Opinion · Dominio público

Por una condicionalidad keynesiana

Sergio Cesaratto

Catedrático de Política Económica, Universidad de Siena, Italia*

Sergio Cesaratto
Catedrático de Política Económica, Universidad de Siena, Italia*

Hace diez años se reunió por primera vez en Florencia el Foro Social Europeo, y ha vuelto a hacerlo, en un contexto de grave crisis como el actual, durante el fin de semana pasado. Coincidiendo con esta convocatoria, se han encontrado también en Florencia diferentes redes de economistas críticos de toda Europa que desean participar activamente en el debate público a favor de un cambio en la orientación de las políticas económicas.

Pero no es sólo Florencia. Por ejemplo, después de tres días de intensa y documentada discusión en Galway (Irlanda), un grupo internacional de economistas críticos, muchos de ellos muy conocidos, elaboró una declaración concisa y sólida, que es el texto que se reproduce en este artículo. Partiendo del evidente fracaso de las políticas de austeridad, del cual los economistas críticos han sido profetas, el documento propone un cambio del órden de prioridades de la política ecnómica europea: el crecimiento del empleo es el objetivo prioritario, que se debe conseguir con una adecuada política fiscal y distributiva que sostenga la demanda agregada; la política monetaria debe estar subordinada a la fiscal, asegurando tipos de intereses mínimos. A diferencia del OMT propuesto por Draghi –el programa de intervención del BCE condicionado a la aplicación de medidas de austeridad- proponemos una condicionalidad invertida: debe garantizarse la intervención del BCE para los países que se comprometan con políticas anti–austeridad, que son aquellas que conjugan el crecimiento con la estabilización de las cuentas públicas. Por tanto, no se trata de ningún aventurismo, sino una “condicionalidad Keynesiana”: los países se comprometen a lograr la estabilidad de la deuda, pero a través de políticas fiscales expansivas apoyadas por el BCE. Y no se provocará tampoco inflación, dada la amplia capacidad productiva inutilizada. El aventurismo, ciego y cínico, es el de la austeridad y sus paladines, nacionales y europeos.

Es fundamental que estos razonamientos sean conocidos y que se transformen en instrumentos de lucha política. Una iniciativa significativa en este sentido tendrá lugar en Madrid, organizada por un grupo de economistas críticos (http://econonuestra.org/) el 22 y 23 de noviembre, con el  apoyo de movimientos sociales y asociaciones estudiantiles españolas, portugueses, griegas, e italianas, como LINK y UDS (los documentos del encuentro y el programa pueden consultarse en www.economy4youth.com). Estarán presentes economistas de los cuatros países involucrados, incluido un diputado de Syriza, y tendré el placer de abrir el encuentro.

Una visión alternativa de la Crisis en la Eurozona

De acuerdo con el diagnóstico más ortodoxo, la crisis en la Eurozona se reduce a una crisis fiscal causada por un excesivo gasto público y una brecha de competitividad entre el Norte y el Sur. Y la solución que se propone desde este punto de vista es eliminar estas diferencias de competitividad a través de una supuesta “austeridad fiscal expansiva” y de reducciones salariales. Sin embargo, hasta el propio FMI admite ya que esta vía es un callejón sin salida.

En nuestra opinión, la raíz de la crisis del Euro se encuentra tanto en la inadecuada configuración institucional de la Eurozona, que no dispone de un auténtico prestamista de última instancia ni de políticas fiscales y salariales suficientemente coordinadas, como en las consecuencias de la actuación de un mercado financiero internacional con excesiva liquidez y poco regulado, que se mostró dispuesto en el pasado a financiar cualquier desequilibrio, sin importar su sostenibilidad.

En Europa se han desarrollado dos modelos de crecimiento mutuamente dependientes. El modelo de crecimiento mercantilista del Norte, liderado por las exportaciones, no hubiera podido sostenerse sin un modelo liderado por el endeudamiento (señalémoslo, fácil de financiar) en el Sur, que tenía como consecuencia la acumulación de déficits comerciales y deuda pública y, sobre todo, privada. Como secuela de la crisis financiera, de hecho, la deuda privada se ha convertido en deuda soberana. Después, las políticas de austeridad impuestas han aumentado el paro hasta un nivel socialmente inaceptable. Si se mantienen, estas políticas llevarán a una depresión económica prolongada y a todavía más descontento social.

Las instituciones europeas no han sido ni son capaces de resolver estos desequilibrios estructurales de un modo adecuado. El desempleo masivo y la privación social que resultan de las políticas de austeridad amenazan la supervivencia de la democracia en la Unión Europea.

Perspectivas alternativas

Partiendo de este diagnóstico alternativo, estamos convencidos de que Europa debe revertir la actual orientación de sus políticas de austeridad. Esto requiere un profundo cambio institucional y político.

En términos de política monetaria, creemos que el BCE debería actuar como un prestamista de última instancia creíble para aliviar la crisis de deuda soberana. Un paso adicional es la regulación estricta de los mercados financieros, siendo necesario separar banca de inversiones de banca comercial.

En términos de política fiscal, el nexo entre el BCE y la condicionalidad fiscal debería transformarse radicalmente. La política monetaria debería apoyar y acomodar reglas fiscales progresivas orientadas claramente hacia la creación de empleo y el crecimiento. El déficit fiscal sólo puede reducirse en una economía que crece.

Estas políticas de estímulo al crecimiento son consistentes con la estabilización a largo plazo de la relación Deuda/PIB y, en la situación actual de paro masivo, estas políticas no suponen ningún riesgo significativo de inflación.

Creemos también que el ajuste necesario debe ser apoyado mediante una política de mayores salarios que estimule el consumo, empezando por los países con superávit (como Alemania) donde las políticas anteriores de restricción salarial han contribuido considerablemente a las crecientes desigualdades en la distribución del ingreso y a los desequilibrios por cuenta corriente en la Eurozona.

Si el Ministro Federal de Finanzas alemán cree en lo que dice, que ningún país puede vivir siempre por encima de sus posibilidades, entonces debe tener igualmente claro que ningún país puede vivir indefinidamente por debajo de sus posibilidades. Esto implica que una parte importante de la solución debe ser un cambio en la política salarial en Alemania.

Debe quedar claro que la prosperidad conjunta de los países de la Eurozona y de sus ciudadanos a través de la expansión de la demanda, y no la contracción de la demanda a través de la consolidación fiscal en beneficio de las altas finanzas, es la condición indispensable para la viabilidad política del proyecto Euro. Debemos tener la honestidad intelectual y el coraje de actuar en consecuencia.

*La declaración a la que hace referencia este artículo ha sido firmada también por Amit Bhaduri (India), Thomas Boylan (Irlanda), Nadia Garbellini (Italia), Torsten Niechoj (Alemania), Gabriel Palma (Reino Unido), Srinivas Raghavendra (Irlanda), Rune Skarstein (Noruega), Herbert Walther (Austria) y Ariel L. Wirkierman (Italia).