Otras miradas

¿Nos tienen que asesinar de tres en tres para ser noticia?

Ana Bernal Triviño

El hombre que asesinó a su exmujer en Barbastro (Huesca) ante sus tres hijos menores de edad, durante la primera sesión del juicio con jurado en la Audiencia oscense, en la que ha asegurado que cuando cogió el cuchillo con el que la víctima cortaba el pollo para los niños estaba loco, fuera de sí, y que no recuerda nada de lo que pasó después. EFE/Javier Blasco

Hablaré de una noticia de la semana pasada, pero podría ser de cualquier día, porque todos (absolutamente todos) hay agresiones machistas. A veces se nos olvidan las estadísticas: cada día se ponen unas 446 denuncias por violencia de género, es decir, 18 de denuncias por hora. Y cada cuatro horas se denuncia una violación. Esto, lo denunciado. Por debajo, queda toda la violencia sin denunciar diaria. 

Que estas cifras nos sirvan para poner dimensión a la realidad de la información que sale cada día. Cada semana, la compañera Macarena Baena, de EFE, hace un recopilatorio de la agencia con las noticias sobre violencias machistas de esos días. Hay que decir que no hay semana en la que Macarena no haga ese trabajo. Sería buena señal que no hubiesen noticias sobre ello. Pero todas, absolutamente todas las semanas, hay casos. Uno de los últimos que compartió fue un hombre de cuarenta años, en Valencia, que atacó con un hacha el coche en el que viajaban su exmujer y sus dos hijas, a pesar además de contar con una orden de alejamiento.

Quiero decir que esta noticia no es excepcional. Que como esta cada semana hay varias. Y no puedo dejar de impresionarme el por qué noticias como esta no tienen gran repercusión. Porque tenemos la costumbre de ver cómo nos ponen en los informativos y programas matinales las imágenes de persecuciones en Kentucky, atracos en Nueva York o cómo un oso anda por las casas de una urbanización en Canadá. Sabemos que si hoy un hombre de cuarenta años en Valencia saliera con un hacha a atacar el coche de cualquier persona con dos menores dentro sería noticia, y de las importantes. "Un hombre ataca con violencia en la calle a una persona con un un hacha",  abriría informativos y se le dedicaría amplio tiempo en las tertulias de sucesos. En cambio, cuando este tipo de noticias ocurren a las mujeres, como parejas, se pierden. Salen en un teletipo y poco más. 

Por otro lado, no sorprende porque las asesinadas por el machismo pasan de puntillas y ni siquiera son portada de periódicos. Esta semana justo, el lunes, se confirmó que una mujer fue asesinada en Alcoy por su expareja. Apenas se comentó y en redes pasó como nada. Solo hay una excepción y es cuando matan a más de una en el día, como hace unos meses. ¿Será que nos tienen que asesinar de tres en tres para que seamos noticia? O ¿ nos tienen que violar de la forma más salvaje para que se conozca el caso? Porque llegan violaciones como la de Igualada, pero es que cada cuatro horas hay una. ¿Por qué no se dice esto cada día y, en cambio, cada día hay una noticia de okupación que no tiene fundamento?

El no prestar atención a la noticia del hombre del hacha, como el hacer caso solo cuando nos matan a más de una por día, evidencia hasta qué punto la violencia hacia las mujeres se sigue entendiendo como algo normalizado, es lo cotidiano, porque pasa con la vecina, con la hermana, con la compañera de trabajo... pero se calla, se mira a otro lado, se deja que el tiempo pase, y se considera que es algo privado. Quizás es eso, que por mucho que se crea avanzada, una buena parte en su interior cree que esto sigue siendo cosa de dos y no un fracaso colectivo.

Pone el vello de punta pensar en cuánta indiferencia social, institucional y política tienen que afrontar las víctimas de violencia machista que cada día pisan un juzgado para denunciar, y las que están en casa con la angustia atada a la garganta sin saber qué hacer. Y quizás no dan el paso justo por eso, porque si no hay información sobre ello, si no hay interés, si se normaliza y se trata como un asunto menor... ellas ya tienen la respuesta. Es espeluznante que una sociedad se acomode a diario a esas cifras de denuncia, a tener estos titulares delante y haga como si nada ocurriese. Nos define muchísimo, de nuestras miserias y nuestros intereses.