La democracia no se defiende censurando

Claro que la democracia se defiende de los que quieren arruinarla. Es una de las principales enseñanzas de la caída de la República de Weimar y del ascenso del fascismo en los años veinte y treinta del siglo pasado. Pero si arruinas la democracia para defenderla, estás haciendo un pan como unas hostias.

Lo hace constantemente la democracia realmente existente, especialmente cuando gobierna la derecha. Ahí está la ley mordaza. Hoy, si Valle-Inclán publicara Luces de Bohemia probablemente sería denunciado por Pablo Casado, Cayetana Álvarez de Toledo e Isabel Díaz Ayuso (ésta, al menos, mientras solucionaba lo suyo). Y más de un juez dictaría prisión preventiva para Valle. Y que nadie se engañe de qué haría la extrema derecha con la libertad de expresión si llega a gobernar. Así que a los demócratas nos toca echarnos las manos a la cabeza cuando escuchemos canciones huecas llenas de ruido y  furia escritas y cantadas por un gilipollas y decir al tiempo en voz alta que estamos en contra de que censuren precisamente a esos gilipollas.

El verdadero problema suscitado con el rapero C. Tangana es haberle contratado cuando el ayuntamiento de Bilbao tiene aprobado no contratar públicamente con quien tenga comportamientos machistas, racistas, homófobos o esté sancionado por corrupción. Muy sensato. Pero una vez que lo has hecho, rescindirle el contrato es un error. Porque la libertad de expresión es un bien superior al que hay que cuidar. Hay que dejar de perseguir opiniones. Eso lo hace la derecha. La izquierda obra de otra manera. Y si las fiestas las programaran no burócratas sino la gente de los barrios, otro gallo, mucho más feminista, cantaría.

No les refuerces no les alimentes no les des facilidades ni publicidad, pero no les censures. Y cuidado con las equidistancias. No es igual rescindir el contratado a alguien que es antifascista, como Luis y Pedro Pastor, cuyo pensamiento está amparado por la constitución y que sería una obligación de primero de democracia, que a un fascista, un machista, un franquista o un corrupto que van contra la democracia y la convivencia pacífica. Eso lo hacen los franquistas que defienden el régimen diciendo que es igual la bandera republicana, nacida de una Constitución, que la franquista, nacida de un golpe de Estado apoyado por Hitler y Mussolini.

Es mala cualquier censura institucional, pero está bien la mayor sensibilidad social, especialmente cuando se están viviendo en las ciudades y en los entornos de fiesta el surgimiento de “manadas” a las que nadie debiera celebrar en sus letras. El machismo no es respetable y con las amenazas que están sufriendo las mujeres, que nadie se extrañe si se señala a los  que alientan a través de la música esos comportamientos. No es contradictorio no censurar a esta gente y al tiempo señalarles como enemigos de la convivencia. La censura administrativa es señal de una democracia corrompida y la censura social es señal de una comunidad despierta y sensible ante sus derechos. Es mejor que nadie quiera comprar algunos libros ni escuchar determinada música a ponerlos en ningún índice prohibido. Porque, de lo contrario, seremos nosotros los que terminaremos pagando el pato del regreso de la censura.