Otras miradas

Feminismo, no es solo para nosotras

Marta Nebot

Varios cientos de personas se han manifestado este jueves por la Gran Vía de Murcia por el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. EFE/Marcial Guillén

No puedo dejar pasar esta columna, post 25N, sin añadir algo a la conversación feminista;  algo que a veces se nos puede olvidar;  algo que creo importante recordar en estos tiempos de negacionismo, de reacción a los avances feministas.

¡Allá voy!

El machismo no tiene género. Somos muchas más feministas mujeres, pero conozco a muchas machistas. Dicho de otra manera:  la lucha por la igualdad no debería ser una guerra de sexos. No es unas contra otros ni otros contra unas. Repito: El machismo no es cosa solo de hombres. Es el fruto de una cultura milenaria que tenemos metida en el tuétano y que tiene que ver con el poder y con unas maneras de repartir el vivir injustas.

Y dicho esto innegable, tampoco se puede negar que el género masculino tiene un problema monstruoso con la violencia, un problema del que carece el femenino. Y en esto todas las cifras son abrumadoras. No tengo espacio ni para resumirlas de tan enorme, de tan abismal, tan estructural que es este asunto. Para tener una idea sobre lo que nos afecta directamente por violencia de género recomiendo la web de la delegación del Gobierno contra la violencia de género, para quien tenga alguna duda.

Solo dejaré aquí tres datos más:  la población reclusa en España es masculina en el 92% de los casos. El 90% de los homicidios que se cometen en este país los perpetran y ejecutan hombres. Y es tan extensa su violencia que incluso se la aplican a sí mismos:  7 de cada 10 suicidios son masculinos.

Todos estos datos son oficiales. Además, hay un estudio periodístico de la BBC que concluye que el 95% de los delitos violentos que se cometen en todo el mundo son cometidos por hombres.

Así que se hace doloroso el insulto a la inteligencia que supone tratar de diluir esta realidad enfrentándola a algún caso de alguna mujer malvada. Claro que las hay y lo sabemos. El feminismo no es tan corporativista bobo. También podemos reconocer que la maldad no tiene género, pero eso no resta al problema inmensamente más gordo.  Un problema contra el que necesitamos empatía, simpatías, sumar afectos. ¿No verían distinto el caso de Juana Rivas y el de  todas las juanasrivas del mundo si se preguntaran qué les habrían aconsejado si hubieran sido sus madres, sus hijas, sus hermanas?

Tengo un hijo, un hermano, un padre, un novio y muy buenos amigos y también los quiero con nosotras;  y no es síndrome de Estocolmo, es no hacer la mismo que ellos y hacer nuestro bando más grande en esta lucha.  No más víctimas, ni nosotras ni ellos de sí mismos, víctimas de masculinidades que van  cayendo de maduras, de arcaicas, ojalá pronto, de descatalogadas. Como pasa con las tradiciones espantosas que van desapareciendo, las masculinidades machistas están dejando de tener sentido. El cambio cultural que estamos promoviendo, hermanas,  es gigantesco y  tenemos que seguir en esa línea:  convenciendo, persuadiendo, demostrando que en igualdad se vive mejor. Necesitamos hacérselo saber a nuestros jóvenes, que no se están enterando. Uno de cada cinco jóvenes varones en España cree que no existe la violencia machista, el doble que hace cuatro años, y casi la mitad de todos nuestros varones jóvenes considera que la violencia de género no es un problema grave, según el último y reciente barómetro sobre juventud y género de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción.

Así que propongo darle la vuelta a la tortilla, que sigue siendo la misma. Propongo enfocar a que la fiesta feminista tiene regalos para todos. Cuidar nos hace vivir mejor, nos pone en contacto, nos hace más humanos y menos solitarios, nos enseña la medida de nuestra vulnerabilidad, lo efímero y rápido que pasa nuestro tiempo.  Igual cuidar es lo que nos hace más longevas. ¿No? Bajo esta premisa, repartir las tareas de cuidados no es hacernos un favor, no es solo justicia, es también un regalazo. Además, es infinitamente mejor el sexo compartido que el comprado. No hay color. Es probablemente el sucedáneo más sucedáneo que, como tal, no sienta igual ni al cuerpo ni al espíritu. Y, más importante aún, no es lo mismo tener compañera que subalterna o sumisa. Es otra liga. Es para vidas infinitamente superiores. Y un largo etc.

No sé si como eslogan es cursi, sí sé que me parece una verdad que deberíamos esparcir a los cuatro vientos.  Bienvenidos a la fiesta feminista, la fiesta que tiene regalos para tod@s.