Opinion · Memento

Caroline Betemps y Lucía Egaña: “Todo arte es político, como todo cuerpo es político”

Lucía Egaña y Caroline Betemps son activistas antirracistas y feministas residentes en Barcelona. Su propia experiencia migratoria les ha llevado a realizar distintos proyectos relacionados con la situación de las personas migrantes y la denuncia del racismo, tanto el cotidiano como el institucional. Prueba de ello, es el Real Archivo Sudaca, que reúne imágenes con ejemplos cotidianos de racismo y prácticas coloniales. Ahora presentan a finales de este mes Acá soy la que se fue. Relatos sudakas en la Europa fortaleza. Como leemos en la introducción, este libro “surge de una iniciativa de dos sudakas que llevan más de una década viviendo en el reino de España pero sobre todo surge de una necesidad colectiva latente, la de juntarse, contarse y compartir experiencias muchas veces invisibilizadas”.

El proyecto tiene como objetivo que las personas migrantes puedan contar por ellas mismas sus propias historias, que sean los protagonistas de su propio relato y no simples sujetos de estudio de trabajadores de ONG´s o de académicos que investigan un tema que nunca van a vivir. Para ello, les propusieron que relatasen en primera persona su experiencia, que contasen su historia como quisieran. No había ninguna condición: podían hablar de su vida en Europa o de lo que suponía estar lejos; de lo que habían perdido o de lo que habían encontrado; de un único momento o de todo el proceso migratorio.

Sobre el libro, sobre la cultura como herramienta de cambio, sobre el activismo y sobre el crecimiento de la extrema derecha hemos podido hablar en esta entrevista. Y sobre el camino que falta por recorrer para que Europa deje de ser fortaleza y de tratar a Abya Yala como la colonia que fue. ¿O sigue siendo, al menos para los europeos?

En mi blog entrevisto a personas relacionadas con el mundo de la cultura. He hablado sobre todo con músicos pero también escritoras e ilustradoras, por ejemplo. En este caso, sois autoras de un libro donde escriben otras personas que no sois vosotras. Por lo cual, mi primera petición es que os presentéis y defináis vuestro papel en Acá soy la que se fue. Relatos sudakas en la Europa fortaleza.
Caroline y Lucía: Nos dedicamos a la investigación, a la producción cultural y a la escritura (cualquier cosa nos pueden buscar en internet) (risas) pero, en este proyecto en concreto, somos editoras y compiladoras pero no autoras. Aunque redactamos la introducción y la convocatoria y Lucía aparece como co-autora de uno de los relatos. Nosotras impulsamos la iniciativa de juntar, en una publicación, relatos de personas migrantes como lo somos nosotras, provenientes de Abya Yala y que viven o vivieron la experiencia migratoria en Europa. Aunque nosotras lo editamos, el libro es de autoría colectiva y las autoras son: Lucrecia Masson, María Basura, Gabriela Contreras, Klau Chinche, Ce Quimera, Mafe Moscoso, Sandra Abd´Allah-Álvarez Ramírez, Gabriela Parada Martínez, Florencia Brizuela González, AnouchK Ibacka Valiente, Yosjuan Piña – Erchxs, Magdalena Piñeyro, Francisco Godoy Vega, Linda Porn Davis, Fernanda Nogueira, Nata n Rodríguez Di Tomaso, Pêdra Costa, Caborca Lynch, Carolina Tamayo Rojas, Bea Cantero Riveros, Joyce Jandette, Úrsula Santa Cruz, Daniela Ortiz y Helen Torres.

Sois dos personas migrantes procedentes de Latinoamérica que residís en Europa. Vuestra historia tiene los mismos componentes que las que nos aportan las distintas personas que relatan sus experiencias en el libro. ¿Por qué decidís centraros en estas historias concretas que comparten género, procedencia y destino? ¿Buscabais contar vuestra propia historia desde diferentes puntos de vista?

