El ojo y la lupa

Una camisa relativamente sucia

En una antigua y descatalogada novela del húngaro Gabor Vaszary, ‘Mon p’tit, cariño mío’, el bohemio protagonista sólo tiene dos camisas y, sin lavar ninguna, consigue llevar siempre una limpia. Se pone la primera una semana, la guarda y utiliza la segunda dos semanas. Para entonces, la inicial, con ‘sólo’ siete días de mugre, está aún relativamente limpia, así que la utiliza dos semanas más, hasta que la otra parece relativamente limpia. Y así, ‘ad infinitum’.

Ni demonizo a ‘The New York Times’ (NYT) como instrumento de los intereses norteamericanos ni le santifico como biblia del periodismo objetivo e independiente, sin otro dios que la verdad pura y dura. Entre tanta camisa sucia en los medios de comunicación, hasta una relativamente limpia puede relucir si a veces planta cara al poder, que no al sistema.

El director del NYT, Bill Keller, ha escrito lo que pretende ser una lección magistral de periodismo en la que explica cómo el diario tuvo acceso a los papeles de Wikileaks, se relacionó con Julian Assange y trató con la Casa Blanca, la CIA, el Departamento de Estado, el Pentágono y el FBI. En un libro de momento sólo digital, ‘Open secrets: WikiLeaks, War and American Diplomacy’, Keller hace equilibrios sobre el alambre. Es difícil, por ejemplo, entender el interés de informar de que, en una primera cita, Assange llevaba calcetines y camisa sucios (y no relativamente) y olía "como si no se hubiera bañado durante varios días". O que, tras reseñar la ira del activista por la publicación de perfiles negativos de la supuesta fuente de la filtración y de él mismo, se presenten los problemas judiciales de éste en Suecia para ubicarle en la frontera entre héroe y villano y compararle con los personajes de la saga Millenium.

Como Assange debió pensar que así no se debe tratar a un socio, para la segunda tanda de revelaciones, la de los despachos diplomáticos, exigió excluir al NYT del acuerdo. Aún así, ’The Guardian’ le entregó los documentos, sin permiso de Wikileaks. Otra lección de periodismo, o de ética.

Más reveladora aún es la forma en que Keller se refiere a las reuniones con representantes de la Administración norteamericana para decidir qué se publicaba y qué no. Por mucho que aluda a la necesidad de proteger la seguridad nacional y la de las fuentes, y aunque defienda que se cumplió el lema de dar "todas las noticias que merecen ser impresas", el clima de cooperación y autocensura que describe es inquietante, y no cuadra con el distanciamiento deseable entre el primero y el cuarto poder.

Al menos en es este caso, la camisa, más que relativamente limpia, me parece relativamente sucia.