Chelsea Manning vuelve a las portadas

Daniel Martín
Miembro de la comunidad editorial del 4º Poder en Red

Con motivo del Día de los Derechos Humanos celebrado este miércoles, Amnistía Internacional ha puesto en marcha la campaña Cambia una vida para denunciar la tortura y los malos tratos que sufren miles de personas por sus creencias, por sus opiniones o por hacer frente a los grandes poderes.

Dentro de las acciones englobadas en el marco de esta campaña, la organización pro derechos humanos abrió un crowdfunding para hacer que el foco mediático se centrara en la tortura a través de la compra de la portada de un periódico gratuito con presencia en ocho ciudades españolas.

En la portada del 20 Minutos del día 10 de diciembre, a toda página, bajo el titular “La indiferencia es su mayor tortura”, se podía apreciar la cara de tres personas víctimas de flagrantes casos violaciones de los derechos humanos: Chelsea Manning, Moses Akatugba y Erkin Musaev.

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Moses Akatugba es un adolescente nigeriano de 16 años al que arrancaron las uñas de manos y pies después de ser colgado durante horas y disparado en una mano para que confesara su participación en un robo. Confesó y fue condenado a muerte. Erkin Musaev fue condenado a 20 años de prisión tras firmar una confesión falsa después de que la policía le amenazara con atacar a su familia.  Amnistía internacional pide que dejen de ser torturados, que su condena sea retirada, que sean compensados por los agravios y que se enjuicie a sus torturadores

El precio de revelar trapos sucios

El único crimen de Chelsea Manning fue revelar al mundo los crímenes que el EEUU cometió en Irak y Afganistán. La soldado Manning filtró a Wikileaks material clasificado del ejército que daba cuenta de las violaciones de derechos humanos cometidos por la administración Bush.

Como castigo, mientras se encontraba a la espera de juicio, pasó 11 meses en condiciones que la ONU ha calificado de crueles e inhumanas, como estar 23 horas al día encerrada en una celda pequeña sin ventanas.

Esta semana el Senado de EEUU ha hecho público un documento que recoge las atroces torturas que la CIA cometió en nombre de la lucha contra el terrorismo. Obama ha admitido que esas violaciones de derechos humanos tuvieron lugar y que no ayudaron a garantizar la seguridad nacional. De momento nadie ha asumido responsabilidades por las torturas. A Manning, sin embargo, denunciarlas le costó una condena de 35 años de cárcel.

El caso de Manning da buena cuenta de la regresión de libertades en la que se encuentra la sociedad occidental, de los altos costes que los gobiernos ponen a la disidencia y del miedo a que integrantes del estamento militar empiecen a cuestionar órdenes y liberen información priorizando servir a su pueblos en lugar de a sus superiores.

Esta misma semana, la abogada de Manning declaró en una entrevista a Público la pena tan severa que sufre Manning es claramente una advertencia del Gobierno, una medida ejemplarizante. Sin embargo, el coraje es contagioso y a Manning le han seguido personajes como Edward Snowden o el Teniente Luis Gonzalo Segura.

En su campaña, Amnistía Internacional pide la libertad inmediata para Manning y se hace eco de unas declaraciones de la joven soldado que evidencian la naturaleza atroz de su encierro, que ataca directamente a la libertad de expresión y al derecho de acceso a la información: “Yo sólo quería ayudar a la gente. Cuando decidí revelar información clasificada, lo hice por amor a mi país y un sentido de deber hacia los demás”.

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