Portada de 'Acá soy la que se fue'
Portada de ‘Acá soy la que se fue’

C: Todas las personas involucradas en la producción del contenido de este libro somos migrantes, tanto las autoras como las editoras y la ilustradora. Lo único que no ha sido hecho por migrantes es la publicación y la distribución, de la que se encarga la editorial Antipersona y con quienes estamos contentas de trabajar porque han captado muy bien dos aspectos importantes de este proyecto: la autoría colectiva y el libre acceso online.
Creo que lo que buscábamos era producir colectivamente unos contenidos que hablasen desde la multiplicidad de la experiencia migrante, desde un nosotras tan amplio como lo es ser sudaka en Europa. Lo que sí intuíamos es que hay experiencias comunes, muchas veces vividas en silencio o individualmente (eso lo sabemos por nuestras propias vivencias), que creíamos importante colectivizar. Porque sabemos de la importancia del nombrar primero para existir después.
L: Creo que cada experiencia es distinta, de hecho uno de los temas que atraviesa el libro son las diferencias. A pesar de que las autoras parece que comparten procedencia, esto no es tan así. Abya Yala en realidad tiene como el doble de extensión territorial que toda Europa y, por lo tanto, contiene mucha diversidad y múltiples territorios como para ser considerado “uno solo”. La verdad es que en el libro hay muchas formas de escribir, distintas identidades de género, experiencias y posiciones diversas.

P: Cada relato, además de ser una historia distinta, también tiene una manera de relatar diferente, particular. Algunos son en primera persona, otros en tercera. Unos incluyen diálogos, son más narrativos y alguno es más cercano al ensayo o a la columna de opinión. ¿Existían peticiones concretas para el libro o había libertad para cada texto?
L: El libro está inspirado en una antología de 1981 llamada Esta puente, mi espalda. Voces de mujeres tercermundistas en los EEUU, editada por Cherríe Moraga y Ana Castillo, con textos de mujeres migradas y racializadas viviendo, como decía, en los Estados Unidos. Una de las cosas que nos interesaba de ese libro como referente e inspiración era que tiene contribuciones en formatos muy diversos: poesía, ensayo, fotografía, diario… Nos interesaba mantener esa libertad de escrituras y, en la invitación a participar, cada autora era completamente libre de interpretar el asunto con el formato y la forma que más le acomodara.
C: Sí, tanto formato como contenidos eran libres en la convocatoria. La única petición es que para la etapa impresa del proyecto los formatos fueran, obviamente, imprimibles. Si continuáramos con este proyecto en un blog en el futuro, otros formatos serían bienvenidos.

También cada persona tiene una situación personal distinta y, digamos, un estatus laboral y académico concreto pero las une la pertenencia a un determinado grupo social y el compromiso político ¿buscabais que las historias fueran narradas desde el prisma de la clase obrera y el activismo?
C: En la Introducción del libro decimos que “coordinamos este libro para las migradas y las migrantes de Abya Yala, para las que tienen alguna relación con los feminismos críticos o no, para las que nombran sus diferencias y también para las que han descubierto sus diferencias a partir de la migración.” Estos son los ejes en común. Las posiciones de clase de las autoras son muy diversas pero, además, ciertas categorías se alteran con la migración de lugares de Abya Yala a Europa, en donde, si bien no siempre, generalmente se da una pérdida de derechos. También ocurren otros procesos interseccionales de deshumanización en la migración que no se corresponden solamente con los ejes sexo-clase-género, tal cual se entiende desde los nortes.
L: Sí, quizás el uso como paraguas del término “clase obrera” resulta un poco europeo o limitado para el contexto de este libro…

