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El grafeno y el error de inflar expectativas

Desde que en 2004 los investigadores Andre Geim y Konstantin Novoselov aislaran el grafeno, por lo que recibieron el Premio Nobel de Física en 2010, se ha sucedido una larga lista de promesas incumplidas y sueños rotos. Una década después de aquel reconocimiento internacional, quizás podría decirse que el modo en que se ensalzó las bonanzas y aplicaciones de este material bidimensional se exageró tanto como su fracaso.

¿Ha revolucionado el grafeno el mundo de la electrónica o la medicina? Esas fueron solo algunas de las promesas realizadas en torno a este material, del que ya se había comenzado a hablar en la década de los años 40, cuyas propiedades de ligereza, flexibilidad, resistencia, dureza y conductividad elevaron las expectativas extraordinariamente. La espera aún continúa.

Una de las voces más escépticas ha sido la del experto británico Philip Ball, poniendo en duda que realmente lleguemos a ver microchips basados en circuitos de carbono en lugar de silicio. Hace dos años, durante la Semana del Grafeno de San Sebastián, algunos investigadores como el prestigioso del MIT Pablo Jarillo se mostraban confiados en que, efectivamente, el grafeno será una revolución tecnológica… pero requiere más tiempo. Como ejemplo, citaba los transistores de germanio-silicio, a los que llevó más de 30 años extender su utilización.

Parece, pues, una cuestión de haber inflado las expectativas, especialmente en lo que se refiere a la inmediatez de sus aplicaciones. En este sentido, resulta particularmente interesante un artículo publicado en la revista Futures el año pasado en el que se sostiene que la forma en que se producen las expectativas varía según el ámbito de éstas, lo que puede explicar por qué se discuten ciertas expectativas en algunos ámbitos pero no en otros.

Esta publicación resuelve la escasa atención prestada al contexto y los medios por los cuales se ha creado, circulado y compartido todas estas expectativas, identificando cómo han contribuido al efecto de bola de nieve desde la misma comunidad científica, a periodistas científicos, coordinadores, políticos, consultores, fondos de capital riesgo o empresas, entre otros.

Sin embargo, poco a poco, parecen estar ajustándose expectativas y realidad y, realizado ese ejercicio, el potencial continúa siendo muy elevado. Este mismo año se ha publicado Graphene Flagship, que viene a ser el primer manual de instrucciones del grafeno. Se trata de un proyecto europeo en el que han colaborado más de 70 investigadores, entre los que se encuentra la española Mar García-Hernández (impulsora de la Red Española de Grafeno), que ha coordinado las más de 500 páginas de este manual con más de 1.500 referencias científicas.

La primera conclusión destacada del macroestudio es que no existe un único tipo de grafeno, sino múltiples tipos en función de la manera en que se sintetice. Algo, por otro lado, para lo que también es necesario comenzar a establecer protocolos de estandarización que, en la actualidad, no existen. De hecho, los investigadores de Graphene Flagship han demostrado la existencia de al menos 1.800 materiales bidimensionales. El grafeno se ha convertido en el paraguas bajo el cual se encuentran todos estos materiales, entre los que se encuentra el fósforo negro, por ejemplo, que desde los avances realizados por el Trinity Collegue de Dublín ha ganado muchos enteros.

Entre los obstáculos con que se ha topado el grafeno en la última década, la producción a escala, esto es, en cantidades industriales, destaca sobremanera… a un precio razonable, claro está. El Graphene Flagship ha supuesto un salto de calidad en el alineamiento de expectativas-realidades, más aun estableciendo diferentes tipos de grafeno y calidades; no todas las aplicaciones requieren la misma calidad de grafeno y, por tanto, su producción a escala es más factible.

Con todo, la rueda vuelve a girar, esta vez alrededor de COVID-19, que ha acaparado el grueso de los fondos de investigación (en España escasos), en ocasiones de manera oportunista, desviándose de los objetivos originales. En lo que al grafeno se refiere, investigadores de la Universidad de Granada aseguran estar desarrollando un dispositivo portátil para el diagnóstico precoz y seguimiento del coronavirus, mientras que desde la a Universidad Autónoma de Madrid se trabaja en la producción de máscaras de protección contra patógenos. ¿Caeremos de nuevo en inflar las expectativas?