Opinion · Ecologismo de emergencia

    “Comer y cambiar, todo es empezar”. O cuando tu alimentación puede dejar de ser un acto pasivo para transformarse en activismo ambiental.

Mario Morales 

    ¿Qué puedes hacer tú para frenar el cambio climático?

    ¿Y para parar el hambre en el mundo?

    ¿Qué puedes hacer, además, para mejorar tu calidad de vida?

    ¿Nada? ¿De verdad crees que nada?

    Pues sí puedes. Eso y mucho más.

    Puedes contribuir a conseguir que se cumplan los Objetivos Mundiales aprobados por la ONU, ¡los objetivos del milenio! Fin de la pobreza, hambre cero, trabajo decente, igualdad de género, acción por el clima,… y hasta 17 objetivos que persiguen conseguir el desarrollo sostenible para las comunidades humanas de nuestro planeta.

    ¿Cómo?

    Es muy sencillo… ¡Prepárate!:

    Cambiando tu manera de comer.

 

    El inocente, y ciertamente necesario, hecho de Comer tiene unas consecuencias directas, a menudo inconscientes y desapercibidas, pero en la actualidad gravísimas para la salud humana y ambiental.

 

Algunos datos sueltos para entrar en faena:

 

-La perca del Nilo, frecuentemente servida en nuestros comedores escolares, fue introducida en 1954  en el lago Victoria por el gobierno británico. Se trata de un depredador de 200 kilos de peso y dos metros de largo, que consume enormes cantidades de peces pequeños y que virtualmente ha eliminado a toda la población de peces nativos. Desde su introducción se han perdido 200 especies únicas y las 150 que quedan están extinguiéndose.

-Hace unos decenios por cada caloría que se introducía en el proceso de producción de un alimento se obtenían unas 10. En el modelo productivo agroindustrial intensivo actual para obtener 1 caloría de alimento se invierten 100 ca.l para las verduras de invernadero en invierno ( hasta 575 en ciertos casos), 35 cal. gastadas por cada una obtenida en el caso el ganado de cebo intensivo, 10 cal. para frutas,..

-El transporte aéreo de tomates (desde Canarias a Holanda, por ejemplo) consume 15 megajulios por kilo enviado, cuando el contenido energético de un kilo de tomates es tan solo de 0,5 megajulios.

-El ciudadano medio de EEUU recibe en el plato la décima parte de la energía invertida en su comida en forma de energía técnica. La energía solar acumulada en la biomasa, que asciende al doble que la técnica, ¡ni siquiera ha sido tomada en consideración!

-Una tercera parte de la contaminación mundial del agua dulce se debe a la producción de carne.

– La industria láctea y de la carne representan 70% del consumo global de agua dulce.

-La cadena agroindustrial destruye anualmente 75.000 millones de toneladas de capa de suelo arable y desmonta 7,5 millones de hectáreas de bosque.

-Diariamente se pierden 33.000 ha de tierra fértil por la mecanización excesiva y el uso de agrotóxicos.

-El número de intoxicados al año por pesticidas ronda los 5 millones y las personas fallecidas las 200.000. La mayoría de los agroquímicos son cancerígenos, bioacumulativos, provocan esterilidad, mutaciones genéticas y alergias o alteraciones en el sistema inmunológico, incluso en dosis bajas. Son tóxicos por contacto, ingestión o inhalación.

-Se estima que hasta 12 millones de toneladas pesticidas y abonos químicos de sintesis (nitratos y fosfatos) llegan a los océanos cada año (el equivalente a un camión de basura cada minuto).

-En Europa la mitad de los antibióticos utilizados tienen como destino la producción animal, de ellos prácticamente 1/3 se administran con los piensos de forma preventiva.

-200.000 especies vegetales tienen interés alimentario, 200 son cultivos importantes desde el punto de vista alimentario, 3 cultivos representan el 41,5 % de la alimentación mundial. En medio siglo hemos perdido la mitad de las variedades cultivadas.

-Por cada dólar que los consumidores pagan dentro de la cadena agroindustrial, la sociedad paga otros dos dólares por los daños ambientales y a la salud que la misma cadena provoca.

-A nivel mundial se usan 1 trillón de bolsas de plástico. Anualmente se gastan 100 millones de barriles de petróleo para fabricar esas bolsas de plástico.

-Ya son 5 las  grandes islas de plástico en los océanos.

