Revista Números Rojos

Líderes, ¿para qué os quiero?

Mientras un PSOE bajo mínimos está inmerso en una flagrante lucha interna por su cetro nacional –¿será la andaluza Susana Díaz su nueva 'mesías'?–, las encuestas siguen expresando un profundo descrédito hacia todos los líderes políticos. En la calle, algunos esperan que un rejuvenecimiento en las cúpulas de las formaciones clásicas traiga el necesario aire fresco a las instituciones, otros prefieren confiar en nuevos partidos más democráticos o se enrolan en movimientos sociales con objetivos cercanos y tangibles. ¿Qué o quién debería encabezar un cambio real de paradigma social?

Texto: David Losa. Ilustraciones: Violeta Cintas.

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Poco después de ganar de forma aplastante las elecciones de 1982, Felipe González batió un récord de popularidad que hoy parece insuperable: obtuvo una valoración media entre los ciudadanos de 7,40, según la encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Más de tres décadas después de aquel éxtasis ‘felipista’, ningún otro político ha conseguido acercarse a ese registro. Según el barómetro del CIS de octubre de 2013, la valoración de los principales líderes políticos en España está hoy por los suelos, como demuestra que la mejor calificación sea la de Rosa Díez (UPyD), con un exiguo 4,28, o que Alfredo Pérez Rubalcaba (PSOE), a la cabeza del principal partido de la oposición, obtenga un ridículo 3,13. O que el popular Mariano Rajoy, con 2,42, sea, con diferencia, el presidente peor valorado de la Democracia.

Son cifras que evidencian el desapego de los ciudadanos hacia la política, y a quienes encabezan los partidos. Tomando como referencia esa falta de confianza en los líderes nos hemos planteado abrir un debate sobre el papel de los dirigentes en la crisis y en una hipotética salida de ella. ¿Hay un problema de liderazgo en la izquierda? ¿Necesitamos nuevos perfiles que abanderen un ansiado ‘movimiento de tierras’ frente a la implantación de políticas neoliberales? ¿Hay que buscar a esos nuevos líderes en los partidos tradicionales? "La desafección hacia la política acentúa el hecho de que las valoraciones de los líderes sean especialmente bajas, pero además la gente ve también que esos líderes no están respondiendo a sus problemas", explica a Números Rojos Guillem Rico, politólogo, investigador de la Universidad Autónoma de Barcelona y autor del libro "Líderes políticos, opinión pública y comportamiento electoral en España" (CIS, 2009).

Según el mismo barómetro del CIS, la intención de voto en unas hipotéticas elecciones generales seguiría dando hoy la victoria al PP con un 34% de los votos, frente al 26,8% del PSOE. Así, los populares caerían 10 puntos respecto a las Elecciones Generales de 2011. Más extraño es que el PSOE, lejos de aprovechar el batacazo popular, baje también en intención de voto. ¿Es su líder, Pérez Rubalcaba, responsable de este estancamiento? "El PP tiene ahora mil problemas, aunque si la economía empieza a ir mejor comenzará a subir en las encuestas. Pero el que está claro que no ha hecho nada es el PSOE. Por eso, en su propio partido son más los que ven el liderazgo de Rubalcaba como algo más transitorio que definitivo", analiza Luis Arroyo, experto en comunicación política que estuvo vinculado al gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, concretamente en los dos ministerios que dirigió Carme Chacón (Vivienda y Defensa). Para Arroyo, el hecho de que alguna encuesta ya ponga por delante al PSOE, aunque eso no signifique ningún avance real, puede hacer "que su secretario general y otros barones tengan la tentación de pensar que no están tan mal". Sin embargo, es sabido que antes de las elecciones generales de 2015, el PSOE celebrará unas primarias de las que saldrá el próximo candidato a la presidencia del Gobierno. "Si se impone la lógica y el próximo candidato del PSOE es una persona no vinculada a la generación que aún lidera el partido, este debería subir mucho en popularidad respecto al líder actual", analiza Guillem Rico. Aunque la discreción y el secretismo es la norma general entre los socialistas cuando se habla de este tema, la mayoría de las quinielas apuesta como posibles candidatos por políticos más jóvenes, como el actual secretario general del Grupo Parlamentario socialista Eduardo Madina (nacido en 1976), o la propia Carme Chacón (1971), que ya fue derrotada por Rubalcaba en el 38º Congreso del PSOE (febrero de 2012) pero que, de momento, es la única que sí ha dejado entrever que peleará por el timón socialista. Sin olvidar a Susana Díaz (1974), cuya irrupción ya trasciende los límites de Andalucía muy a pesar, como parece, del propio Rubalcaba. La pregunta que flota en el aire es, ¿Se atreverá el actual líder socialista a enfrentarse a la nueva generación de candidatos? El experto Luis Arroyo no lo descarta: "Si las encuestas le favorecen un poco más, según los que le conocen bien, volverá a presentarse".

