Otras miradas

Homeopatía, una pseudociencia con las bendiciones legales

Antonio Diéguez

Catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Málaga

Antonio Diéguez
Catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Málaga

Este gobierno del Partido Popular, que no tiene ningún reparo en arrinconar aún más a la filosofía en la nueva ley de enseñanza, que ha reducido hasta el extremo las inversiones en investigación científica y que no se cansa de airear la verdad a medias de que no hay ninguna universidad española entre las cien primeras en el índice de Shanghai (digo verdad a medias porque si vamos por especialidades sí que las hay, y varias), es el mismo gobierno que se dispone a dar todas las bendiciones legales a una pseudociencia como es la homeopatía. Es bastante lógico. Lo uno va unido a lo otro. Si se desconfía del pensamiento racional y no se tiene ningún aprecio especial por la investigación científica, no es de extrañar que se confíe en  las pseudociencias e incluso que se busque su legitimación institucional.

Leo en la prensa que el Ministerio de Sanidad, dirigido por Ana Mato, prepara el permiso legal definitivo para los productos homeopáticos. La noticia dice que se les exigirán los mismos requisitos de calidad, seguridad y eficacia que a los medicamentos fabricados con base científica, pero a continuación, en una aclaración que contradice directamente lo anterior, se añade que en el caso de los productos homeopáticos, no habrá que mostrar esa eficacia mediante estudios clínicos, sino que bastará con justificar su uso tradicional. Dicho en plata: para ser legalizados, los productos homeopáticos, no tendrán que presentar ningún estudio científico que demuestre que sirven para algo (supongo que esto se debe, entre otras razones de peso, a todos los estudios clínicos serios realizados hasta el momento, entre ellos dos informes publicados por la revista médica The Lancet, la más prestigiosa de su campo, uno en 1994 y otro más completo aún en 2005, han mostrado que la eficacia de la homeopatía es la de un mero placebo). Bastará con que se muestre que han sido utilizados tradicionalmente. Me pregunto si esto significa que sus fabricantes tendrán que atestiguar que ya los utilizó Hahnemann, el fundador de la homeopatía, en el siglo XVIII, o si simplemente valdrá con que cualquier vendedor de pócimas lleve unas décadas utilizándolos. Dicho sea de paso, el ilusionista canadiense James Randi ofrece desde hace años un millón de dólares a quien demuestre científicamente la eficacia de la homeopatía. Nadie se ha llevado hasta ahora el premio.

Hay muchas personas que confunden la homeopatía con la medicina naturista y con el herbarismo, pero no es lo mismo. Las medicinas naturales utilizadas por chamanes y sanadores en culturas distintas a la nuestra se basan en el uso de plantas o de sustancias orgánicas que tienen ciertos efectos sobre el organismo. Algunas de esas sustancias son tan efectivas que se ha generado el fenómeno de la biopiratería: empresas farmacéuticas que se apropian de esos conocimientos tradicionales y los patentan en su exclusivo beneficio. Pero esto no tiene nada que ver ni con la homeopatía ni con otras pseudociencias. En la medicina naturista el paciente recibe sustancias que modifican la química de su organismo. El peligro ahí puede estar, sobre todo, en la falta de control sobre las dosis y sobre la calidad de la sustancia que se ingiere. La homeopatía puede emplear plantas y otras muchas sustancias orgánicas e inorgánicas, pero eso no es lo esencial. Lo esencial son las diluciones extremas que realizan de esas sustancias, lo que tiene como resultado que al final el paciente sólo recibe agua con azúcar o un mero excipiente.

Debe tenerse en cuenta que algunos de los principios activos utilizados en homeopatía son muy peligrosos en dosis normales. No es de extrañar, por tanto, que haya preparados homeopáticos que consistan en diluciones de diez elevado a menos diez, e incluso en concentraciones muchísimo menores. Son muy frecuentes diluciones de diez elevado a menos treinta. Estas diluciones extremas no se hacen, sin embargo, para evitar el peligro de intoxicaciones, sino porque Hahnemann estableció como principio que esa era la manera reforzar la potencia curativa de las distintas sustancias. Cuanto más diluidas, mayor poder curativo.  Ahora bien, un sencillo cálculo utilizando el número de Avogadro muestra que para estar seguros en el caso de una dilución como la última mencionada de haber ingerido una sola molécula del principio activo habría que beberse centenares de miles de litros del preparado homeopático.

Para justificar esto, los homeópatas recurren a la hipótesis de la "memoria del agua", según la cual, las moléculas de agua pueden guardar memoria química de otras moléculas con las que han estado en contacto; de alguna forma el agua grabaría información acerca de esas sustancias. Esta información, y no las moléculas de principio activo como tales, sería lo que captarían las células de nuestro cuerpo y lo que induciría a la curación. Queda envuelto en la confusión, sin embargo, el modo en que esta información se guarda y, sobre todo, cómo es que esta información puede actuar terapéuticamente sobre nuestro cuerpo. La hipótesis de la memoria del agua no tiene además ninguna base científica. ¿Por qué el agua (y solo ella) iba a guardar memoria de las propiedades químicas de toda sustancia con la que estén en contacto? Si eso fuera así, por otra parte, podríamos hacer gasolina homeopática (con unas gotas de gasolina y un bidón de agua). Y si sólo es el agua la que guarda memoria, ¿por qué dan pastillas, que no contienen agua? Antes de legalizar estos productos, le sugiero a la señora Mato que entre en Youtube y busque el vídeo humorístico que podrá encontrar escribiendo "hospital homeopático". No tiene desperdicio.