Opinion · Ecologismo de emergencia

La naturaleza nos reta: sus beneficios van a menos por falta de protección

Rosa M. Tristán 

Un grupo de científicos internacional, bajo la batuta de la Universidad de Stanford, se puso manos a la obra hace meses para intentar conseguir un mapa global de la situación de los ecosistemas de la Tierra en tres cuestiones que se consideraban fundamentales para los 7.300 millones de vidas humanas que la habitan.

Era un ambicioso reto porque, si bien hay muchos estudios parciales, utilizar técnicas de ‘big data’ para todo el planeta y lograr tener modelos de futuro, requería esfuerzos suplementarios. En concreto, se trataba de saber si en las próximas décadas la Tierra será capaz de suministrarnos todo lo que necesitemos… y de seguir así el balance no puede ser más desastroso: en 2050 más de 5.000 millones de personas, es decir más del 50% de la población humana, vivirán en zonas expuestas al máximo riesgo de contaminación del agua, tormentas costeras y pérdida de cultivos, según han publicado hace unos días en la revista Science.

De una u otra forma, nadie se librará del maltrato a la naturaleza pero señalan que las zonas más vulnerables según sus datos son África y el sur de Asia. Es más detectan que a más necesidad de recursos de la naturaleza para vivir, más disminuye la capacidad de ésta de darnos cobertura. También es verdad que en el mundo desarrollado cubrimos algunos de nuestros déficits sacando recursos de otras zonas.

El investigador vasco Unai Pascual, del Centro Vasco de Cambio Climático BC3, uno de los 20 firmantes del trabajo, explica que el objetivo era ligar la naturaleza con el bienestar humano: “Queríamos ver dónde están los mayores déficits en esas tres áreas fundamentales como es el agua, los polinizadores que representan la productividad y el deterioro costero, que es la protección frente a un aumento del nivel del mar por el cambio climático y hacerlo con un modelo interactivo.

Contaron para ello con la Plataforma Intergubernamental en Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES), creada para detectar donde habría que invertir más en naturaleza para evitar riesgos, si bien no ha logrado aún su reto, dado que cada lugar es diferente en cuanto a lo que aporta la naturaleza a los humanos que no eran fáciles de considerar. Por ejemplo, cómo un humedal situado debajo de una granja absorbe el exceso de fertilizante; cómo manglares, arrecifes de coral y marismas protegen de las tormentas a las poblaciones o cómo un hábitat de abejas cercano a cultivos permite la polinización silvestre. Esa escala ‘fina’ requería capacidades de big data computacionales que los científicos utilizaron, con la premisa de que si no se sabe lo que nos aporta la naturaleza, es imposible averiguar cómo nos afecta su degradación.

Lo que parece claro es que la protección de la naturaleza proporcionará beneficios a las personas donde sus mayores necesidades coinciden con las mayores contribuciones de la naturaleza, pero si esta se cuida, por lo que habrá que restaurar allí ecosistemas para que sea posible.

Si seguimos sin invertir en ello, indican que en 30 años hasta 4.500 millones de personas tendrán su agua más contaminada, 5.000 millones podrán perder sus cultivos por falta de polinización (ambos casos son mayoría en África y sur de Asia) y más de 500 millones (estos en todo el mundo) vivirán con riesgo costero debido al aumento del nivel del mar por el cambio climático. De hecho, en el mapeo realizado se detecta cómo hay áreas en las que habría que invertir ya para evitar esa brecha entre naturaleza y humanidad, como es la cuenca del Ganges y el este de China o zonas pequeñas en el África subsahariana. En otros lugares, indican, habrá que centrarse en reducir nuestras necesidades.

En definitiva, es la reivindicación de la ciencia como fuente de información clave para tomar estas acciones que dependen de la política.  Los científicos concluyen que el cambio sistémico debe ser amplio, que hay que ser conscientes a nivel social de lo que nos da la naturaleza y de que hay que integrarla en esa toma de decisiones porque cuánto más se invierta en ella, más beneficios obtendremos sobre todo a quienes más lo necesitan. “Revelar las contribuciones de la naturaleza a las personas, en términos diversos y accesibles, es un paso esencial para evitar los peores escenarios y transformar el mundo para que prosperen tanto las personas como la naturaleza”, concluyen.