Opinion · La verdad es siempre revolucionaria

Los infundios contra la República

Este 14 de abril nuevamente la conmemoración de la proclamación de la II República, de la que se cumplen 88 años, vuelve a verse atacada por los infundios y espúreas interpretaciones que difunden sus detractores. Y no por solamente los monárquicos capertovetónicos que desean recrear la Reconquista y el reinado de don Pelayo, sino más desgraciadamente, por los historiadores, escritores, periodistas, politólogos, y toda clase de  aduladores y vendidos a este régimen monárquico, que se pretenden “objetivos” y hasta progresistas, que pululan por los medios de comunicación y las tertulias políticas, sobornados por el “establishment”. Estos personajes y personajillos –y que miserable e ignorante es la mayoría de la clase intelectual y política de nuestro país- se dedican, estos días de emocionantes recuerdos republicanos, a ensuciar con sus mentiras y falsas interpretaciones de los verdaderos hechos la verdadera génesis y recorrido de la II República y de sus más ilustres promotores y defensores.

La visita que realizó Pedro Sánchez a la tumba de Machado en Colliure -que esos políticos no tienen límite en la tergiversación de la historia cuando creen que conviene a sus intereses- con la bandera monárquica y afirmando que los principios y valores de la Constitución de 1931 estaban reproducidos en la de 1978, ha dado ánimos a los corifeos de esta monarquía, heredera de las mayores corrupciones que contamos en nuestra trágica historia, para lanzarse nuevamente a afirmar infundios tales como que la derecha construyó la II República, y que “muchos izquierdistas no creían en ella”, sin precisar quiénes eran esos izquierdistas –término despectivo- porque eso sería dar una información que no apoya su tesis, ya que únicamente los anarquistas criticaron la forma de Estado, puesto que en su ideario no cabe el Estado. Pero bien se guarda de precisar que fueron ellos, los obreros de la CNT y los activistas de la FAI, y las mujeres de Mujeres Libres, los primeros que corrieron a defender la República cuando se produjo el golpe de Estado, arriesgando con ello no sólo sus principios sino su propia vida que tantos perdieron con una valentía y generosidad sin límite. Hasta el punto de que, contrariando lo que habían siempre defendido apasionadamente, los dirigentes García Oliver y Federica Montseny aceptaron entrar en el gobierno de la República en 1937 cuando empezaba a ser evidente que se corría el peligro de que el fascismo ganara la guerra. Y no sólo los anarquistas lucharon en la Guerra Civil, sino durante 15 años en que, a la par que los comunistas, sostuvieron las guerrillas que se mantuvieron tanto en todas las montañas de España, como en la guerrilla urbana que perduró hasta 1960, cuando la guardia Civil asesinó al Savater en el pueblo catalán de Sant Celoni.

Uno de esos intelectuales de salón y de banquetes, se queja de que “la izquierda menosprecie una Transición que engendró una democracia semejante a la de 1936”. Y tanta osadía resulta muy difícil de soportar cuando la II República se atrevió a enfrentarse directa y violentamente al Capital, a la Iglesia, a la aristocracia latifundista, a los militares africanistas y retrógrados, en aras de implantar un régimen abierta y sinceramente democrático. A declarar en el artículo 6 de su Constitución que “la República española  renuncia a la guerra para resolver los conflictos internacionales.” Lo que le ocasionó su sangriento fin.

Es inaceptable que ese personaje se atreva a afirmar que “si Machado viviera, no tendría ninguna duda: pensaría que …la democracia de hoy, es humanamente, la victoria de la II República”. No basta que tengamos 150.000 víctimas del genocidio franquista en todas las cunetas, carreteras, campos y cementerios de España, sin que haya habido ningún gobierno democrático que haya tomado la responsabilidad del Estado de encontrarlos y exhumarlos para darles un entierro digno, porque somos el país después de Camboya que tiene más desaparecidos. No basta con que no se hayan anulado los criminales juicios de la dictadura y reintegrado a las víctimas el honor y las compensaciones económicas que se les deben, después de dictar en 1977 una ley de Amnistía que deja impune los crímenes del franquismo. No basta con que los verdugos y los que dieron las órdenes de las detenciones, torturas y fusilamientos no hayan sido detenidos y juzgados nunca, y que sea preciso que se persigan estos crímenes en Argentina. Y que algunos de esos torturadores, como Billy el Niño siga en libertad y gozando de las medallas que le han concedido.

No basta con que esta monarquía sea la aliada más fiel del Capital, y que su familia haya acumulado una estimable fortuna con las comisiones que percibe de todas las importaciones de petróleo de los regímenes sátrapa de Medio Oriente; no basta con que la Iglesia siga manteniendo los privilegios y recibiendo las inmensas subvenciones millonarias que le entregamos cada año, mientras imparte doctrina en más del 30% de los colegios concertados y nos roba el mayor patrimonio nacional; no basta con que la aristocracia latifundista posea ahora el 55% de las tierras cultivables de España mientras a los jornaleros andaluces hay que pagarles el PER unos meses al año para que no se mueran de hambre; no basta con que nuestros gobiernos “democráticos” nos hayan involucrado en las infames guerras imperialistas con que están destruyendo Afganistán, Irak, Siria, Libia, Yemen; no basta con que esta democracia permita que mueran ahogadas en nuestro Mediterráneo miles de personas que huyen de esas mismas guerras que han organizado los gobiernos “democráticos” europeos y estadounidenses. No basta con que las desigualdades entre las clases trabajadoras y las poseedoras, entre el hombre y la mujer, sean cada vez mayores, mientras España es el país que tiene menos carga fiscal de todos los países europeos adelantados. No basta con que se hayan destruido los sectores productivos para entregar nuestra economía a un turismo improductivo y depredador que destruye nuestros paisajes y nuestro medio ambiente.

No basta con que la corrupción haya anidado durante 40 años en el sistema político, financiando a los partidos de la derecha para ganar falsamente las elecciones, con la permisividad, la complacencia y la complicidad de la Monarquía, buena parte de los parlamentarios y de la judicatura, y que en este momento tengamos más 800 cargos políticos procesados, enjuiciados y condenados. Entre ellos el yerno del rey dimitido y cuñado del actual.

No basta que esos corifeos de este injusto sistema lo defiendan con los más espúreos argumentos, mintiendo sin la menos vergüenza, sino que además se atreven, en el colmo de la infamia, a utilizar a nuestros mártires, como Antonio Machado y Manuel Azaña, para afirmar que éstos defenderían este perverso sistema que nos trajo la Transición, impuesto por las fuerzas franquistas ante la debilidad de la izquierda.

Esos viles adulones de este régimen monárquico no tienen ningún límite y al parecer no se les puede poner, para que al menos tengan un poco de respeto por aquellos de nuestros antepasados republicanos que dieron todo lo que tenían, hasta la vida, por implantar y defender una República democrática, igualitaria, moral, que nada tiene que ver con el corrupto sistema que se ha implantado en nuestro país después de la Transición. Porque esos ignorantes y mediocres plumillas que de todo se atreven a opinar, mostrando su desconocimiento de lo que ha sido nuestra historia, y sin perder su arrogancia, nunca se involucrarían en la lucha por las libertades y la igualdad en nuestro país, cómodamente instalados y cobrando por su papel de corifeos de este poder monárquico que nos domina.

En la tumba de Machado y de Azaña y de tantos de nuestros luchadores y luchadoras republicanas, debería ponerse la lápida de Roldán que dice de sus armas: “Que nadie las mueva/ que estar no pueda/ con Roldán a prueba”.