La cultura es, muchas veces, un reflejo de la sociedad y/o relata una época y un contexto concreto. Con la extrema derecha subiendo en intención de voto en toda Europa, con una ola de xenofobia y racismo extendiéndose también por todos los países de la zona y que se traduce en políticas migratorias vergonzosas pero también en agresiones y humillaciones cotidianas, ¿llegará el momento en que libros cómo este cuenten historias ya superadas? O, desgraciadamente, ¿estas narraciones seguirán vigentes y actuales durante años?
L: Las narrativas coloniales, xenófobas y racistas tienen más de 500 años de antigüedad, así que difícilmente se podrán eliminar con facilidad… Otra cosa es que existan cada vez más libros que narren ciertas experiencias que han sido históricamente invisibilizadas.
C: A tu primer pregunta respondo: ¡Ojalá! A la segunda, sobre la vigencia y la duración de propuestas como la nuestra, tengo mis dudas de que lo que mueve Europa ahora hacia un aparente retroceso en su lógica lineal de desarrollo, sea la falta de información o contenidos sobre el racismo o la experiencia migratoria. El otro día fui al Museo del campo de concentración Argelès-sur-Mer, en el sur de Francia, donde estuvieron cerca de cien mil españoles durante la Segunda Guerra Mundial. Y tener esta experiencia tan cercana (fíjate que son menos de 80 años), no hace que la gente se interese más por los refugiados y migrantes. Alemania ha hecho un trabajo excelente de memoria histórica y ahora votan a AfD y en España VOX empieza a ganar asientos.
Todos los partidos de extrema derecha en Europa tienen como eje común un discurso xenófobo y racista basado en un “ellos” y un “nosotros” totalmente falso, pero que tiene eco social. La gente realmente ve al mantero como un problema o trata a la sudaka como inferior y no ve cómo el problema es su élite o su propio modelo de bienestar que, como desde Abya Yala sabemos, es insostenible porque se basa en la extracción de materias primas finitas del sur global. Mi pregunta tiene dos lados. En el plano doméstico e individual, ¿cómo españoles que hasta ayer eran los migrantes y refugiados se pueden permitir esta falta de memoria? Y en el plano más estructural  (y esto es algo que muchas personas que venimos de las (ex-)colonias estamos planteando) ¿cómo las izquierdas piensan hacer frente a derechización que Europa está viviendo, sin mirar su pasado y presente colonial?
La mayor empresa española Repsol extrae todo el petróleo que le enriquece de territorios indígenas en el sur de Abya Yala, pagando pocos impuestos, no respetando el medio ambiente y no dejando nada para el pueblo y el territorio que está explotando. Francia, hasta ayer si no me engaño, recibía impuestos de sus ex-colonias. Cómo se explica esto sino entendiendo que la relación colonial ,en la cual se funda la idea de raza y el racismo nuestro de cada día, no acabó con las independencias formales de los espacios colonizados.

Lo que sí parece que en la actualidad hay más cantidad de personas relacionadas con el mundo del arte que utilizan el altavoz que tienen para denunciar situaciones como las que contáis en vuestro libro. ¿Creéis que la cultura es una herramienta indispensable para ayudar a transformar la sociedad?
C: Sí, siempre lo ha sido.
L: Quizás hay algunas personas del mundo del arte que tienen cierta visibilidad, pero no sé si son más cantidad. Hay muchísimas activistas y pensadoras que, desde distintos lugares, han estado denunciando estas violencias. No sé si la cultura es una herramienta indispensable, supongo que depende de distintas cosas, pero sí es la herramienta que muchas personas hemos tenido para comunicar y buscar la transformación social.

¿Es indispensable posicionarse cuando existen conflictos sociales como los actuales o pensáis que también hay espacio para consumir y/o crear cultura sólo como método de evasión y ocio?
C: Disociar el placer del vínculo con lo social, me resulta raro. Pero si hablo en tus términos de lo político como lo serio y del placer y la evasión como lo alienado como cosas separadas, diría que la cultura, esa gran caja de producción simbólica y material, siempre ha respondido al ethos del tiempo-espacio en el que se vive, se crea, sea explícitamente o no. Todo arte es político, como todo cuerpo es político.
L: Lo que pasa es que incluso cuando desde ciertas posiciones se declara que una determinada producción cultural “no es política sino solo diversión” se está haciendo una declaración política, y es importante leerlo como tal.

P: Lo que es innegable es del aumento de editoriales y de libros con claro contenido político desde una visión de izquierdas. Temas como el feminismo o el racismo entre otros, tienen numerosas referencias. Incluso hay librerías dedicadas casi exclusivamente a este tipo de relatos.
L: ¡Cuéntanos dónde están esas librerías para conocerlas!

En Barcelona, por ejemplo, está La Ciutat Invisible. Una cooperativa autogestionada que tiene una librería y donde la gran mayoría de libros (por no decir todos) son de contenido político y social. Pero sí he de reconocer que son pocas excepciones. Pero por no desviarnos del tema, ¿hay una sociedad más politizada desde la crisis o el mercado se ha apropiado de determinadas luchas para sacar rédito económico?
C: Ya ves tú, ¡ahora que se produce más información de este tipo es cuando la extrema derecha tiene más poder institucional! Lo que esto plantea se viene tratando como una crítica al neoliberalismo, que no necesariamente por incorporar la agenda progresista (ha pasado mucho con los feminismos). Ha resultado o está resultando en una mejora en la vida de las personas afectadas. Creo que este es el límite de las políticas de representación pero claro, esto dicho por una persona blanca y europea y con todo tipo de accesos, es una cosa. Para las migradas y racializadas (y tantos otros sujetos como las personas trans y las trabajadoras del sexo) aún es muy importante luchar por representación porque no la hay. Porque aún se habla en nuestro nombre y porque muchas de las demandas que compartimos no son tomadas en cuenta por las izquierdas y movimientos sociales, mayormente compuestos por personas europeas, blancas y de clase media.

