Opinion · Punto y seguido

Matando al fantasma

Sin cuerpo no hay asesinato» suele decir los policía, mientras Bin Laden vuelve a morir después de que desde Binzair Bhutto hasta el propio EEUU anunciaran su muerte otras veces. Éste será el fin oficial de un individuo que supuestamente fue el “cerebro” de poner el mundo patas arriba. ¿Por qué entonces el comando pakistaní-estadounidense tenía orden de matarlo y no detenerlo? ¿Por qué tirar su cadáver al mar? Y otras muchas preguntas.

Es lamentable que el Presidente Obama esté eufórico por entrar en la historia contando el cuento de hazañas baratas a un electorado traicionado. Ha perdido la batalla en la política domestica, y este nuevo y espectacular intento de convertirse en el héroe del imperio (tras el bombardeo de Libia) en la política exterior, al tener un efecto efímero sobre los ciudadanos a muchos meses de las elecciones, puede haber sido …precipitado.

¿Sus consecuencias? El convertir en mártir a un fantasma significará mantener en paño la gallina del huevo de oro de la lucha contra el terrorismo, la militarización de la vida civil, más beneficios para la industria bélica, devolver al integrismo islámico a la escena política en África y Oriente Medio y desviar la atención de la ilegalidad de la agresión contra Libia.

Esta operación que puede empujar a Pakistán hacia una guerra civil, debilitará su gobierno central, imprescindible para que la OTAN controle Afganistán-en el marco del Gran Juego para dominar Asia Central-, neutralizando a China, Rusia e Irán.

No es por casualidad que se relacione, por primera vez, a un iraní con Al Qaeda, durante la redada antiterrorista en Alemania, la semana pasada. Por otro lado, Arabia saudí acusa a Teherán de provocar los disturbios de Bahréin y de Yemen, países donde ha intervenido militarmente para aplastar las protestas populares. ¿Puede que la Casa saudí, aval de Al Qaeda, haya regalado a Washington este asalto a cambio de que empiece a aplastar la “cabeza de la serpiente” iraní?

El acercamiento entre el Cairo y Teherán, asusta a ambos, además de a Israel, y las “no revueltas” en Irán, junto con las dudas de Obama para declarar la guerra a los ayatolás, han llevado a Riad a tomar la iniciativa para reconvertir la balanza en su favor en la zona, y amenazar directamente al régimen iraní, al que la crisis de Siria y la paz entre Hamas y Al Fatah (ambos dispuestos a reconocer al Estado Israelí), le ha dejado en una posición muy vulnerable.

El resultado del “juego”, empate a cero sobre un campo de cadáveres de cientos de miles de civiles, muchos militares y algunos terroristas.

El juego continuará. Ya hay sustituto para Bin Laden.