El fantasma de Mao

Sin ser exactamente un disidente, Qiu Xiaolong, autor de la serie que tiene como protagonista al inspector jefe Chen Cao, debe pagar un precio para que sus novelas se publiquen en China: retoques por parte de la censura que, por ejemplo, convierten Shanghai, escenario de sus tramas, en una genérica Ciudad H.

Ignoro si ‘El caso Mao’ (Tusquets) ha sido editada en China. De ser así, los censores habrán tenido trabajo extra. No sólo para camuflar referencias a lugares concretos de la capital financiera del país, sino para convertir en políticamente correcto un argumento que desnuda las debilidades humanas de Mao Zedong. Pese a los cambios históricos de los últimos 32 años en China, y aunque el actual régimen, con sus luces y sus sombras, no sea ni sombra de lo que fue, la figura del Gran Timonel conserva su valor icónico, lo que le preserva aún del escrutinio imparcial.

Los hallazgos del inspector Chen sobre la vida amorosa de Mao, sobre la crueldad o indiferencia con que trataba a sus esposas y sus compañeras de baile y cama cuando dejaban de interesarle, se convierten en material caliente y peligroso porque no encajan ni con la historiografía oficial ni con la imagen de líder revolucionario comprometido con la construcción de un nuevo mundo en que no cabían las desigualdades, y menos entre sexos. De ahí que el escéptico policía busque el equilibrio entre cumplir su misión (hallar un material comprometedor entregado por Mao a una de sus amantes) y no averiguar demasiado de lo que el Gobierno desea que siga oculto.

Qiu Xiaolong, que reside en EE UU (aunque viaja con frecuencia a China) y cuyo padre fue víctima de los ‘guardias rojos’ durante la Revolución Cultural, presta más atención al trasfondo histórico, a su huella en el presente y a la menguante pero aún notable vigencia de Mao (incluso como poeta), que al retrato de la sociedad actual y a la intriga policiaca, débil y de final decepcionante. Tal vez lo más notable en el aspecto literario sea el hábil recurso a diálogos en los que se intercalan fragmentos de poemas antiguos, incluidos algunos del propio Mao.

Con independencia del juicio que el fundador de la República Popular merezca a cada cual, este libro contribuye a entender el país que desafía a EE UU por la supremacía mundial, y anima a saber más sobre él. ‘En busca de la China moderna’, de Jonathan B. Spence (también en Tusquets) ayuda a lograrlo. Un desarrollo cronológico y un estilo distanciado, objetivo y directo, sin alardes excesivos de erudición, hace digeribles sus más de 1.000 páginas. Los lectores de ‘El caso Mao’ hallarán aquí respuesta a muchas de sus dudas.