Ecologismo de emergencia

La acuicultura, devoradora de océanos

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Cada vez somos más los consumidores que nos fijamos en las etiquetas de lo que compramos. Aún no somos la mayoría, y no nos lo ponen fácil, pero vamos a más. Las palabras "redes de arrastre" en una caja de calamares o de merluza son ya una alerta roja. Ahora, una nueva investigación realizada por la Changing Markets Foundation europea nos enciende otra luz: los supermercados no nos están informando de tremendo impacto que supone el pescado procedente de la acuicultura. No nos cuentan, y menos en España que en otros países de nuestro entorno, que esos peces de cría, que pareciera que no afectan a los mares, están acabando con la biodiversidad oceánica. Y es que no nos dicen que esa lubina y ese salmón han sido alimentados con pienso hecho con peces salvajes. En definitiva, no nos dan  la opción de elegir ser más sostenibles.

El informe, presentado a nivel europeo, pone de manifiesto que criar pescado y marisco, tal como está desarrollándose desde comienzos de este siglo, no evita el vaciamiento de los océanos que esperaban algunos oceanógrafos en el pasado, sino que promueve la sobrepesca: cada año, casi el 20% de las capturas de peces salvajes se convierten en harina y aceite de pescado (FMFO, por sus siglas en inglés) con el fin de alimentar a los animales de las piscifactorías. Sólo en 2018, de los 18 millones de toneladas de peces destinados a hacer harina para piensos, más de dos tercios se destinaron a la acuicultura.

Como es sabido, España es uno de los países más consumidores de pescado y marisco del mundo, así que hoy también es uno de los más grandes productores  importadores de acuicultura. De hecho, somos el segundo mayor consumidor de salmón fresco de la UE, tras el Reino Unido. Según Statista, en 2020, sólo de esta especie nos comemos 1,6 kilos por persona al año: 75.600 millones de toneladas. A nivel global, este consumo de pescados y mariscos de cría ha propiciado que la acuicultura haya aumentado del 5% que suponía del consumo hace pocas décadas al más de 40% que supone hoy.

Y no sale gratis. Especies como las sardinelas o el bonga, que se consideran de poco valor comercial en la UE, son esquilmadas en las costas occidentales de ese continente, provocando no sólo la pérdida de biodiversidad, sino también dejando sin proteínas a millones de personas que viven, o vivían, de su pesca. Según la FAO, son especies fundamentales para la alimentación de 33 millones de personas. De hecho, no hay mercado de esa zona donde no se vean frescos en la costa y secos en el interior, porque es así como se toman estas proteínas donde no llega la electricidad, y por tanto el frío. Las tres, recuerda también la FAO, están sobreexplotadas pero no por los pescadores de Senegal o Mauritania, que se ven abocados a migrar con sus barcas y jugarse la vida camino de Canarias.

Pese a ello, lo que nos revela este trabajo de Changing Markets Foundation es que los supermercados, en general, "hacen la vista gorda" ante los devastadores impactos de los piensos de pescado utilizados en las 'granjas acuícolas'. Hasta el 76% de las principales cadenas europeas preguntadas al respecto ni siquiera han abordado el problema. En España, ninguna está en ese camino.

Este informe, que es apoyado por entidades españolas como Carro de Combate, Acción Planetaria o la Fundación Transición Verde, incide precisamente en la distribución y lo que nos ocultan las etiquetas. Para llevarlo acabo, evaluaron a las 33 principales cadenas de supermercados, entre las que hay algunas tan conocidas en España como son Alcampo/Auchan, ALDI, Carrefour, Consum, Día, El Corte Inglés, Eroski, Ahorramas, Bon Preu, LIDL o Mercadona. Son cadenas en las que compran el pescado más de las tres cuartas partes de los consumidores de seis países europeos. Pero, ¿se han planteado presionar a sus proveedores para eliminar o reducir el pescado salvaje en los piensos acuícolas? Pues todo indica que en la inmensa mayoría no.

En el caso de las tres de origen español analizadas (Día, Ahorramás y Bon Preu), ni siquiera se han molestado en contestar a los requerimientos de información por parte de Changing Markets. Y las que han respondido, están en la sección "Falta de acción significativa". Es más, incluso cadenas que en otros países sí que se están planteando algún cambio en el asunto para el futuro, como LIDL, Carrefour o Auchan, en España no contestan y remiten a asociaciones del sector. Es lo que se llama "escurrir el bulto".

Para Changing Markets ningún supermercado tiene una política verdaderamente ejemplar sobre piensos, aunque alguna da tímidos pasos, como Auchan en Francia. En España, las pocas industrias a las que les preocupa este asunto y apuestan por una acuicultura ecológica tienen que importar piensos ecológicos del extranjero, si bien hay iniciativas de investigación como la de la Universidad Politécnica de Valencia, que ha desarrollado piensos con harinas de insectos. Quizás perderemos algo de peso en las lubinas… pero ¿acaso no compensa?

A los daños en la biodiversidad y la alimentación en el hemisferio sur, el informe añade las condiciones en las que se produce la cría, masificada, no muy diferente de la de los pollos, generándose altas tasas de mortalidad sobre las que hay poca transparencia. Aún así, CMF ofrece algunos datos: las muertes en granjas de salmón noruego fueron del 15% en 2019, y recordemos que España es de los grandes consumidores de esta especie. La Compassion in World Farming, por su parte, indica que la tasa de muerte promedio en los criaderos de salmón escoceses fue del 24,2% entre 2012 y 2017, superando con creces la mortalidad en otras formas de producción animal.

Pero de nada de ello nos cuentan nada: casi un tercio de lo distribuidores europeos (el 27%) ni siquiera incluyen en sus etiquetas del pescado el nombre del productor o de la piscifactoría y mucho menos exigen a sus proveedores información pública sobre la composición y el origen de los piensos o las condiciones de cría de peces y marisco.

Juan-Felipe Carrasco, uno de los autores del informe, denuncia que "debieran ser los supermercados quienes deben presionar a sus proveedores para que adopten mejores prácticas y en su defecto, enfrentarse a serias consecuencias para su reputación". A fin de cuentas, el engorde de peces con peces "engorda" a gran escala un mercado que ya alcanza un valor de 263.000 millones de dólares en el mundo (se producen 100 millones de pescado cada año), con pingües beneficios. Sin olvidar que FAO calcula que un 35% del pescado va a la basura.

Entre las recomendaciones finales, Changing Markets apuesta por el compromiso para eliminar gradualmente las capturas de peces para hacer piensos con la fecha tope de 2025, que los supermercados creen  'listas negras' de piscifactorías con altas tasas de mortalidad y uso de pescado salvaje y un aumento la transparencia en las etiquetas. Desde luego, los consumidores también tenemos capacidad de presión, no sólo limitando nuestro consumo de especies de piscifactoría, sino también reclamando a la hora de comprar esa transparencia que nos escamotean. La vida en los mares bien vale el esfuerzo.