La izquierda que no es

lider2La realidad es que hoy, Según el CIS, solo un 2,9% de los encuestados valoran la labor de la oposición bajo su liderazgo como buena, frente a un 68% que la califica como mala o muy mala. Pero, ¿cambiarían mucho las cosas si los elegidos fueran Carme Chacón, Eduardo Madina o incluso Susana Díaz, por ejemplo, solo por el hecho de ser más jóvenes?  "El PSOE hace tiempo que ha acabado con su propia etiqueta de izquierdas, llevando a cabo políticas de derechas. Las reglas del juego en estructuras como el PSOE, y eso me lo cuenta gente que está dentro del partido, no están hechas para que prosperen los mejores, sino para perpetuarse en el poder. Las renovaciones internas forman parte de dinámicas endogámicas que no están hechas para resolver los problemas de los ciudadanos. No, la gran transformación no vendrá de que los grandes partidos modifiquen sus cúpulas", vaticina la activista Ada Colau, portavoz de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), y alguien que, socialmente hablando, sí ha logrado liderar eficazmente una causa respaldada por la mayoría de los ciudadanos.

Tampoco escapa al descrédito político Cayo Lara, el líder de Izquierda Unida (IU), cuya última valoración del CIS es un pobre 3,81. Sin embargo, en este caso, las encuestas sobre intención de voto vaticinan a día de hoy un importante avance a la coalición. Según Ramón Luque, secretario ejecutivo de acción política y electoral de IU: "Ni siquiera él, que lucha contra el bipartidismo y contra las políticas neoliberales que los dos grandes partidos han implementado,  escapa a la desafección. No lo tiene fácil, Cayo se percibe como coordinador de una formación clásica, viene de una generación determinada y es difícil desde el punto de vista del marketing. Pero es indudable que su gestión está siendo meritoria, ahí están los resultados desde 2011 y las encuestas".

Desde fuera, el investigador Guillem Rico, cree que tampoco juega a favor de Lara que IU "no deje de ser un partido tradicional, con una estructura burocratizada, y actualmente implicado en administraciones importantes junto a los dos grandes partidos. Quizá no da la imagen de renovación o frescura que mucha gente demanda, pero hay que tener en cuenta que el liderazgo de IU es muy complicado, porque tiene poca visibilidad y porque aún está la sombra de un líder tan carismático como fue Julio Anguita".

En efecto, Anguita ha sido con diferencia el dirigente de IU más valorado en las encuestas del CIS desde que existe la formación, con un 5,58 de nota máxima en 1994, momento en el que superaba incluso a Felipe González y a José María Aznar, entonces líderes de PSOE y PP. Paradójicamente, el "califa rojo", aún militante de IU y padrino de la plataforma ciudadana Frente Cívico, no quiere ni oír hablar de liderazgos: "Yo parto de una tesis en la que el principio es la idea, el programa, los valores que implica, la cosmovisión que conlleva, la propuesta. Y eso siempre se debe hacer en nombre de un colectivo mayor o menor. Basar todo en el divo, en el líder, es simplemente una estafa, un producto de consumo que inevitablemente se agota". Pero, ¿hay un problema de liderazgo en IU, por ejemplo? "Me trae al pairo esa forma de entender el lenguaje. Los líderes, o mejor, los dirigentes, son los que representan una propuesta colectiva, si no, son marionetas fabricadas por los medios. Me preguntas si faltan dirigentes… Hay una mediocridad tremenda, como demuestra que una persona como Mariano Rajoy esté gobernando, y dentro de esa mediocridad, y no lo incluyo, personas como Cayo Lara, con una trayectoria marcada por la honradez y la honestidad, tienen que destacar. Cayo es un modesto campesino que no viene de la banca ni entra en la puerta giratoria. Pero eso no gusta en una sociedad acostumbrada a autoengañarse", denuncia Anguita.

