza a adoptar tintes dramáticos la situación del principal líder de la oposición. Solo uno de cada diez ciudadanos confía en Pablo Casado. Un nivel de confianza que no llega al 50% ni siquiera entre los suyos. Y menos de la mitad de votantes del Partido Popular le quiere como próximo jefe de gobierno. De momento, no obstante, no aparece Ayuso o Abascal como serios rivales a ojos de la opinión pública y de los simpatizantes populares. Un hecho que podría deberse a que el problema es eminentemente de oferta y no de demanda.

Como fuera, el punto de no retorno de la legislatura empieza a arrojar movimientos políticos cada vez más interesantes. El diagnóstico empieza a estar claro. La diatriba reside, a partir de ahora, en cómo aplicar remedios y, sobre todo, conectar necesidades políticas propias con anhelos sociales generales. Las fichas están encima del tablero. Ahora hay que saber moverlas.