Opinión · Otras miradas

Jaron Lanier: “Internet, tal y como hoy la conocemos, se basa en la manipulación”

Juan M. Zafra

Profesor asociado en el Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual, Universidad Carlos III

El inventor y filósofo estadounidense Jaron Lanier quiere acabar con la internet que conocemos. En su opinión, el modelo no es sostenible porque solo unas pocas compañías extraen todo el valor en la sociedad digital. Lo hacen modulando nuestro comportamiento y nuestras voluntades a partir de los datos que obtienen de cada uno de nosotros. Si todos aportamos información, debería establecerse un nuevo modelo de relaciones económicas. “Todo el sistema tiene que cambiar”, afirma.

Lanier nos abre su casa a una hora temprana; atrás quedan meses de espera para encontrar un hueco en la cargada agenda de un auténtico genio multitarea. Son las 10 de la mañana en California; las siete de la tarde en Madrid. Nos separan 9.212 kilómetros, pero no hay distancia que la buena voluntad y el deseo de compartir no puedan salvar.

La tecnología hace el resto: nosotros utilizamos una tableta para comunicarnos con Jaron Lanier, considerado como uno de los talentos que más han contribuido al desarrollo de la humanidad. Sí, a Lanier –como a nosotros– le encanta combinar la historia con el futuro. Considerado como el padre de la realidad virtual, atesora cerca de 1.000 instrumentos musicales de la antigüedad, muestra de la evolución y de la diversidad del planeta. “En el curso de la humanidad hemos tenido éxito al hacer cosas cada vez mejores, así es que basándonos en la historia, creo que es razonable ser optimistas respecto al futuro”, anticipa.

-Usted ha sido muy crítico con el progreso tecnológico y lanza constantes advertencias sobre el riesgo de desigualdad social y la pérdida de libertades. ¿Será mejor el futuro?

Creo que las cosas han ido mejorando a lo largo de la historia gracias a los más pesimistas. En otras palabras: es la gente crítica, la gente que hace demandas, la gente que se preocupa, la gente que intenta mejorarlo todo, la que hace que las cosas mejoren. No creo que nada suceda automáticamente. Ser crítico o ser pesimista es el último acto de optimismo. Aunque tuvimos que hacer frente a muchos grandes desafíos en el pasado y, en ocasiones, nos comportamos de manera horrible y estúpida, hemos tenido éxito en hacer las cosas cada vez mejor. En el transcurso de la historia la situación para los humanos ha mejorado cada vez más, lo que me lleva a ser optimista respecto al futuro. Por mi experiencia y desde lo más profundo de mi corazón, sinceramente creo que las cosas pueden mejorar.

-Habrá que trabajar intensamente para corregir las distopías y evitar que los peores análisis se cumplan.

Hay una tendencia tremendamente fuerte que está muy relacionada con la fiebre de las redes de computación. Quienes tienen las computadoras más potentes en la red pueden almacenar la información y con ella hacer predicciones y correlaciones para descubrir cosas sobre los demás y así capitalizar los datos. No son un jugador más. Están en el centro del sistema, por lo que tienden a concentrar riqueza y poder; tienden a manipular a todos los demás hasta volverlos locos mediante el uso de técnicas para la modificación de la conducta y la generación de una adicción. Es, prácticamente, hipnosis. Así es que creo que tenemos que concentrarnos en establecer algún mecanismo que permita evitar la concentración de poder alrededor de quienes controlan los equipos de computación más grandes porque no creo que podamos sobrevivir si siguen haciendo eso. En todos los momentos de la historia, se ha demostrado que esta situación de poder se vuelve corrupta, traicionera, cruel. Lo hemos visto con experimentos comunistas y podemos verlo hoy día.

-¿Podemos creer aún que internet y las redes sociales servirán para empoderar a la ciudadanía?

Sé que es una de las grandes decepciones. Originalmente la idea era que la influencia política y el poder se iban a distribuir mucho más con internet; y lo que está sucediendo es lo contrario. La internet, tal y como la conocemos hoy, se basa en la manipulación y la modificación de las conductas sobre la base de las emociones. La consecuencia de todo ello es que se ha impuesto la negatividad en lugar de la positividad porque las corrientes emocionales negativas son más fáciles de crear y se extienden más rápidamente. Todo el sistema tiende a ser más eficiente para generar emociones negativas que positivas. La negatividad se amplifica y se vuelve más poderosa. Y, a pesar de todo, creo que internet está empoderando a las personas y descentralizando el poder.

-¿Cree que necesitamos más regulación, algún tipo de institución que vele por las buenas prácticas en internet?

Creo que la regulación puede ser muy positiva y útil. No me opongo en absoluto y, de hecho, he estado involucrado en los procesos de definición de lo que serían propuestas éticas en un mundo digital para la Unión Europea. Hago mis investigaciones para una de las grandes compañías tecnológicas en este momento, Microsoft, que en mi opinión se convirtió en una mejor compañía porque está regulada. Fue beneficioso para ella. Sin embargo, lo fundamental es cambiar el modelo económico.

-¿Por dónde habría que empezar?

Hemos creado un sistema con compañías como Facebook o Google en el que, si dos personas desean conectarse, la única manera posible para que el sistema se financie es que haya una tercera parte que desea manipularlos. Entonces ya no hay una conexión clara entre las personas. Su relación tiende a ser manipulada utilizando emociones negativas, con el consiguiente aumento de la negatividad en la sociedad. Esa estructura tiene que cambiarse desde su núcleo. No podemos tomar medidas gradualmente, debe ser transformado. Debemos actuar desde la regulación y también desde las propias compañías de internet, mejorando sus prácticas y autoregulándose. También hay un espacio para la acción ciudadana y para que se lleven a cabo campañas de concienciación. Todo el sistema tiene que cambiar.

-¿Qué papel le queda a los estados y a los gobiernos?

Eso depende de los detalles. La solución que prefiero para arreglar internet sería aquella en la que las personas empiezan a recibir pagos cuando algunos de sus datos resultan valiosos. En ese escenario, los gobiernos tienen un papel como regulador. Es un papel clásico, pero clave. Déjame contar un poco más sobre esto. Si vamos años atrás, había una creencia generalizada acerca de la cultura digital según la cual en el futuro no habría periódicos, no habría revistas, no habría películas, estudios…, no habría ningún productor de televisión. En su lugar, solo habría versiones de la Wikipedia, es decir, que los ciudadanos se unirían y pagarían voluntariamente en línea para crear sus películas, sus programas de televisión, sus periódicos y todo lo demás. Y había muchos cándidos idealistas que creían que esta sería la mejor manera de funcionar.

Sin embargo, mientras realizábamos el experimento, otras compañías como Netflix intentaron algo diferente: dado que ahora tenemos internet, podemos tener conexiones directas con los usuarios y cobrar una tarifa a cambio de la televisión que realmente les gusta. El resultado del experimento ha sido que a ninguna de las áreas de voluntariado para crear estudios o películas le ha ido muy bien y los que crearon nuevos periódicos se han vuelto terriblemente malhumorados.

En cambio, la nueva televisión se paga, principalmente a Netflix o HBO, y además se percibe como la mejor televisión de todos los tiempos. Creo que una buena labor para los gobiernos sería actuar para evitar que se produzcan estos desequilibrios porque los mercados pueden fallar, los mercados pueden generar burbujas. No creo que los gobiernos sean simplemente una fuerza atroz para castigarnos, el gobierno somos todos nosotros mientras no estemos locos.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation

The Conversation