Otras miradas

Parir solas

Anita Botwin

Una mujer embarazada pasa por delante de una pancarta colocada en la valla de un hospital. EFE/NACHO GALLEGO
Una mujer embarazada pasa por delante de una pancarta colocada en la valla de un hospital. EFE/NACHO GALLEGO

¿Por qué puedes ir de cañas, ir a conciertos y muchos hospitales no permiten el acompañamiento en todo el proceso del parto? ¿Por qué no tenemos derecho a estar acompañadas por el padre de nuestros hijos, en un momento tan importante? Estas son las preguntas que lanzaba Laura, embarazada de 29 semanas, desde su cuenta de Twitter.

El nuevo protocolo de sanidad, desde marzo del año anterior, prohibe que cualquier persona acompañe a la gestante durante la dilatación y el parto, con el fin de evitar un posible contagio para la madre, el bebé, la pareja o el personal sanitario. Todo ello depende de cada Comunidad y de cada hospital, por lo que la incertidumbre y la desigualdad para las madres es aún mayor. Además, es más que evidente el daño y violencia que supone dejar sola a una madre en un momento como ese.

En este sentido, nos encontramos con distintas situaciones. V. Domínguez, matrona, nos explica más sobre ello. "Nos encontramos con situaciones muy diversas. Hay hospitales que no permiten el acompañamiento durante todo el proceso. Hay hospitales que no permiten el acompañamiento durante la etapa de dilatación, pero sí durante el expulsivo. Hay algunos donde se prohíbe el acompañamiento en caso de que la gestante tenga un resultado positivo para la PCR del SARS-CoV-2, e incluso también se produce la separación de la madre y el bebé. También hay algunos que solo permiten el acompañamiento durante el parto pero que no permiten el acompañamiento durante el ingreso en planta de maternidad", relata.

Afortunadamente cada vez son menos los hospitales públicos que adoptan estas prácticas desde el inicio de la pandemia, pero aún hay varios que las llevan a cabo. Uno de los aciertos de la la primavera pasada fue acortar el tiempo de estancia hospitalaria al mínimo necesario, mejorando la coordinación con la atención primaria y simplificando los procesos administrativos.

La figura del acompañamiento es un apoyo psicológico imprescindible, coinciden los expertos. "El acompañamiento de la gestante reduce la ansiedad materna ante una situación que muchas veces es desconocida para la mujer y también aumenta la satisfacción durante el proceso. El acompañante puede ayudar a adoptar distintas posturas durante la dilatación y expulsivo, a realizar masaje, aplicar calor en la espalda.  Cuando el acompañante es el padre, presenciar el proceso e involucrarse en él ayuda a establecer el vínculo con el recién nacido, facilita el apego y la participación en la crianza", cuenta Domínguez.  Ya ha habido numerosas quejas y testimonios de profesionales sanitarios y familias afectadas, a las que se les imposibilita tener una experiencia de parto lo más respetada posible.

Estas prácticas vulneran los derechos de la mujer gestante. La matrona, que prefiere guardar su anonimato explica que "el derecho del acompañamiento a la gestante durante todo el proceso por la persona que ella elija (desde consultas, ecografías, fase de dilatación, expulsivo, puerperio, etc) está recogido en guías, como la Estrategia de Atención al Parto Normal del Ministerio de Sanidad, así como recomendado por la Organización Mundial de la Salud, incluso teniendo en cuenta la actual situación de pandemia. También el derecho a la no separación de la madre y su bebé. Por tanto, considero que sí estamos hablando de violencia cuando no se respetan estas recomendaciones", señala.

La razón por la que ciertos hospitales hacen oídos sordos de estas recomendaciones es desconocida, porque, "sencillamente, no hay ninguna razón que justifique vulnerar estos derechos. Es muy injusto que dependiendo del hospital que te toque por tu domicilio, puedas ejercer tus derechos o no", explica Domínguez.

La incertidumbre es una constante en las mujeres embarazadas durante esta pandemia y se sienten abandonadas en todo este proceso. "Estoy pasando un embarazo horrible por los nervios y la incertidumbre. Por no contar luego con la violencia obstetricia que pasan en muchos hospitales, y nadie te explica nada", lamenta Laura.

"Al menos en mi caso, siendo primeriza, te surgen muchísimas más dudas y es imposible poder hablar tranquilamente con tu matrona. En mi caso, por ejemplo, estando ya de 6 meses mi matrona solo me llamó dos veces; las dudas que tengo las voy solventando con otras mamás o con las matronas que sigo en redes sociales, que están en contra de todo lo que está pasando con nosotras y hacen post y directos para resolver dudas", comenta.  Aunque confía plenamente en los profesionales de la sanidad pública, añade que se siente abandonada y con muchísimos miedos, que no sabe cómo solventar la mayor parte de las veces.

A toda esta incertidumbre a la que se ven sometidas las mujeres, se suma la de la incomprensión sobre esa dualidad entre poder ir a un bar y quitarte la mascarilla, y al mismo tiempo, se te obligue, en las visitas del embarazo, a ir sola, e incluso a parir con mascarilla. De ahí podemos inferir, una vez más, la poca importancia que se le dan a la reproducción y a los cuidados, y a todo lo que tiene poco que ver con producir o consumir.