-Cada año se pierde o se desecha aproximadamente un tercio de la comida producida en todo el mundo para consumo humano, unos 1,3 billones de toneladas. Los consumidores de los países ricos malgastan prácticamente la misma cantidad de comida (222 millones de toneladas) que la producción neta de alimentos del África Subsahariana (230 millones de toneladas).

– Las producciones intensivas de olivar orientado a la exportación están provocando la pérdida y fragmentación del hábitat del lince ibérico.

    Estos datos son sólo una muestra de los que nos ofrece, convenientemente citados y referidos, la ONGD Ecología, Paisaje y Género en su campaña:

    “Comer y cambiar, todo es empezar”. 

    La campaña explora y propone la aplicación práctica de la agroecología como ruta colectiva para revertir la situación actual y rediseñar un mundo sostenible y feliz.

    Según la FAO, “La agroecología es una disciplina científica, un conjunto de prácticas y un movimiento social. Como ciencia, estudia cómo los diferentes componentes del agroecosistema interactúan. Como un conjunto de prácticas, busca sistemas agrícolas sostenibles que optimizan y estabilizan la producción. Como movimiento social, persigue papeles multifuncionales para la agricultura, promueve la justicia social, nutre la identidad y la cultura, y refuerza la viabilidad económica de las zonas rurales…”.

    “Comer y cambiar, todo es empezar” Es una propuesta audaz y realista que defiende que cada una de las personas tiene un papel destacado e insustituible en la construcción de un mundo viable y que no tiene sentido esperar más.

    El proyecto muestra hasta qué punto todo está relacionado con la alimentación.

    Cada vez que compramos alimentos realizamos un verdadero acto electoral, a menudo inconsciente. La elección de cada alimento impulsa multitud de hechos: la técnica en que ha sido producido, el lugar donde se produjo, el momento en que se obtuvo, las condiciones laborales de las personas productoras,… De manera que nuestra influencia como elementos compradores es enorme para las economías, el equilibrio ambiental y la justicia social. Y tiene consecuencias, a menudo, planetarias.

    La propuesta comparte sus fundamentos con las más lúcidas aportaciones hechas desde la teoría económica reciente, en concreto con Kate Haworth en su publicación Economía rosquilla: 7 maneras de pensar la economía del siglo XXI.

    “Comer y Cambiar. Todo es empezar” nos facilita en su web qué pasos podemos dar cada una desde nuestra posición para que corrijamos los problemas que han generado un sistema de relaciones socio-ambientales inadecuadas. Todo ello desde el ámbito doméstico, el colectivo (social), respecto a la obtención de recursos (mercado) e incluso propone itinerarios esperanzadores para la propia administración pública.

    Las herramientas-clave que nos ofrecen y nos describen tienen como finalidad alcanzar los objetivos de cambio:

  • Sustituir el método de obtener alimentos.
  • Transformar la distribución de esos alimentos.
  • Alterar el modelo de mercado.
  • Cambiar los hábitos alimentaios.
  • Incorporar nuestra implicación en el manejo de los residuos.

    Además nos provee de una relación tan extensa como completa y erudita de contenidos dispuestos por áreas, temáticas, referencias singulares,legislación…y así como de actores (experiencias alternativas),…que nos posibilita acceder a todo el entramado de los conocimientos desde cualquier entrada.

    Estas entradas,sencillas (Comer, Alimentar-nos,… ), claras y a la vez cargadas de mensaje, intención y simbolismo son, al igual que todo el grafismo, muy atractivas.

    No hay itinerario, no es necesario. No hay linealidad y sí circularidad, donde las figuras circulares invitan a entender las relaciones y los procesos del hecho alimentario de un modo relacionado, tal como son. La herramienta emula así la realidad que quiere mostrarnos.

    Por fin una propuesta que, de un modo global e interdisciplinar, sitúa en el centro del problema sanitario, ambiental y social a la alimentación, sus relaciones y sus consecuencias, con un objetivo, y eso es lo más loable, propositivo. Hay soluciones y se pueden tomar.

    Una novedad hermosa, luminosa y colorida que nos introduce en un escenario realista donde el cambio de hábitos es la herramienta adecuada para alcanzar un mundo mejor o, sencillamente, el único mundo posible, que tenemos que construir entre todas.

    “Comer y cambiar, todo es empezar”.

    ¡Entremos!

http://www.asociacionpaisaje.org/comer-y-cambiar/