lider3Más o menos populares, el principal problema de los líderes políticos hoy parece el hecho de que los propios ciudadanos que antes les rendían pleitesía hoy no están dispuestos siquiera a escucharles. Y esto es así por múltiples motivos, entre los que destacan la corrupción (que ya es el segundo problema que más preocupa a los españoles, solo por detrás del paro), la falta de identificación ideológica (según el CIS, por ejemplo, casi un 40% de los ciudadanos opina que el PSOE no es un partido de izquierdas), o la nula sensación de que los políticos busquen en realidad el bien común (solo el 25% cree que la vocación de servicio público es la principal motivación a la hora de entrar en política). Así opina, por ejemplo, Reyes Montiel, Coportavoz Federal de la joven formación EQUO. "El monopolio de la representación política lo tienen los partidos tradicionales y estos, en general, han recompensado la militancia interna a la hora de elegir a sus líderes. Por eso, esos líderes son ‘productos’ muy interiorizados, con unas claves totalmente partidistas, cuando precisamente lo que está pasando en la política real es que se ha perdido la interlocución, y esos grandes partidos, que deberían ser los más interesados en pulsar  regularmente a los ciudadanos, viven totalmente de espaldas a ellos".
La coportavoz de EQUO, partido fundado hace solo algo más de dos años, cree que ellos sí han tomado nota para no caer en los mismos errores: "Todos los procesos los hacemos por votación directa, no hay un liderazgo que sea elegido ni en función ni en representación, e incluso en algunos casos se abre la participación a los simpatizantes. Nuestra filosofía es poca sede y mucha calle. Y tenemos coportavoces, porque alguien tiene que vehicular las propuestas, pero no hay secretarios generales como en otros partidos ni mucho menos líderes".

Esta forma de entender la organización política, una apuesta por la horizontalidad y frente a las jerarquías que han marcado el funcionamiento de los partidos tradicionales, es la que ha definido también, desde su nacimiento, a muchos de los movimientos surgidos del 15M, como explica Kike Castelló, uno de los portavoces de ¡Democracia Real YA!:  "Creemos en una nueva sociedad, y una de las cosas que ponemos sobre la mesa es que no necesitamos un líder para salir de la oscuridad. Perseguimos una construcción desde abajo, contando con todos. No faltan líderes, lo que falta es apostar por un sistema en el que podamos tomar decisiones entre todos". Sin líderes y sin jerarquías, por propia decisión, las demandas de los movimientos asamblearios surgidos del 15M han conseguido mantener una alta consideración en el conjunto de la población, sus premisas están intactas e incluso muchas de ellas han ganado vigencia  desde su eclosión. Siguen celebrándose asambleas regularmente y mantienen una participación aceptable. Pero, más allá de la buena voluntad, ¿ha logrado esa forma de organización totalmente horizontal acercarse a sus fines?

El liderazgo colectivo

El debate en estos movimientos sobre la necesidad o no de institucionalizarse de alguna forma está más candente que nunca. Una consulta digital puesta en marcha por la iniciativa ‘Ahora tú decides!’ (ATD!) con motivo del segundo aniversario del 15M, en la que participaron 50.000 simpatizantes del movimiento, dio como resultado que más de la mitad de los encuestados (58,12%) estaban a favor de combinar la movilización social con la puesta en marcha de un partido o un frente electoral para entrar en las instituciones y tratar de cambiar el sistema desde dentro. "La discusión sobre si entrar o no de alguna forma en la arena política la hemos tenido y la seguimos teniendo. Después del tiempo que llevamos, obviamente no somos los mismos. Pero sí hemos alcanzado un acuerdo tácito de que nosotros, como ¡Democracia Real YA! , no vamos a entrar en ningún partido. Lo cual no quiere decir que cada uno pueda hacer lo que quiera y apoye o participe en alguna formación", asegura Castelló.

Quien también ha estado tentada a entrar en la política, y por varias formaciones (CUP, ICV…) es Ada Colau, que ha rechazado todas las ofertas recibidas: "He descartado hacer fichajes individuales por ningún partido porque el referente es la PAH, no Ada Colau". Colau es partidaria de que se dé protagonismo a "personas que sirven de ejemplo", pero no a "salvapatrias": "ya no toca delegar, mira como hemos acabado delegando", y tiene claro que la clave está en organizarse socialmente: "Hay que asumir que todo lo que ha pasado ha sido también porque no ha habido una sociedad organizada y vigilante del poder. Quienes se suponían que debían ser protagonistas en todo eso, que son los grandes sindicatos, han jugado un papel de pacto con el poder que no ha ayudado. Hay que regenerar totalmente las formas de participación democrática en las instituciones, cambiar las leyes de la participación y avanzar hacia una democracia real. Creo que hay que plantearse la institucionalidad de los movimientos sociales". Quizá el propio empeño de buscar nuevos líderes sea un freno para avanzar en una nueva organización social, como apunta Castelló, el portavoz de DRY: "El gran pecado de la sociedad es que espere que alguien haga algo. Es como cuando alguien se pone malo y sale uno diciendo ‘¡que alguien llame a un médico!’ Hay mucha gente que piensa que alguien nos tiene que sacar de esto. Nosotros decimos: ‘Hazlo tú, no esperes a nadie".

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