Otras miradas

Guerra en Tigray: un nuevo conflicto de consecuencias imprevisibles

Jordi Loscos

Presidente de Proyecto Visión

Un campamento de refugiados etíopes que huyen del conflicto en la región de Tigray, en la ciudad fronteriza de Hamdayet, en Sudán. EFE/EPA/LENI KINZLI
Un campamento de refugiados etíopes que huyen del conflicto en la región de Tigray, en la ciudad fronteriza de Hamdayet, en Sudán. EFE/EPA/LENI KINZLI

Proyecto Visión es una ONG de ámbito estatal, que desarrolla proyectos de salud ocular en el Tigray, al norte de Etiopía, desde hace casi 30 años. El Tigray es una de las zonas más desfavorecidas del África subsahariana. Hoy, además, se encuentra bloqueada militarmente. Todas sus vías de comunicación y transporte se encuentran cortadas. Ahí reside una parte de las 1.000 millones de personas que viven con menos de 1 euro al día y que ahora padecen de nuevo las consecuencias de un conflicto armado.

En el Tigray la proporción de Oftalmólogos es de 2 para 7 millones de personas ¿Se imaginan  una población como Cataluña o Madrid o de un millón menos que Andalucía, con solo 2 Oftalmólogos para cubrir las necesidades de todo el  territorio? No es de extrañar pues, que la ceguera por Cataratas, Tracoma, Glaucoma o defectos refractivos alcance unos índices inaceptables. Es lo que denominamos ceguera evitable,  reversible  con unas  mínimas condiciones de vida dignas, con acceso al agua potable, a la escolarización, a la prescripción de una gafa o a una operación de cataratas. Un elevado índice de ceguera condiciona el desarrollo de un país en tanto en cuanto retroalimenta un perverso círculo vicioso: la ceguera genera pobreza y la pobreza genera ceguera. ¿Y que genera más pobreza que una Guerra?

Desde que el prematuro premio Nobel de la Paz, Aby Ahmed Ali, ha declarado la guerra al Tigray, todos los esfuerzos por romper ese círculo vicioso están en riesgo. No sabemos qué quedará de los Hospitales construidos durante estos años, de la Escuela de formación de enfermeros especialistas en Oftalmología, de la Clínica Oftalmológica, en la asediada Mekelle, donde trabaja personal cualificado formado durante estos años y en la que se operan alrededor de 1.000 cirugías y atienden unas 10.000 visitas al año. Todo este trabajo  y esfuerzo de tanta gente anónima y de tantos años está en riesgo por fracaso máximo de la inteligencia, la suprema expresión de la  estupidez humana que es la guerra. Nos resulta increíble que se pueda otorgar un Nobel de la Paz a quien no lleva esa máxima en la sangre, a alguien que escucha  más las voces que incitan a las armas que a las conciliadoras.

No podemos juzgar quién tiene más o menos razón pues suponemos, que como en cualquier conflicto subyace en mayor o menor grado una responsabilidad compartida. Tampoco sabemos de geopolítica para alcanzar a entender si tiene algún encaje la Presa del Renacimiento Etíope en todo esto. El agua del Nilo es un recurso demasiado valioso para tantos implicados, que a lo mejor existen intereses ocultos en la desestabilización de la zona. Pero lo que sí sabemos con certeza es lo que comporta la barbarie de la guerra; muertos, huérfanos, hambrunas, violaciones, desplazados, mutilados, vidas truncadas, generaciones perdidas. Pobreza, ceguera y vuelta a empezar.

Sospechamos que limitar el acceso y expulsar a periodistas de la zona de conflicto, presionar hasta hacer dimitir a altos cargos de la Unión Africana por el hecho de  ser del Tigray o acusar al Dr. Tedros, director general de la OMS, de vender armas al pueblo tigriña no presagia nada bueno. Desde la distancia y con la esperanza de estar equivocados, nadie puede descartar que no estemos delante de un conflicto étnico de consecuencias imprevisibles.

Solicitamos a los medios de comunicación que  se interesen por este conflicto y den a conocer a la opinión pública la tragedia de esta guerra, informando de manera rigurosa y responsable de sus causas. Su enorme capacidad de influencia tiene que presionar a favor de una mediación internacional, ser los ojos que incomodan al verdugo sea del bando que sea. Hay que alzar más las voz y chillar si es necesario para dársela a los que no la tienen. Es nuestra obligación y la vuestra. No nos queda otra que  ponernos de parte de esos 1.000 millones de personas que viven con menos de 1 euro al día, porque ellos son siempre los que pierden todas las guerras.