Teatro y política (un estercolero lleno de dudas)

 

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Después de ver «Arrojad mis cenizas sobre Mickey» de Rodrigo García subimos a una terraza de Lavapiés y hablamos sobre la obra. ¿Puede ayudar el arte en este momento de cambio que vivimos? ¿Debe hacerlo? ¿Hay que dejar que el artista se exprese como quiera o debe hacer un esfuerzo por dialogar? Claro que el artista debe vivir en las claves del arte, pero vive en el mundo. No debe ser rehén de nada, pero si pierde la compasión se convierte en un esteta mayordomo de los poderosos. Lo vemos todos los días en el cine, donde artesanos con perfección en el oficio ponen su buen hacer al servicio del infierno. Nerón prendió fuego a Roma para ver esa obra de arte. Pero Nerón no pasaba de ser un gilipollas.

Rodrigo García pelea por despertarnos y nos da con la almohada en la cabeza. El problema es que a veces la almohada tiene dentro un ladrillo en forma de concepto que no duele menos. En cualquier caso, que una obra de teatro ayude a pensar es un regalo de los cielos. Hubo un tiempo en el que los obreros italianos salían de las fábricas y sin cambiarse el mono iban a las plazas a escuchar ópera. No estaría mal que nos ocurriera lo mismo en nuestro país con el teatro. Aunque, si el PP, en 2015, ha censurado la obra de Rodrigo García en su presentación en Madrid ¿pensamos que iban a dejarnos dar herramientas al pueblo para que sacara sus propias conclusiones? No olvidemos que votar es un paso, pero luego queda todo lo demás.

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