También parece que a muchas causas se les busca quitar el componente de clase y venderlas de un modo más transversal y donde cabe cualquier persona, sin importar su posición económica o su pensamiento político. Así podemos ver, por ejemplo, a Ana Patricia Botín declararse feminista sin ruborizarse.
Hace poco dijo Ángela Davis en Madrid que el feminismo “si no es antirracista, anticapitalista y solidario con la pobreza es una contradicción”. Por no centrarnos sólo en el feminismo, lo mismo podemos decir de luchas como las raciales, la causa gay, la animalista o las ecológicas.
¿Estáis de acuerdo con Ángela Davis o pensáis que es necesario abarcar cuanto más gente posible, sin importar su estatus social e ideología política y económica?
L: Personalmente, no soy tan democrática ni tan altruista como para pensar que se han de tener alianzas con cualquier persona o colectivo independientemente de su estatus, ideología o condición…
C: Es que no veo la contradicción en que las luchas sean realmente interseccionales y el abarcar a más gente posible. ¿Te basas en la idea de que para llegar a las masas hay que suavizar el discurso? Si este es uno de los problemas del capitalismo global, el que cada vez más gente se está quedando fuera. También creo que es un problema más profundo, que las izquierdas institucionales no tengan ya realmente un proyecto de izquierdas y sólo buscan acomodarse al centro. Y ahí, en el discurso racista siempre van a perder.
Angela Davis en Madrid dio un ejemplo buenísimo para pensar los feminismos y los movimientos sociales, sobretodo los que se piensan interseccionales. Primero habló de una joven mujer negra acusada de robo que fue presa en una cárcel de varones y que luego fue acusada de asesinar el guardia de la prisión porque este intentó violarla. Después de mucha campaña social, ella fue considerada inocente al probarse el intento de violación. Muchas mujeres feministas se unieron a su causa porque ella se había defendido de una agresión y esa era una causa común a aquellos feminismos de los 70 en los Estados Unidos.
Más o menos en la misma época, un joven negro fue acusado de forma fraudulenta de violar una mujer blanca, aunque luego fue liberado. Pero cuenta Davis, que el movimiento feminista en aquel momento no quiso tener nada que ver con aquello, con defender a un hombre que había sido acusado de violación. Davis concluye que si el movimiento feminista se hubiera involucrado en aquel y otros casos similares de injusticias donde raza, clase y género estaban claramente relacionados, hubiéramos podido conocer mucho mejor “las interconexiones, las interrelaciones, las intersecionalidades” que estaban en juego. “Habríamos llegado mucho más lejos en entender las bases estructurales del sexismo y la misoginia”, dice ella. Si hubiésemos incorporado la lucha antirracista entonces. Y para confirmarlo/ilustrarlo dice que el famoso #Blacklivesmatter es un slogan feminista.

Por último, y por volver a vuestro trabajo e intentar “venderlo” a quienes se interesen por esta entrevista, ¿qué sentimiento o pensamiento buscáis despertar en el lector o lectora con estos relatos migrantes sudakas?
C: Este libro está pensado primeramente para las personas migrantes. Está pensado como un espacio de encuentro, de contar y contarse, de compartir. Por el proceso de escritura situada y colectiva que hemos hecho, hemos visto ya la importancia que tiene para nosotras, las involucradas. Es un libro pero también deseamos que se transforme en encuentros presenciales, en textos futuros, articulaciones otras entre sujetas inesperadas. El tiempo requiere.
L: Más que despertar sentimientos concretos creo que, para nosotras, siempre fue importante generar un espacio para que ciertas voces, experiencias y relatos pudieran salir de un lugar histórico de invisibilidad. Y sobre todo, aparecer con todas nuestras diferencias y polifonías, pero también con las alianzas y tejidos que podemos ir creando desde ahí. Tal como planteaban las compiladoras de Esta puente, Mi espalda, la idea es poder trazar puentes entre nuestras propias diferencias e ir sanando heridas que existen tras siglos de separación.