Opinion · Otras miradas

“Llámame cuando llegues”

Paula Amieva

Concejala de Podemos en el Ayuntamiento de Getxo

Este lunes nos despertamos con una terrible noticia: el cuerpo de Laura Luelmo ha sido localizado tras días de búsqueda por su desaparición en un pueblito de Huelva. Muchas de nosotras, cuando vimos que otra mujer había desaparecido, nos temimos lo peor. Y quisimos equivocarnos, que no fuera cierto que sería la siguiente victima por violencia machista de este año. Aunque continúa la investigación para esclarecer lo ocurrido, lo cierto es que sabemos más factores relacionados con esta muerte, y es que a la vez que Laura, desapareció un hombre del pueblo, que había sido condenado por asesinar a una mujer y denunciado por violencia machista. Nos resulta demasiado fácil unirlo, porque nos hemos “acostumbrado” a ver como desaparecen mujeres, son asesinadas, y el día a día continua como si no ocurriera nada extraordinario.

Lo que diferencia a un hombre de una mujer al leer esta noticia es que nosotras nos fijamos en que ella salió sola a correr, un día cualquiera, por la tarde. Sola. Y desapareció. A una gran mayoría de mujeres nos saltan las alarmas. Todas hemos sentido en algún momento de nuestras vidas (incluso en varios), miedo por ir solas, por querer volver a casa a cualquier hora del día, con luz o sin ella, y sentir que era una actividad de riesgo. Riesgo para nuestras vidas, ni más ni menos. Y no es algo aislado, cualquiera de nosotras puede decir que le ha dicho a una amiga “escríbeme cuando llegues a casa”, “ve con cuidado”, “llámame cuando estés de camino al portal”, “ten a mano las llaves, por si acaso”…

Una cotidianeidad demasiado común entre nosotras. Y la edad o la generación a la que pertenezcamos no nos diferencia, al revés, nos hace comprendernos y hablar con más confianza de aquello que nadie más quiere escuchar y reconocer: que las calles deberían ser también nuestras, pero pasamos miedo. Esto no debería ocurrir. Y cuando una mujer siente miedo, se siente acosada, intimidada, o desaparece, o es asesinada como Laura, debemos señalar al maltratador, al asesino, al violador, al que no supo respetar a nuestra hermana.

No fue culpa de ella, no es culpa nuestra, sino de quien decide que tiene el poder suficiente y protección del patriarcado como para atacar de esa manera a una mujer y saber que quedará impune, o que al menos, le saldrá barato. Porque todas sabemos que es difícil defenderse de un hombre que quiere matarte o violarte, porque la justicia no está de nuestro lado, porque no se nos escucha, no se nos protege. La justicia no va contra el asesino, sino que pone en cuestión a la víctima.

Eso, a día de hoy, aunque nos hace ir con miedo en demasiadas ocasiones, también nos está uniendo para salir juntas a la calle, y seguir reclamando lo que nos pertenece. Tenemos DERECHO a ser libres, vivir tranquilas, sin miedo. Queremos volver a casa solas, y no temer por nuestras vidas. La igualdad comienza por lo más básico, y nosotras reclamamos justicia para poder VIVIR.